Investigación espacial en nuestra vida diaria
Cada vez que se hacen públicas las millonarias inversiones en nuestra aventura espacial surgen voces críticas, nacidas de la demagogia o del desconocimiento, que alzan la voz contra un gasto que piensan exagerado e inútil. Para muchos es tirar el dinero. En nuestro día a día no somos conscientes de que vivimos rodeados de productos nacidos para el espacio.
Podemos empezar el análisis con la rentabilidad económica. Diversos estudios apuntan que por cada dólar invertido por EEUU en la carrera espacial, han obtenido tres gracias a los productos patentados en su investigación. Aun hay muchos que no quieren enterarse de las bondades de la inversión (no gasto) en I+D. Son inversiones a largo plazo, y pocos miran más allá de unos pocos meses.
El segundo punto, impagable para los amantes de la ciencia, del saber, del avance tecnológico, de la innata curiosidad humana, es el conocimiento de nuestro entorno, del inmenso escenario en el que vivimos. Supongo que pocos, fuera del mundo académico y teórico, saben qué es un pulsar o dónde está la nube de Oort. Los agujeros negros, exoplanetas o estrellas de neutrones les parecen temas de ciencia ficción. Es difícil hacer ver que ese universo es en el que estamos inmersos todos, en el que transcurre toda nuestra vida a merced de sus leyes, que tan real es un agujero negro o un asteroide como el monitor que estás mirando ahora mismo.
Por último, los beneficios que disfrutamos en nuestra vida diaria gracias a la investigación espacial son realmente sorprendentes. Algunos tan sencillos como el film transparente para congelar o el papel de aluminio. Gracias al espacio tenemos pañales de usar y tirar, y podemos comunicarnos mediante móviles. En el campo de la medicina los avances han salvado millones de vidas gracias a productos originados en la investigación espacial, como el marcapasos, la cirugía láser, la
s ecografías. También se han salvado vidas gracias a los detectores de humo. Usamos diariamente los códigos de barras, sin los cuales hacer la compra sería algo muchísimo más lento, además de los beneficios en el manejo de stock para cualquier empresa. Todos los días usamos pasta de dientes o gafas de sol, o productos con velcro o recubiertos por teflón, o herramientas inalámbricas, o el microondas, o los discos compactos y DVDs, también todos ellos productos derivados de la investigación espacial. Eso por no hablar de la navegación GPS o de la televisión vía satélite, de la información meteorológica obtenida por satélites geoestacionarios, o de la información obtenida por toda la enorme flota de satélites de diverso tipo que vuela silenciosa sobre nuestras cabezas: deforestación, riadas, terremotos, niveles de ozono, glaciales, incendios forestales, cosechas, bancos pesqueros, poblaciones marinas a proteger, etc, etc, etc. Sin la investigación espacial no tendríamos un google earth para planificar nuestros viajes y sería imposible mantener en el aire una flota de aviones tan grande como la que hay en cada momento volando, por lo que viajar por el mundo sería algo muchísimo más caro.
Audífonos digitales, bombas cardiacas en miniatura, telas resistentes al fuego, detectores de minas, sistemas de reciclado y purificación de agua. La inmediatez de las noticias se la debemos a la red de satélites de telecomunicaciones, que han convertido el mundo en una aldea global.
La vida moderna sería muy diferente sin los productos que nos están cayendo desde el espacio día a día. Si no continuamos con esta investigación nos estaríamos privando de infinidad de productos que mejorarán nuestra calidad de vida, salvarán infinidad de vidas (quizá la nuestra) y, lo que es peor, quedaremos ciegos a la verdad que se esconde en las estrellas.
Lo primero, por supuesto, agradecer a 







