"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

martes, 29 de julio de 2008

Más rápido que la luz

¿Puede algo viajar a una velocidad mayor que la de la luz? No, como todos sabemos por la Teoría de la Relatividad de Einstein. Pero, ¿hay realmente algo que viaje a una velocidad mayor que la de la luz? Sí, conocemos por lo menos dos fenómenos que superan este límite. En uno están implicadas pequeñas moléculas ionizadas y en el segundo galaxias enteras. Entonces, ¿la teoría de la relatividad es errónea? No, todo tiene su explicación. Empecemos por el principio.

Nuestra historia comienza el 4 de Julio de 1961 en un submarino nuclear soviético, el tristemente célebre K-19. Ese día, los sensores detectaron que la presión en las tuberías de refrigeración del núcleo era cero. Una rotura en esas tuberías había dejado el núcleo sin refrigeración, lo que provocaría una reacción en cadena en pocas horas. Teniendo en cuenta que el submarino portaba tres misiles con cabeza nuclear, la situación era realmente dramática. Efectivamente, el reactor nuclear que alimentaba al submarino comenzó a calentarse peligrosamente, al tiempo que los niveles de radiación aumentaban. Pronto fue evidente que no quedaba más remedio que entrar en el reactor y sustituir la tubería rota por una nueva. Finalmente ocho marinos se presentaron voluntarios para dicho trabajo suicida y penetraron en el reactor. El ambiente en su interior era surrealista. Una temperatura elevadísima, inmersos en una atmósfera verde limón y en una estancia encharcada por un agua que emitía un fantasmagórico resplandor azul. Los voluntarios realizaron su trabajo y fallecieron a las pocas horas por efecto de la enorme radiación. Gracias a ellos el submarino sobrevivió lo suficiente como para llegar a dique seco y ser reparado, aunque la mayoría de la tripulación moriría en los meses y años siguientes de enfermedades relacionadas directamente con la radiación recibida.

Y os preguntaréis, ¿qué tiene esto que ver con la velocidad de la luz? Pues ese “fantasmagórico resplandor azul” del agua derramada del reactor. El llamado “Efecto Cherenkov”. Por efecto de la radiación las partículas ionizadas del agua aumentan su velocidad. Al sobrepasar la velocidad de la luz en el medio acuoso, se produce una onda de choque similar a la que se produce cuando un caza sobrepasa la velocidad del sonido. En un caso es un estallido sonoro y en otro un estallido lumínico, dependiendo del tipo de onda de la que se trate. La clave está en el medio en el que sucede este fenómeno. La teoría de la relatividad nos dice que la máxima velocidad a la que puede desplazarse un cuerpo en nuestro universo es la velocidad de la luz EN EL VACÍO. Pero la velocidad de la luz en el agua es menor que en el vacío, por lo que puede ser superada por determinadas partículas, produciendo ese sorprendente efecto Cherenkov, esa luz azulada.

El segundo caso es más complejo, pues no afecta a una simple molécula, si no a galaxias completas. Midiendo la velocidad de las galaxias mediante el efecto doppler se ha comprobado que hay galaxias enteras que se están alejando de nosotros a una velocidad mayor de la de la luz. ¿Cómo es esto posible? Sabemos, gracias al gran astrónomo Edwin Hubble, que el universo está en expansión. Miremos hacia donde miremos, el universo se expande. No quiere esto decir que se expanda en sus fronteras, que se esté creando nuevo espacio en los límites del universo, sino que el espacio está creciendo en todas partes, como la superficie de un globo que se hincha. El espacio que hay entre tú y yo se expande, el espacio que hay entre Cádiz y Pontevedra se expande, el espacio que hay entre la Tierra y Júpiter se expande. Así, esas galaxias se desplazan a una determinada velocidad, inferior a la de la luz. Pero el gigantesco, descomunal espacio que nos separa de ellas está expandiéndose, está creciendo. El resultado es que la galaxia se aleja de nosotros a una velocidad superior a la de la luz. Pero no porque se desplace más de 300.000 kilómetros por segundo, si no porque el espacio entre ella y nosotros crece en más de 300.000 kilómetros cada segundo. Recomiendo la lectura de este magnífico artículo para comprender mejor el Big Bang y la expansión del universo, pues es una historia realmente fascinante.

Como dice ese mismo artículo, “la expansión del universo puede ser el hecho más importante que el Hombre haya descubierto jamás acerca de nuestros orígenes. Usted no estaría leyendo este Zapping si el universo no se expandiera. Los seres humanos jamás habríamos existido. Objetos pequeños y fríos como las formas orgánicas y los planetas de tipo terrestre no habrían cobrado existencia si el universo, formado en una gran y caliente explosión, no se hubiese expandido y enfriado. La formación de todas las estructuras del universo, desde las galaxias y estrellas hasta los planetas y los artículos de divulgación han dependido de la expansión para llegar a ser”.

jueves, 24 de julio de 2008

Aunque vivamos mil años

La tarde empezaba a caer. Decidió que no debería demorarse más y reemprendió el regreso. Echó un último vistazo al corte del tobillo. Tenía un aspecto realmente desagradable, y cualquier roce le producía un dolor frío. Ignoraba completamente que la ribera del pequeño arroyuelo estaba repleta de la solución para su dolencia, la sabia de un arbusto debidamente mezclada con el agua fresca del pequeño río. Si hubiera conocido esa sencilla cura, posiblemente habría vivido varios años más.

Inició el regreso a la cueva en la que había pasado casi toda su vida, y donde esperaban todos los suyos. El camino de regreso era sencillo, no demasiado escarpado y con una senda ya abierta por los pasos de decenas de generaciones que realizaron antes el mismo camino una y otra vez, aunque rara vez en solitario. En el pequeño claro cercano a las grandes rocas de pedernal florecían ya esas peculiares flores blancas. Sabía que eran comestibles, que daban un matiz exquisito a la carne hervida. Pero no tenía la más remota idea de que en sus raíces escondía la curación de esa maldita dolencia que estaba diezmando a su clan, y que ya se había llevado a su padre y dos hermanos.

A los pocos minutos llegó a la playa. Ya le quedaba poco trayecto, y el sol aun estaba unos dedos por encima del horizonte. Se detuvo a descansar el tobillo, que le palpitaba dolorosamente. Se tumbó en la arena. Era agradable la sensación que esa cama aportaba a esa hora, con el cielo tiñéndose ligeramente de rojo y la brisa refrescando el calor primaveral. Cogió un pequeño puñado y observó como se le escapaba entre los dedos. No podía imaginar que esa arena contenía todo el silicio que sus descendientes necesitarían para fabricar ordenadores y demás equipos electrónicos. Ni que gracias a ellos la vida se alargaría hasta hacer coincidir a cuatro o cinco generaciones bajo el mismo techo. O que el mundo sería tan pequeño como para rodearlo en unas horas.

Tampoco sabía que a pocos metros bajo su cabeza se escondía una roca que se derretía con el fuego, con la que podría fabricar mejores herramientas para la caza, para el trabajo. Metales que harían volar a sus descendientes. Ni que en esa frondosa vegetación se escondía el secreto de la cultura escrita, el papel, mediante un simple tratamiento de uno de los materiales que componen los troncos de los árboles.

Después del pequeño descanso se encaminó hacia el asentamiento. Rezó a los dioses para que en estos cuatro días no hubieran sufrido el ataque de ningún depredador, ni hubiera enfermado nadie más. A cientos de metros bajo sus pies descansaba, tras millones de años de lenta formación, una inmensa balsa de material orgánico, hidrocarburos. Pero él lo ignoraba, como ignoraba que con esa negra sustancia aceitosa, junto con la arena de la playa y algunos materiales más que podía encontrar en el bosque, sus descendientes fabricarían teléfonos para comunicarse. No le quedaba más remedio que rezar mientras se acercaba a su grupo, que ya salía a darle la bienvenida.

Esa noche durmió a gusto, tranquilo, en un mundo virgen, bajo un cielo limpio, envuelto en el ruido de la naturaleza, cerca del crepitar del fuego. No le quedaban muchas noches antes de volver a la tierra, no en vano había vivido ya más que la mayoría, y el sol y las noches a la intemperie habían curtido un cuerpo muy castigado ya tras casi 25 inviernos. En sus sueños no hay edificios, no hay asfalto ni coches. No hay aviones, ni ordenadores ni móviles. No hay televisiones, ni políticos, ni deportistas. Solo hay verdor, un inmenso mar, vegetación espesa y la fría y dura roca sobre la que descansa. Hay animales y frutos para su sustento, y la promesa del agua por llegar en las nubes que comienzan a arañar ese intenso azul. Le atemoriza el hambre, la sed, la terrible enfermedad que les golpea una y otra vez. Le atemorizan esos enormes felinos anaranjados, y los gigantescos osos. Le da terror pensar en el futuro parto de su mujer, pues había visto morir a varias en tan dificultoso trance. Ignora que a su alrededor tiene toda la materia prima para una vida mucho más cómoda, para una vida mucho más larga, una vida de menos sufrimiento. Pero la vida es ese misterio que está viviendo, esa experiencia única en tu entorno. Ni más ni menos vida.

Nosotros hemos cambiado esa naturaleza que supone nuestro entorno, nuestro nicho ecológico, por una vida en una sociedad que jamás duerme, rodeados de ruido, de tensiones, de competitividad. Vivimos más que ellos, tenemos más comodidades que ellos, sufrimos menos que ellos, y la felicidad y la paz individual siguen igual de lejos que entonces. A nuestro alrededor, bajo nuestros pies, en nuestros parques, en las orillas de los mares, se encuentra la materia prima de todos los descubrimientos por llegar, de todos los avances que conquistará este pequeño primate. Quizá la cura del cáncer estuviera en ese pequeño reptil al borde de la extinción. Quizá la fuente de energía del futuro esté en ese inmenso mar y aun lo ignoremos. Y, consigamos lo que consigamos, seguiremos paseándonos por este ratillo con el desconcierto y la desazón de no saber qué hacemos aquí y qué sentido tiene todo este absurdo y desproporcionado escenario en el que nos encontramos. Aunque vivamos mil años.

miércoles, 16 de julio de 2008

Grandes líneas

Durante gran parte de los siglos XIX y XX el ferrocarril fue el principal elemento vertebrador de numerosos estados. Las líneas férreas eran las grandes infraestructuras de la época, llegaban a casi cada rincón del mundo y mejoraron enormemente la comunicación entre las grandes ciudades y, sobre todo, entre el mundo rural y el urbano. Hoy en día esa red ha desaparecido y únicamente se mantienen las vías que comunican los grandes núcleos poblacionales y las medias-largas distancias. El tren ha dejado de ser ese elemento globalizador de la época industrial.

Pero nos ha dejado un legado digno de admiración. Las soluciones de ingeniería que se dieron entonces a la orografía estaba limitada por los materiales de los que se disponía. No podían construir los enormes viaductos de hormigón y acero a los que estamos ahora habituados, ni disponían de tuneladoras para horadar una montaña. En su lugar debían sortear las dificultades con túneles excavados a “pico y pala” y con puentes de piedra con majestuosos arcos. Métodos empleados desde hacía dos mil años mejorados con las técnicas de finales del siglo XIX o principios del XX.

El resultado eran líneas férreas sinuosas, lentas, que ascendían cordilleras aprovechando las laderas y pasos naturales con alguna maravillosa obra de ingeniería aquí y allá, integradas de modo admirable en el paisaje, escondidas a los ojos de la mayoría. Como una vieja carretera de montaña, incómoda, peligrosa, pero de una belleza de la que carecen las autopistas. Hoy en día muchas de esas líneas se han reconvertido en viajes turísticos, en trenes “con encanto” que recorren parajes naturales espectaculares en lentos viajes para disfrutar de la naturaleza. A otras se les han quitado los carriles, el balasto, y se ha dejado la plataforma para convertirlas en caminos de senderismo. El resultado lo podemos ver en imágenes tan espectaculares como las que os muestro a continuación.

Estas primeras corresponden a la línea Shimla-Kalka, en la India, en las estribaciones del Himalaya. Se trata de un trazado abrupto y sinuoso, con escarpadas laderas, construido a principios del siglo XX. Esta línea acaba de ser declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, en la categoría de Sitio Cultural.




Las siguientes son de la línea de Semmering, en Austria. Se trata de un ferrocarril de montaña con un espectacular trazado jalonado de impresionantes viaductos. También ha sido declarado patrimonio de la humanidad.



A continuación, unas fotos de las líneas de ferrocarril de Albula y Bernina, en el cantón suizo de Los Grisones. Estas líneas han sido incluidas como patrimonio de la humanidad, en este caso dentro de la categoría de Paisajes Naturales. Entre ambas suman 128 kilómetros con más de 200 puentes y decenas de túneles a través de unos parajes montañosos de gran belleza.






Por último, dejo alguna foto más de otras líneas férreas interesantes, situadas unas en Estados Unidos y otras en los Andes.




Esta última foto es de cosecha propia. La saqué en el pueblo de Nueva, cerca de Llanes, Asturias, durante unas pruebas de equipos de protección de tren que realizamos hace unos meses. Se trata de una vía de FEVE, vía estrecha, por la que pasa el tren transcantábrico, una joya turística de nuestra industria ferroviaria.

martes, 8 de julio de 2008

Bodies, The Exhibition

Este fin de semana he podido ir, ¡por fin!, a la exposición “Bodies, The Exhibition”, en Madrid. Se trata de una exposición de anatomía humana realizada con cuerpos reales. No es aconsejable para gente especialmente impresionable, pero hay que decir que tiene una función didáctica realmente enorme.

En la exposición se realizada un recorrido por todos los órganos y sistemas del cuerpo humano, comenzando por el sistema musculoesquelético, el sistema nervioso y el circulatorio, pasando por el digestivo, el respiratorio, por todos los órganos internos y terminando con una exposición de fetos y embriones de distintas semanas de gestación, con los que podemos comprobar con facilidad el desarrollo y, sobre todo, la indudable humanidad de un feto de pocas semanas de gestación. Podemos verlo con nuestros propios ojos.

Todas las partes del cuerpo humano pueden ser contempladas, a la vez que nos explican la interacción de ese órgano en particular con el resto del cuerpo. La exposición cuenta también con varios cuerpos completos en diferentes posiciones, con los que podemos observar la complejidad de la musculatura o la kilométrica y densa red nerviosa que nos recorre. En resumen, contemplar y comprender mejor las sorprendentes soluciones con las que la naturaleza ha resuelto toda la problemática logística para mantener un conjunto de miles de millones de seres vivos independientes como un único espécimen humano. Una complejidad asombrosa y realmente increíble.

Especialmente interesante me pareció la sala dedicada al cerebro y el sistema nervioso, donde, en definitiva, reside nuestra conciencia. Toda la exposición está además muy bien explicada, cada vitrina, cada órgano, cada sistema. Explica su funcionamiento y da datos y curiosidades que hacen la visita amena y enormemente didáctica. Una exposición muy aconsejable para aprender un poco mejor esa maravillosa máquina biológica que es un ser humano. En la propia página de la exposición se explica el proceso seguido para la obtención y la conservación de los cuerpos, así como el respeto con el que se han tratado todos ellos. Esta exposición puede visitarse únicamente en Madrid y Barcelona, y finaliza este próximo fin de semana, el 13 de Julio.

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