"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

jueves, 31 de enero de 2008

El gato de Schrödinger

Posiblemente este sea el tema más complicado de explicar desde que abrí el blog. Se han realizado miles de intentos de hacer entendible esta paradoja de la física cuántica, con mayor o menor acierto. Hoy intentaré poner yo mi granito de arena. No voy a explicar nada nuevo, simplemente voy a emplear los argumentos que más claros me parecen de todos los que alguna vez he leído sobre el tema.

La paradoja de Schrödinger es un experimento imaginario, diseñado por Erwin Schrödinger para exponer uno de los aspectos más extraños, a priori, de la mecánica cuántica. Imaginemos que tenemos un gato metido dentro de una caja cerrada y opaca. Nada exterior interfiere en el interior de la caja. Dentro colocamos un frasquito con un potente veneno conectado a un mecanismo. Este mecanismo rompería el frasco, matando inmediatamente al gato, dependiendo de si un determinado átomo emite o no una partícula alfa en el plazo de una hora (este hecho tiene una probabilidad del 50%). Si no emite la partícula, el frasco no se rompe y el gato sobrevive. Si emite la partícula, el frasco se rompe y el gato muere. El átomo se comportará según las normas de la física cuántica, por lo que la probabilidad de cada estado es exactamente de un 50%. Ya tenemos nuestra ruleta rusa.

Ahora solo nos queda esperar una hora y ver cómo está el gato. El sentido común nos dice que el gato debe estar o vivo o muerto. Pero la mecánica cuántica poco entiende del sentido común. Nosotros, mientras no abramos la caja, desconocemos el estado del gato, pero su suerte ya está echada, estará vivo o muerto. Según la mecánica cuántica, mientras no abramos la caja, el gato se encontrará en un estado vivo y muerto superpuesto, vivo y muerto a la vez, con una amplitud de ½ para cada estado. No es que tenga una probabilidad del 50% de sobrevivir, es que está a la vez en ambos estados. Esto es algo muy raro. Pero todo se acaba cuando abrimos la caja. No nos encontraremos a un gato medio vivo medio muerto. Al observar el sistema interferimos en él, provocando que el sistema colapse hacia uno de los dos estados. Abrimos la caja y el átomo “decide” si en la última hora ha emitido o no esa partícula alfa. Esto es todavía más raro.

Para entender mejor el concepto, vamos a llevar el experimento un poquito más allá. Imaginemos ahora que hacemos dos agujeritos en la caja antes de abrirla. Por uno vamos introduciendo ratones y por el otro salen los ratones. Imaginemos también que nuestro gato es el mejor depredador que ha pisado la tierra y que absolutamente todos los ratones que entran en la caja son matados por éste. Si el gato está vivo, claro. Antes de abrir la caja vamos introduciendo uno a uno 100 ratones por el primer agujerito. Y contamos los que salen. En principio, si el gato está vivo no saldrá ningún ratón (recordemos que nuestro gato es el terminator de los gatos, no deja ratón con cabeza), y si el gato está muerto, saldrán todos los ratones. Es decir, saldrían o todos o ninguno. La mecánica cuántica nos dice que no. El gato no está vivo o muerto. El gato está vivo y muerto con una amplitud de ½ para cada estado, por lo que saldrán de la caja exactamente 50 ratones. Ni 49 ni 51, exactamente 50, sin desviación típica. El ½ gato vivo matará 50 ratones y el ½ gato muerto los dejará escapar. Definitivamente esto es rarísimo. Pero así es la mecánica cuántica, el fin del determinismo científico. Esto parecerá una estupidez, pero las cosas en cuántica funcionan así, y de hecho algo tan importante como la estabilidad de las moléculas de las que estamos formados, o la de los mismos átomos, se basa en estas propiedades cuánticas

El sistema no colapsa hacia un estado hasta que no es observado. Pero en esta paradoja hay un error. Los sistemas no están formados por un único átomo, sino por miles de millones, cuyas probabilidades combinadas hacen que el sistema colapse hacia un estado determinado. Estas características del mundo subatómico han motivado interesantísimos debates científico-filosóficos sobre el determinismo, sobre el libre albedrío, sobre la mano de Dios y sus dados. Sin la participación de la probabilidad la física es absolutamente determinista. Es decir, conociendo los parámetros actuales de un sistema, podremos deducir su estado en cualquier momento, pasado o futuro. Si ese sistema es el universo, conociendo el presente podríamos deducir toda la historia pasada y futura de cada partícula del universo. La física no dejaba hueco para el libre albedrío, con lo que no seríamos más que espectadores de la vida, sin control ninguno sobre nuestros actos. Cualquier acción, consciente o no, no sería más que el resultado de la combinación del estado actual de todos y cada uno de mis átomos.

La física cuántica termina con ese determinismo. Pero nos introduce en un universo puramente probabilístico en el que esas acciones están determinadas por probabilidades, lo cual tampoco deja mucho espacio al libre albedrío. ¿Somos nosotros los que hacemos colapsar un sistema hacia el estado que decidimos? No creo que tengamos ese poder sobre las partículas subatómicas. Pero entonces nuestra conciencia queda reducida a una mera interacción de partículas regidas por unas leyes inamovibles. Algo falla en todas estas teorías, algo falla cuando las aplicamos a la conciencia. Falla algo en la base, en los cimientos de nuestras teorías, o en la aplicación de éstas a la existencia. Quizá haya algo más allá de las teorías físicas que se nos escapa.

martes, 29 de enero de 2008

Carnaval 2008. Preliminares 2

Aunque con retraso, pero aquí está la segunda entrega de las actuaciones de preliminares del concurso de agrupaciones del carnaval de Cádiz 2.008. Ayer terminaron los cuartos, y hoy empiezan las semifinales, así que se me acumulan los videos.

En primer lugar, la actuación completa de las “pito-risas”, el año pasado “los hombres de goma”, y que este año están entre las grandes favoritas para llegar a la finalísima.



La chirigota del Yuyu vuelve a ser de las punteras un año más. Este año son “los monstruos de pueblo”. Sin duda han reservado lo mejor de su repertorio para más adelante, aunque aun así tienen puntos muy buenos.



Aquí va el coro “La orquesta Cádiz”. Como siempre en el coro de Rafael Pastrana y Quico Zamora, grandes voces. Uno de los favoritos para el primer premio en su categoría y con puesto casi asegurado para la gran final de este viernes.



Por último os dejo la actuación de la comparsa “los héroes del 3x4”. Antonino Martín, un clásico de nuestro carnaval.

jueves, 24 de enero de 2008

Citas. Políticos

A medida que se acercan las elecciones, se me vienen más y más frases célebres a la cabeza. Basta abrir un periódico cualquier día para en contrarse cosas como estas.

"El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué no ocurrió lo que predijo." Winston Churchill

"Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río." Nikita Jruschov

"Cuando un político muere, mucha gente acude a su entierro. Pero lo hacen para estar completamente seguros de que se encuentra de verdad bajo tierra." Georges Benjamin Clemenceau

miércoles, 23 de enero de 2008

¿A qué temperatura hierve el agua?

La pregunta es sencilla y todos creemos saberla: el agua hierve a 100ºC, ¿no? Pues esta respuesta es incorrecta, o hablando con más propiedad, es incompleta. La respuesta correcta sería que el agua sometida a una presión de una atmósfera hierve a una temperatura de 100ºC. Y la respuesta “más correcta” sería que cualquier líquido hierve a la temperatura en la que el vapor saturado de líquido está a la misma presión que la del entorno en el que está el líquido. Puede parecer, en principio, un poco galimatías, pero voy a intentar explicarlo. O por lo menos describir sus consecuencias.

A nivel del mar el agua hierve a 100ºC. Por definición de la escala de temperatura. A nivel del mar la presión es de una atmósfera (760mmHg), y a esta presión el agua hierve a esa temperatura. ¿Qué sucede si cogemos nuestro cazo, agua y fuego y empezamos a subir un monte? A medida que subimos vamos dejando debajo una parte de la atmósfera. Tenemos que soportar un peso menor sobre nuestras cabezas, pues la atmósfera, a 1.000 metros de altura, mide 1.000 metros menos... Menos peso encima, luego menor presión atmosférica. Luego la presión ya no es de una atmósfera. Resulta que el vapor de agua alcanza esa presión menor a una temperatura menor, por lo que el agua comienza a hervir a una temperatura inferior. De esta manera, a 7.000 metros de altura el agua no hierve a 100ºC, sino a unos sorprendentes 71ºC.

Pero no acaba aquí la cosa. También podemos preguntarnos qué ocurre en una olla a presión. ¿Porqué los alimentos se cocinan antes? Porque están a más presión, ¿no? Pues no, no es esta la causa última. Al estar el líquido en un recipiente a mayor presión que la atmosférica, el agua no alcanza el punto de ebullición a los 100ºC, sino a una temperatura mayor. Por tanto estamos cocinando los alimentos en un agua a una temperatura de 130, 140, 150ºC. Y esa temperatura es la que hace que los alimentos se cocinen antes. De hecho, el agua nunca llega a hervir dentro de una olla a presión. Si veis que borbotea agua entre las juntas de la olla, como seguro que a más de uno le ha sucedido, se debe a que la estanqueidad no se ha mantenido, la presión ha disminuido, y el agua, por tanto, ha hervido. Por este motivo no se debe abrir una olla a presión hasta un tiempo después de que haya dejado de emitir vapor por la válvula. Si abrimos la olla, baja la presión súbitamente, con lo que todo el agua de su interior hierve al instante, saltando con violencia hacia el exterior.



En esta gráfica se observa con claridad. En el eje vertical está la presión, en el horizontal la temperatura (en grados kelvin). Se distinguen tres zonas en la gráfica, la del agua en estado sólido, líquido y gaseoso. Si os vais a una presión de 1 atmósfera, veis que el cambio de estado sólido a líquido está en 0ºC y el cambio de estado líquido a gaseoso en 100ºC. Pero si ascendéis en la gráfica, aumentando la presión, el punto de ebullición se aleja hacia la derecha, aumentando la temperatura.

Por otro lado, gracias a las películas de ciencia ficción existe la creencia de que cuando un hombre queda expuesto al vacío (a una presión de cero atmósferas) su sangre comienza a hervir. Otro error. Tampoco explotan, aunque ese ya es tema de otra entrada. La sangre, de forma habitual, está a una presión, como todos sabéis, de entre 70 y 120 mmHg por encima de la atmosférica (que es de 760mmHg). Es decir, a una presión total de entre 830 y 880mmHg. Al quedar sometidos al vacío exterior, la sangre quedaría a una presión total únicamente de entre 70 y 120mmHg. A esa presión la sangre no hierve hasta los 47ºC, y si nuestro cuerpo alcanza esa temperatura lo cierto es que poco debería ya preocuparnos si nos hierve la sangre... Pero la saliva de la boca o las lágrimas de los ojos sí que quedan expuestas directamente al vacío, con lo que éstas sí que hervirían de forma espontánea. Pero no nos quemaría, pues hervirían a nuestros 36ºC. La ciencia no deja de depararnos sorprendentes curiosidades.

viernes, 18 de enero de 2008

El origen de la Luna, segunda parte

Hemos visto ya las primeras hipótesis que intentaron explicar la formación de la luna desde un punto de vista científico, la teoría de la acreción binaria y la teoría de la fisión. Ninguna de las dos parece acertada.

Una tercera hipótesis surgió entonces, la captura. La Luna se formó en un lugar diferente del espacio y fue capturada por la gravedad terrestre. Esta hipótesis no tiene buenos cimientos. Todo lo que conocemos de los distintos cuerpos rocosos del sistema solar nos muestra que la composición de cada planeta y satélite es diferente de todos los demás. El universo tiene una gama de piezas de construcción virtualmente infinito. Que se formen dos cuerpos en lugares diferentes, con la misma composición Luna-corteza terrestre, y que terminen juntos, es poco creíble. Que además ambos tengan la misma edad lo hace muy improbable. Se convierte así en una teoría víctima de la navaja de Occam. Y lo más importante, la masa de la Tierra es insuficiente para capturar un cuerpo del tamaño de la Luna.

Entonces, ¿cómo se formó nuestro satélite? El inicio de la respuesta lo podemos encontrar en unos espejos que los astronautas del programa Apolo instalaron en la Luna. Unos espejos en los que reflejar un haz láser lanzado desde un punto fijo de la Tierra, de forma que ese haz regrese al mismo punto instantes después. Medimos el tiempo que tarda la luz en regresar al punto de partida y conocemos así la distancia Tierra-Luna al milímetro. Y, año a año, observamos que la Luna se aleja. 38 milímetros por año, una cantidad nada despreciable. En el transcurso de una simple vida humana la Luna se habrá alejado tres metros de la Tierra. En nuestra corta historia como civilización se ha alejado unos 500 metros. Eso nos hace ver con claridad el pasado. La Luna cada vez más cerca de la Tierra, rotando a una velocidad cada vez mayor, hasta que llegamos al punto de unión, la creación de la Luna, la hipótesis del gran impacto.

Hace unos 4.500 millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte se cruzó en nuestro camino. El impacto, rasante, fue apocalíptico. La Tierra se cubrió de magma, y los restos del gigantesco impacto fueron lanzados al espacio. Una parte de ellos volvieron a precipitarse sobre la hirviente Tierra. Otra parte se perdería por siempre en el espacio. Y una buena cantidad de la materia del impacto quedaría en órbita terrestre, formando un anillo que con el paso de los años formaría la Luna. Ésta es la teoría más aceptada hoy en día, pero también cuenta con inconvenientes. Explica bien los movimientos actuales de la Luna y su huida de nosotros. Explica porqué la Luna tiene la misma composición que la superficie terrestre, pero tiene un lunar en la composición del protoplaneta que impactó con nosotros.

Muy recientemente ha surgido una quinta teoría sobre su formación, llamada hipótesis de precipitación, que sugiere que la Luna se formó a partir de partículas expulsadas de la densísima primitiva atmósfera terrestre por causa de la enorme temperatura de la Tierra durante su formación y su velocidad de rotación. Es una teoría aun poco desarrollada, aunque prometedora. Pero, hoy por hoy, se acepta la teoría del gran impacto como la más probable. Eso sí, nunca parece haber nada seguro en el universo.

jueves, 17 de enero de 2008

Carnaval 2008. Preliminares 1

¡Ya está aquí el carnaval! Nada mejor para olvidar determinados asuntos. Llevamos ya cuatro sesiones de preliminares del concurso de agrupaciones del carnaval de Cádiz 2008, y ya han actuado algunos de los grupos más esperados. Han pasado por las tablas del Gran Teatro Falla más de 40 agrupaciones.

El material que se encuentra en youtube aun es un poco escaso, y se limita solo a los cuplés, ni un tanguillo, ni popurrí, ni pasodobles ni presentaciones, pero bueno, aquí os dejo algún que otro video.

Dos cuplés de la chirigota “el código da viñi”, los que el año pasado fueron “los gladiadores de la caleta”. Alguno de ellos participó en la grandísima chirigota “las viudas” de 1994.



Dos cuplés de la chirigota del Selu, “to pa ella”, que van de recién divorciados, unos años después de la genial “lo que diga mi mujer”.



Dos cuplés del coro de Julio Pardo, “la catedral”, del que destacan una vez más sus magníficas voces.



Unos cuplesitos de la comparsa de Quiñones de este año, “el mercado de las maravillas”.



Ayer actuaron otras dos grandes agrupaciones, la chirigota del canijo, “Clínica dental Nuestra Señora de las Angustias de los Dolores de Boca” y el coro de Sevilla Pecci “la calle del arte”. Dos pelotazos de los que aun no he encontrado el video en youtube.

miércoles, 16 de enero de 2008

Ruido

¡Cuán gritan esos malditos!
¡Pero mal rayo me parta
si, en concluyendo la carta,
no pagan caro sus gritos!

El ruido es atronador. Descorazonador. Parece ser que a quien más alto grite más razón le asiste. O quizá sea una treta para que no se escuche la voz del enemigo. Y llevamos así ya tantos años... Es difícil huir, los truenos envuelven cada rincón del mundo y apenas dejan lugar tranquilo. Entre los gritos sentimos el crujir del resquebrajamiento, los gritos de los asesinados traicionados, los ruidos de las cunetas, las acusaciones de familias desestructuradas. Gritos en el constitucional, en el congreso, en el senado. También gritos inocentes de millones de hijos a los que el relativismo moral les negó la vida antes siquiera de que sus ojos vieran la luz y se maravillaran del mundo que se les regalaba. Pero para ellos el único ruido fue el de una trituradora. Muy ruidosa. Gritos en los periódicos, en las radios, en las televisiones, todos ellos moldeando la realidad a su antojo y conveniencia. Todos. Gritos de nuestros dirigentes, de nuestros representantes, de sus manipuladores, de los creadores de opinión. Ruido malhumorado en el trabajo, que el proyecto hay que acabarlo, amenazas con un futuro sin empleo. Chillidos en un deporte politizado, que no es ajeno a los manejes de los que más alto aúllan. O de los que aúllan en silencio, o debajo de la mesa. En la policía, en la justicia, gritos ejecutivos y legislativos. En la calle, en el metro, en los hospitales. Gritos públicos y privados.

Lástima que la voz de la conciencia no grite tan alto.

Se hace difícil encontrar un lugar sereno y tranquilo en el que escucharse a uno mismo, en el que abstraerse de este mundo de lobos que hemos creado. Un lugar en el que volver a ser humano, con toda la dimensión natural de lo humano. Un lugar plácido en el que escuchar el silencio, en el que mirar a las personas sin ver ese oscuro ruido. Un lugar sosegado en el que escuchar el relajante blanco del mar. En el que podamos admirar ese regalo que es la vida en lugar de envenenarlo con el ruido de mentiras e intereses. Qué difícil es evadirse de los gritos y escuchar las voces.

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

martes, 15 de enero de 2008

Mercurio, 33 años después

Es sin duda el más rápido, no en vano era el mensajero del mismísimo Júpiter, además de dios de los viajeros. Pero su fama le vino por ser el preferido de los comerciantes, a los que protegía en sus caminos por las, en ocasiones, peligrosas calzadas romanas. Siempre y cuando dicho comerciante portara en su carreta una pequeña reproducción de este dios, previo paso por la caja del templo, claro. Estos fueron motivos más que suficientes para que ese pequeño planeta, tan rápido, esquivo y cercano al sol, fuera bautizado por los astrónomos romanos como Mercurio. Efectivamente, es el más pequeño de los planetas terrestres (una vez expulsado Plutón de la familia), el más cercano al sol y el más rápido.

Es un planeta del que sabemos menos de lo que creemos. Entre 1.974 y 1.975 la sonda Mariner 10 lo visitó en tres fugaces sobrevuelos, el más cercano de ellos a 325 kilómetros de altura. Tomó un total de 10 fotografías del planeta. Y solo de una parte de un hemisferio del mismo. Pero esta escasez de imágenes de Mercurio acaba hoy. La sonda Messenger sobrevuela hoy Mercurio a muy poca distancia. Hoy mismo tendremos más datos e imágenes sobre el planeta de lo que hemos obtenido en toda la historia anterior de la exploración espacial.

Mercurio es un cuerpo en principio similar, visualmente, a nuestra luna. Carece prácticamente de atmósfera y es geológicamente inactivo, por lo que su superficie está cubierta de cuencas de impacto. Ha sido bombardeado durante millones de años por miles y miles de meteoritos, que le han dado forma. Hay una cuenca que mide casi una tercera parte del diámetro de Mercurio. El impacto fue tan energético que justo en las antípodas de esta cuenca se pueden observar unas cordilleras bautizadas como “Terreno Extraño”, causadas por las ondas generadas por el encontronazo planetario. Su cercanía al sol le está robando el día, tal y como le sucedió hace ya tiempo a nuestra luna. En la luna nunca se pone la Tierra, siempre permanece estática en el mismo punto del cielo selenita. Algo parecido le sucede a Mercurio con el sol. Las fuerzas de marea producidas por el sol le han ido robando energía del movimiento de rotación. En la actualidad, gracias a la enorme excentricidad de su órbita, tiene una resonancia 2:3, por lo que Mercurio da dos vueltas a sol por cada tres vueltas sobre si mismo.

Pero ahí se acaban las similitudes con nuestro satélite. Es un planeta denso, casi tanto como la Tierra, pesado, el más abundante en hierro. La temperatura en su superficie alcanza los 350ºC durante el día, bajando hasta los -170ºC por la noche. Este gran gradiente térmico provoca una ligera erosión que da a los cráteres de Mercurio un aspecto más viejo del real, algo que despistó a los científicos durante bastantes años.

Mercurio es difícil de observar para los astrónomos aficionados, debido a su gran cercanía al sol. Pero nos regala un par de entretenimiento que nunca están de más. En primer lugar, sus fases. Como la luna, Mercurio también lo podemos observar en fase nueva, creciente y menguante. Nunca lo veremos lleno, pues entonces está al otro lado del sol y éste nos ciega. El segundo entretenimiento es el tránsito de Mercurio. Esto es su paso justo por delante del sol, visto desde la Tierra. Cuando esto sucede, podemos ver (ayudados por el filtro solar correspondiente, claro), un puntito que va recorriendo poco a poco el disco solar durante unos minutos.

Hoy, más de treinta años después, volvemos a Mercurio. Es un vuelo rápido y rasante, parte de una maniobra de inserción orbital que no terminará hasta dentro de más de tres años. Pero hasta entonces, ya tendremos una gran cantidad de datos para analizar y deleitarnos con nuevos conocimiento. En 2.011 un mensajero humano llegará junto al heraldo de los dioses, esta vez para quedarse.

Última imagen antes del sobrevuelo de Mercurio

jueves, 10 de enero de 2008

El origen de la Luna, primera parte

La humanidad siempre se ha preguntado qué hace ahí arriba esa eterna compañera nuestra. A lo largo de los años le hemos dado diferentes explicaciones, casi siempre relacionadas con los dioses, como todo lo que cuelga de la bóveda celeste, todo lo celestial. Pero el origen de la Luna es algo más mundano y mucho más sorprendente. Veamos algunas de las teorías que ha barajado la ciencia.

Hace unos 5.000 millones de años, dentro de una nube de gas interestelar comenzaron a condensarse las pequeñas motas de polvo que la formaban, en un proceso llamado acreción, debido a algún tipo de perturbación, como la explosión cercana de una supernova o el choque con otra nube interestelar. Esos pequeños granos se fueron uniendo entre sí a lo largo de millones de años, hasta formar un cuerpo de un tamaño muy superior al de Júpiter. A su alrededor, un disco protoplanetario repleto de materia comenzó a girar en torno a la gran masa central. Llegó un momento en el que esa masa central era tan grande, que los átomos de Hidrógeno de su núcleo estaban tan cerca y se movían a tal velocidad que “chocaban” unos con otros, fusionándose entre sí y formando átomos de Helio. En ese proceso se liberaba mucha energía. El horno nuclear se había encendido, el sol había nacido.

En torno a esta nueva estrella, la materia también empezó a condensarse en pequeños puntos. En uno de ellos se produjo un segundo grumo de un tamaño comparable al principal. Poco a poco ambos fueron creciendo, fagocitando toda la materia que se cruzaba por su órbita, en una danza eterna uno en torno al otro. Habían nacido la Tierra y la Luna. Así lo cuenta la teoría de la acreción binaria.

Pero esta teoría tenía un problema. Si la Tierra y la Luna nacieron al mismo tiempo y en el mismo lugar, ¿por qué tienen una composición química diferente? ¿porqué la Luna es menos densa que la Tierra? Es más, la Luna parecía tener una composición química idéntica a la de la corteza terrestre, muy diferente de la del manto y el núcleo de la Tierra.

Para resolver estas dudas surgió una nueva teoría, la hipótesis de fisión. En los primeros tiempos de nuestro planeta, éste giraba a una velocidad mucho mayor. Sabemos que a medida que nos vamos atrás en el tiempo los días se vuelven más y más cortos. En un pasado remoto es posible que la Tierra girara a tal velocidad que una gran parte de la corteza terrestre se desprendiera de la Tierra debido a la fuerza centrífuga para quedar en órbita terrestre, alejándose eternamente de nosotros. Esta teoría, a primera vista, puede parecer fantasiosa y exagerada, pero lo cierto es que tiene un sustento matemático más fuerte de lo que parece. Explica porqué la Luna tiene la misma composición que la corteza terrestre y diferente del manto y núcleo. Pero finalmente las matemáticas parecen descartarla. Para que el desprendimiento se produjera la Tierra debía girar a tal velocidad que el día durara solo tres horas. Si hubiese alcanzado tal velocidad de rotación, no se habrían dado las condiciones necesarias para que se formara un planeta.

Entonces, ¿cómo nació la luna?

Actualización: continúa en "El origen de la Luna, segunda parte"

miércoles, 9 de enero de 2008

Preferiría no saberlo

Supongo que estaremos todos de acuerdo con que hay cosas que quizá sea mejor no saber. Conocimientos que no nos aportan nada y que en cambio nos desagradan. El mejor ejemplo de ello lo encontramos quizá en los programas del corazón. También están presentes en la política o en los programas deportivos, por supuesto. Y como no podía ser de otra manera, la ciencia tampoco se libra de ellos. Voy a poner algún ejemplo.

A todos nos encanta nuestra propia cama y nuestra propia almohada. A veces es incluso difícil conciliar el sueño en cama ajena. Sabemos también que nuestra piel se desescama con mucha rapidez, y que los ácaros proliferan muy bien entre las herramientas de Morfeo. Con el tiempo, nuestra querida almohada se va llenando de ácaros, pelos y células epiteliales muertas. Hasta el punto que según un estudio citado por Bill Bryson en su brillante “Una Breve Historia de Casi Todo”, en una almohada de cinco años el 10% de su peso lo componen estas desagradables sustancias. ¡el 10%! Este dato ya es desagradable de por sí, pero se hace más insoportable si pensamos en las almohadas de los hoteles. Dormimos sobre los restos epiteliales de cientos de personas... Pero no hay motivo por el que preocuparse. Lavando la ropa con agua fría (unos 50ºC), como hacen ya casi todos los hoteles, no conseguimos librarnos de los ácaros. Pero eso sí, tendremos ácaros más limpios.

El siguiente asunto que sería mejor no saber es algo más escatológico. Tiene que ver con el intercambio de átomos, con el intercambio de materia. Cada uno de nosotros está compuesto por una cantidad ingente de átomos, una cantidad realmente enorme. Y los renovamos continuamente. Cada segundo perdemos miles de millones de átomos y ganamos otros tantos nuevos. Cada uno de nosotros posee átomos, materia, que antes pertenecieron a nuestros hermanos, padres, amigos, compañeros, mascotas. Tomamos un café con unos amigos y millones de átomos que antes pertenecían a otras personas se distribuirán por nuestros pulmones, riñones, músculos. Después de una visita al zoo nos llevaremos en nuestros intestinos, en nuestra piel, en nuestros ojos, millones de átomos de rinocerontes, caimanes, chimpancés o tarántulas. Pero más incómodo es pensar que el olor desagradable de ciertas emanaciones gaseosas corporales las experimentamos cuando millones de átomos que antes estaban en el extremo intestinal final de alguien terminan alojados dentro de nuestra nariz, donde son detectados por determinadas terminaciones nerviosas que nos dicen “algo me huele mal”.

Y hay muchos más asuntos que sería mejor no conocer, como la media de cucarachas y ratas que hay en cada edificio de cada ciudad humana, o el número de arañas que cada persona se come sin saberlo a lo largo de su vida. Creerme, mejor no ver fotos de los pequeñísimos insectos y larvas en suspensión que habitan en el agua corriente de nuestros grifos o incluso en el agua mineral embotellada. También es mejor no conocer la cantidad de materia fecal y de orina que retorna inmaculada a nuestro aparato digestivo después de un asombroso periplo por desagües, alcantarillas y depuradoras. En fin, que en ocasiones es mucho mejor para nuestra salud mental vivir en una cierta ignorancia.

martes, 8 de enero de 2008

Te regalaré mil mundos

Viendo las características de los diferentes cuerpos que componen el sistema solar, enseguida llama la atención la enorme variedad de mundos que podemos encontrarnos. No hay dos iguales.

Si echamos un vistazo a los planetas rocosos, nos encontramos a un árido Mercurio, gris, con su superficie abarrotada de cráteres de impacto, con una temperatura que alcanza los +420ºC de día y baja hasta los -180ºC por la noche. El sol es 2,5 veces más grande que visto desde la Tierra, y aun así el cielo es eternamente negro, pues carece prácticamente de atmósfera. Tenemos también el sofocante Venus, con una densa y pesada atmósfera de ácido sulfúrico, un planeta abrasador con una capa de nubes que nos hace imposible ver su superficie, repleta de material volcánico. Un planeta con un día más largo que su propio año, y que tiene también la peculiaridad de un movimiento de rotación contrario al resto de planetas, por lo que el sol sale por el oeste y se pone por el este. Luego viene la templada Tierra, de la que todo creemos saberlo. Y por último, Marte, un planeta árido y frío como la antártica, completamente oxidado, con una atmósfera tenue y carente de oxígeno o vapor de agua, con costas y cauces de ríos desecados hace millones de años.

Nos alejamos un poco más y entramos en el mundo de los gigantes gaseosos. El enorme Júpiter, con más masa que el resto de planetas juntos, con su gran mancha roja, una tormenta más grande que la Tierra y que dura ya más de tres siglos. Saturno, el planeta de los anillos, visiblemente achatado y tan ligero que flotaría en el agua, si existiera un océano capaz de contenerlo. Urano, el planeta más sereno, con inmensas auroras y un ángulo de rotación tumbado sobre la eclíptica, por lo que posee un abrasador polo mientras el otro pasa décadas a oscuras. El lejanísimo Neptuno, donde el sol es apenas una estrella algo más luminosa que las demás, con una sorprendente meteorología y una gran mancha oscura menguante.

Y queda mucho más, mundos helados en el reino de Plutón, satélites de mil formas y colores, Europa, como una bola de billar congelada, que encierra un océano en su interior. Io, del color del Azufre, escupiendo fuego hacia Júpiter. Titán con sus mares de metano y su atmósfera de hidrocarburos, la gigantesca Ganímedes, más grande que Mercurio, Tritón, Nereida, Proteo, Calixto, Fobos, Metis, Amaltea, Tebe, Praxídice, Carmé, Temisto, Aedea, Cale, Autónoe, Caldona, Elara, Carpo, Euante, Tione, Euporia, Himalia, Eurídome, Harpálice, Telxínoe, Erínome, Hegemone, Hermipé, Ananké, Isonoe, Leda, Megaclite, Cilene, Mnemea, Ortosia, Pasífae, Pasítea, Sinope, Aitné, Sponde, Táigete, Heliké, Calírroe, Yocasta, Mimas, Arce, Lisitea, Encélado, Tetis, Cálice, Dione, Rea, Titán, Hiperión, Jápeto, Febe, Titania, Oberón, Adrastea, Umbriel, Ariel, Miranda...

Poco a poco intentaré ir describiendo las características más importantes de cada uno de ellos, porque hay datos realmente curiosos que, como siempre, superan nuestra imaginación. Mil mundos, todos diferentes, todos especiales, y apenas conocemos ligeramente unos pocos cuerpos. Y todo esto solo en nuestro sistema solar, una estrellas entre miles de millones. No podemos ni imaginar todos los regalos que se esconden ahí fuera.

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