"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

jueves, 29 de noviembre de 2007

Júpiter en Virgo, ginecólogo en Tauro

Siempre me ha parecido curioso como mucha gente niega la existencia de Dios y rellena ese hueco con creencias y supersticiones de lo más absurdas. La más extendida de ellas es la astrología. Parece ser que la posición de las estrellas y planetas en el momento de nuestro nacimiento marcará por siempre nuestra vida. Y más curioso me parece todavía que usen la propia ciencia para justificarse. Seguro que habéis escuchado muchas veces eso de “mira cómo afecta la gravedad de la Luna en la Tierra, ¡si hasta nacen más niños con luna llena! Pues imagina como nos afectan el resto de planetas, que son mucho más grandes. Si la Luna provoca las mareas, nos tiene que afectar también a nosotros, que somos casi todo agua.”

Pues vamos poco a poco. Efectivamente, la luna nos afecta. Pero siento desmentir mitos, no hay ninguna estadística que muestre que los días de luna llena nazcan más niños que el resto de días. Y llevamos ya muchos años y muchos millones de niños como muestra. Pero claro, siempre nos quedamos con eso de “pues Daniel se adelantó semana y media y coincidió con luna llena”, y nos olvidamos de que por ese hay otros treinta que no coinciden. Memoria selectiva. Además habrá que ver lo que consideran los padres como luna llena, posiblemente abarque medio mes. Pero es cierto, la luna tiene su efecto en la vida, y lo trataré en otra entrada. Como anticipo diré también que el ciclo menstrual femenino no tiene absolutamente nada que ver con la luna, más que una curiosa e inexacta casualidad. Siento decirlo, pero no es más que otro mito sin fundamento.

Pero volvamos al tema de la astrología. ¿Realmente nos afecta la gravedad de esos planetas? ¿Importa si Marte está en la constelación de acuario o entrando en la de cáncer? El primer dato para hacernos una idea de la fiabilidad de la astrología es que las constelaciones del zodiaco tienen más de dos milenios de antigüedad, y en ese tiempo la órbita terrestre y los movimientos de la Tierra no se han mantenido perfectamente estables. El resultado es que las fechas empleadas en la astrología no coinciden con las reales. Según la astrología, yo soy acuario. Pero resulta que el sol no estaba en acuario en el momento de mi nacimiento, sino en capricornio. Fijaros, a modo de otro ejemplo, en el día más largo del año. Ya no coincide con la noche de San Juan, sino tres días antes, el 21 de junio. Pero bueno, a la astrología poco le importa la veracidad.

Pero dejémonos de cháchara y vayamos a la ciencia. Es muy sencillo, no tenemos más que coger la fórmula de la gravitación universal y aplicarla a la Luna, Júpiter, Marte y todo cuerpo que queramos. Así podemos medir exactamente la atracción que cada cuerpo ejerce sobre nosotros. Empecemos con el planeta más cercano a nosotros, que no es otro que... la Tierra, claro. La Tierra tiene una masa de aproximadamente 5,97*10^24 kilogramos. Su centro de gravedad está a una distancia de 6.370.000 metros de nosotros. Aplicamos la fórmula que nos legó Newton: F = G * (m/r^2), donde “m” es la masa, “r” la distancia y G una constante universal, es decir, que es igual en cualquier lugar del universo y para cualquier cuerpo (G = 6.6739*10^-11). Cogemos una calculadora y obtenemos que la aceleración de la gravedad en la superficie de la Tierra es de 9,81 metros por segundo al cuadrado. Claro, esa es la gravedad en la Tierra, era de esperar que el resultado fuera ese. Hacemos lo mismo con el resto de planetas. Si queréis comprobar los cálculos, no tenéis más que ir a la wikipedia, buscar el planeta que queráis calcular, coger los dos datos, y aplicar la sencillita fórmula.

Los resultados son los siguientes (todos en m/(s^2)), ya ordenados de mayor a menor influencia gravitatoria:

Tierra = 9.81
Sol = 0.00593
Luna = 0.00003319
Júpiter = 0.000000321
Venus = 0.000000184
Saturno = 0.0000000232
Marte = 0.00000000704
Mercurio = 0.0000000026
Urano = 0.000000000783
Neptuno = 0.000000000361
Plutón = 0.0000000000000259

Lo primero que llama la atención es que el sol ejerce mucha más fuerza gravitatoria sobre nosotros que la Luna, pero en cambio Catalina provoca las mareas y Lorenzo no. La razón es que las mareas no están provocadas exactamente por la gravedad, sino por la diferencia de gravedad entre dos puntos. El sol está tan alejado de nosotros que ejerce la misma atracción sobre Madrid que sobre Tokio. En el caso de la Luna, al estar mucho más cerca, esa pequeña diferencia provoca el movimiento de marea. Pero esa es ya otra historia.

Vemos en la lista que la gravedad ejercida por Júpiter, Marte o Venus es menos de un 1% de la ejercida por la Luna, que ya es cientos de miles de veces menor que la ejercida por la Tierra. Es decir, completamente despreciable. Sobre todo si la comparamos con otros objetos presentes en el momento de nuestro nacimiento. Por ejemplo, digamos que el médico pesaba 80Kg. Y en el momento de mi nacimiento su centro de gravedad estaba a medio metro de mi madre. Aplicando la formulita, vemos que la fuerza de gravedad ejercida por el médico sobre mí era de 0.0000000213, es decir, mucho mayor que la de Marte. Y la camilla del parto seguro que pesaba más que el médico y estaba más cerca que él. El cinturón de la monitorización fetal, al estar tan cercano, ejerce un tirón gravitacional mayor que el de la Luna. Y el nervioso marido de al lado. Y el gotero de suero o el bisturí. Y el edificio del Hospital. Y toda una ciudad a nuestro alrededor.

Es decir, en función de la fuerza de gravitación que ejerce sobre nosotros, es más importante la marca del aparato de monitorización, el material de la camilla, o los problemas de obesidad del ginecólogo que la posición de lejanos planetas en función de cómo era el zodiaco hace 2.000 años.

lunes, 26 de noviembre de 2007

La extinción del ser humano

Tarde o temprano, llegará un día en el que el ser humano dejará de existir como especie. Llegará el instante en el que el último hombre cerrará por siempre los ojos, llevándose consigo toda la historia de la humanidad, toda nuestra conciencia, nuestras inquietudes, poniendo punto y final a una conmovedora historia de vida, sentimientos, pasiones, descubrimientos, guerras, imperios...

Pero, ¿cómo llegará ese final? Hay muchas opciones, muchos caminos que tiene la naturaleza para poner fin a una especie. Aquí dejo unas cuantas:

- Impacto meteorítico. La historia de la vida en la Tierra no es plácida. Periódicamente la tranquilidad de este planeta es alterada por el impacto de un gran meteorito. Y volverá a pasar. No es una hipótesis, es una certeza. Y, en contra de lo que nos venden algunas películas de Hollywood, estamos completamente indefensos ante esto. Toda nuestra tecnología sería incapaz de detener o desviar un asteroide del tamaño del que acabó con los dinosaurios, unos 20Km. Éste impacto provocaría extinciones masivas, regenerando la vida en la tierra y dando la oportunidad de reinar a alguna otra familia de seres vivos. Como sucedió hace 65.000.000 años, de donde los mamíferos salimos fortalecidos. Pero en esta ocasión no tendremos esa suerte. Entonces éramos del tamaño de un puño y vivíamos en profundas madrigueras para protegernos de nuestros depredadores. Ahora, ningún ser humano sobreviviría a un impacto de estas características.

- Virus. Para muchos es el futuro más probable para nuestra especie. La aparición de un virus o cualquier otro tipo de patógeno con la mortalidad del Ébola o de la peste y la facilidad de propagación del virus de la gripe. Pensar en las décadas de estudio sobre el SIDA o el cáncer con los miles de millones de euros invertidos por legiones de científicos, y aun nos es imposible curar la enfermedad. Infinidad de especies han caído por este motivo, y la movilidad geográfica de la nuestra nos pondría, en el caso de una pandemia, en una situación insostenible que podría acabar con la especie humana.

- Autodestrucción. Otro final probable, viendo los acontecimiento de las últimas décadas. Parece que tenemos un gran empeño en acabar con nosotros mismos, y sin duda estamos capacitados para ello. Una guerra termonuclear acabaría con un enorme porcentaje de humanidad en unos minutos. El resto caería víctima de las radiaciones. Los pocos y desafortunados supervivientes morirían de inanición durante el invierno nuclear, como gran cantidad de especies que nos llevaríamos con nosotros en nuestra locura.

- Supernova. Otro posible final sería la explosión en nuestra cercanía galáctica, unos 10.000 años luz, de una supernova. La radiación emitida por una supernova cercana acabaría con la mayor parte de la vida terrestre en apenas unos segundos. No obstante, con nuestros conocimientos astronómicos actuales podemos decir que en los próximos millones de años estaremos a salvo, pues no hay ninguna estrella cercana en ese ciclo de su vida. Pero llegará el día en el que la Tierra se vea sacudida por este desastre.

- Cambio climático. El clima en la Tierra es muy cambiante, y nos puede jugar malas pasadas. Una nueva era glacial diezmaría la humanidad, aunque difícilmente acabaría con nosotros con el desarrollo que hemos alcanzado. Quedarían pequeñas zonas en las que sobrevivirían los seres humanos que volverían a escribir una nueva historia. Pero el problema puede ser otro. Un recalentamiento del planeta, provocado por el hombre o por circunstancias astronómicas. Sin ir más lejos, dentro de solo 1.000 millones de años la temperatura media de la tierra será de 50ºC, debido al ciclo de la vida del sol. Es algo que no podemos evitar, que nunca podremos evitar, y nuestros descendientes serán sin duda incapaces de sobrevivir a esas temperaturas. No obstante, es una escala de tiempo que la humanidad jamás verá.

- Evolución. Este es el camino natural si no se produce ningún cataclismo. El ser humano, a lo largo de millones de años, seguirá evolucionando. Seguirán produciéndose mutaciones en nuestro código genético que adaptarán nuestra especie a las condiciones naturales reinantes en ese momento, mientras el antiguo ser humano se irá diluyendo poco a poco, hasta que llegue un punto en el que sería imposible el cruce entre un ser humano y la nueva especie producto de nuestra evolución. Entonces, si llegamos a esto, no habremos muerto, habremos evolucionado. Pero a esa nueva especie no le esperará un futuro mejor que a la nuestra. Llegará también el día en el que absolutamente todo el universo será incompatible con la vida. Un universo muerto e inerte con toda la eternidad por delante.

La única seguridad que tenemos es que llegará el día en el que muera el último ser humano, es una ley natural a la que no somos inmunes. Poco a poco, en futuras entradas, trataré más detenidamente cada uno de estos posibles finales.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Cien retazos

Esta que estoy escribiendo es mi entrada número cien. Me parece sorprendente, ya cien reflexiones y divagaciones dejadas aquí, abandonadas entre unos y ceros. Por tanto hoy toca un poco de retrospectiva, como hacen en las series de televisión cuando los guionistas no dan ya más de sí.

Inauguré este blog el 15 de junio con una entrada dedicada a mi tierra, Cádiz, una melancólica declaración de amor desde mi exilio madrileño. Desde entonces muchos son los temas sobre los que he divagado, dominado claramente por la ciencia y el humanismo científico. Me han comentado varias veces que algunas explicaciones sobre ciencia son muy poéticas, pero es la ciencia la que encierra esa poesía. Solo hay que aprender a leerla. Por los comentarios y los correos electrónicos, he visto que hay algunos temas que han gustado más, como “La familia humana”, "La probabilidad de vivir", la serie de “La fila familiar”, “La insoportable levedad de la materia”, o “Otra humanidad”. O entradas dedicadas a la belleza encerrada en las leyes cósmicas, como “1,61803398874989484820458...”.

También ha habido entradas polémicas, como “Españoles y creencias religiosas”, “El aborto”, “Dolor y vergüenza”, “El día de todos los españoles”, “Unos errores incómodos” o la más reciente “Chavez, ¿porqué no te callas?”. Curiosamente, una de las entrada más leída después de cinco meses en la blogosfera es la de “Mi operación de cirugía estética”, una entrada bastante simplona. La lista de las cinco entradas más leídas a día de hoy es:

1- Papá, ¿porqué el mar es salado?
2- Mi operación de cirugía estética
3- La explosión de Cádiz
4- Investigación espacial en nuestra vida diaria
5- Gades, Gadir, Cádiz, salada claridad

Poco tiene que ver con la lista de mis cinco entradas favoritas. Aunque realmente me ha sido complicado escoger, porque puedo decir que he disfrutado mucho escribiendo y documentándome sobre prácticamente todas las entradas que he publicado.

1- Gades, Gadir, Cádiz, salada claridad
2- La familia humana
3- Las grandes degradaciones
4- El Hotel de Hilbert
5- El lugar donde reside la mente

Pues nada más, espero llegar a otro número redondo y que siga habiendo gente en la blogosfera dispuesta a perder un ratito leyendo estas divagaciones. Y como homenaje a mi tierra, publicaré en breve una reposición de la entrada con la que empecé en la blogosfera.

martes, 13 de noviembre de 2007

Un paseo por el universo (parte 2 de 2)

Iniciamos hace unos días un apasionante viaje por el universo, a una escala tal que nuestro sistema solar cabe en un campo de fútbol. Pues bien, hoy seguiremos con nuestro paseo. Nos encontramos en el cinturón de asteroides, aproximadamente en el punto de penalti de nuestra portería. Unos cuantos pasos más y salimos por fin del área de penalti. A 17 metros de la línea de gol, la distancia de una falta peligrosa, está Júpiter, el gigante gaseoso. Éste ya es claramente visible por nosotros, del tamaño de una china pequeña o de un grano de pimienta, 3,2 milímetros de diámetro. Es el cuerpo más grande que encontraremos en todo el estadio, a excepción del sol, y tiene más masa que el resto de planetas juntos.

Para encontrar el siguiente cuerpo tenemos que andar prácticamente lo mismo que hemos andado hasta ahora. Saturno, el señor de los anillos, se encuentra ya a 32 metros de distancia y tiene un diámetro de 2,7 milímetros, algo menor que Júpiter. Otra pequeña piedrecita en el camino. Seguimos andando, atravesamos el centro del campo y una vez pasado el círculo central encontramos un nuevo planeta, Urano, de 1,2 milímetros de diámetro y situado a 63 metros del sol. Miramos para atrás, a esta distancia, e intentamos divisar la pequeña pelota de golf. Sería bastante difícil, de no ser porque esta pelota de golf brilla con mucha fuerza flotando en mitad de la vacua oscuridad del espacio.

Seguimos nuestro camino hasta llegar a la otra portería. Y bajo sus palos encontramos el último de los planetas, Neptuno, el cuarto gigante gaseoso. Mide 1,1 milímetros de diámetro, y le separa del sol todo un campo de fútbol, unos 105 metros. Un pequeño grano de arena separado más de cien metros de una pequeña pelota de golf y, en cambio, atado a ella por la débil pero tenaz fuerza de la gravedad. Y en medio de ellos, unos poquitos granos de arena, algunas bacterias, y el más absoluto de los vacíos. Ya fuera del estadio, y disperso por toda la ciudad, se encuentra el cinturón de Kuiper, millones de cuerpos tan pequeños como virus y separados metros y metros entre cada uno de ellos. Y rodeando toda la ciudad, abarcando incluso las provincias limítrofes, incluso media España, la nube de Oort, de la que poco sabemos. Al fin y al cabo estamos intentando mirar la provincia vecina desde un pequeño grano de arena situado a un par de metros de una portería, con unos telescopios que a esa escala serían del tamaño de un átomo, algo mayores que nosotros mismos.

Pero el viaje no termina aquí. Podemos seguir paseando hasta llegar a la siguiente pelota de golf, la estrella más cercana, Próxima de Centauri, parte del sistema estelar triple de Alfa Centauri. Y en este caso ya sería mejor coger el coche, pues se encuentra a más de 800 kilómetros de distancia. En medio, absolutamente nada. Esta es la estrella más cercana. Imaginar que desde nuestra pequeña mota intentamos descubrir otra pequeña mota oscura que se encuentra a 800 kilómetros de distancia y además justo al lado de un potente foco que nos deslumbra. Difícil, ¿verdad? Pues ese es el motivo por el que aun no hemos observado directamente ningún planeta rocoso. Ahora imaginar que construimos una pequeñísima nave microscópica con la que intentamos atravesar esos 800 kilómetros hasta llegar a nuestra nueva mota. Absolutamente imposible. Nuestro destino es permanecer eternamente atados a nuestro pequeño sol, su futuro es el nuestro, a no ser que una buena parte de nuestra ciencia esté equivocada. Lo siento por los amantes de las películas de ciencia ficción, aunque ojalá me equivoque. Y es nuestra estrella más cercana, nuestra vecina, a solo 4,22 años luz de distancia. Imaginar la distancia que significa 13.000.000.000 años luz, el lugar donde se encuentran las galaxias más alejadas de nosotros. El universo es increíblemente grande y está increíblemente vacío.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Meme: página 161

Curioso meme el que me envía Butzer, del blog Libertad al Día. Consiste en algo muy simple, transcribir la quinta línea de la página 161 del libro que estoy leyendo en este momento. Una frase aleatoria que, a veces, depara sorpresas, como he visto en algunos blogs, donde la frase escogida por el azar da para mucho juego. Eso suponiendo que todos somos coherentes con el espíritu del meme y no escogemos la frase de un poco más abajo, que viene mucho más a cuento. Sea como sea, es una manera interesante de dejar una simple nota para la reflexión.

Aquí dejo la mía, la quinta línea de la página 161 del libro “Jesús de Nazaret”, de Benedicto XVI, uno de los más grandes teólogos del último siglo.

“Sus ideas fundamentales se podrían resumir en la afirmación: el hombre sólo se puede comprender a partir de Dios, y solo viviendo en relación con Dios su vida será verdadera.”

Y con esto, mando el meme a Gonover, para que se estrene en esta extraña costumbre de la blogosfera. No lo mando a nadie más porque he visto que lleva ya casi un año circulando por la red, por lo que muchos blogs ya han pasado por aquí. Lo curioso es que empezó en una página diferente a la actual, pero como los rumores ha ido variando con el boca a boca.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Un paseo por el universo (parte 1 de 2)

Hoy vamos a empezar un apasionante paseo por el universo. Un paseo partiendo del Sol y terminando en la más lejana de las galaxias. El paseo lo empezaremos en un sistema solar a escala, y lo situaremos en un entorno conocido por todos nosotros, un estadio de fútbol. Muchas veces hemos visto ilustraciones del sistema solar en las que se nos muestran los distintos planetas en sus órbitas alrededor del sol. Todas esas ilustraciones suelen respetar la escala del tamaño de los planetas, pero no sus distancias. Esto se debe a que si se hiciera una ilustración en la que la Tierra midiera, por ejemplo, cinco centímetros de diámetro, la página debería medir 1176 metros para incluir el sol, y 35 kilómetros para incluir al último de los planetas, Neptuno. Sería una ilustración poco manejable.

Vamos a empezar el paseo. Nos encontramos bajo una de las porterías, observando un radiante sol en miniatura, de 6,2cm de diámetro, el tamaño aproximado de una pelota de golf. Quiero emplear la misma escala en el tamaño de los cuerpos celeste que en las distancias que les separan, por lo que, para meter todo el sistema solar en un estadio de fútbol, los cuerpos deben ser muy pequeños.

Pues bien, tenemos ese diminuto sol justo sobre la línea de gol. A poco más de un metro de distancia, más o menos el lugar donde suele situarse el portero, nos encontramos con el primer planeta, Mercurio. Realmente sería difícil que lo encontrásemos, pues a esta escala Mercurio tendría un diámetro de 0,1 milímetros, bastante más pequeño que un grano de arena. Un par de pasos más adelante nos cruzamos con la órbita de Venus, a dos metros y medio de nuestro pequeño sol y más de dos veces más grande que Mercurio. Venus sería una pequeña mota de 0,27 milímetros de diámetro.

Damos un pasito más y ya nos encontramos con nuestro planeta. Estamos situados a solo 3,3 metros de la portería, de esa diminuta pelota de golf, todavía sin salir del área pequeña. En este punto se encuentra una pequeña mota, ligeramente mayor que Venus, de 0,28 milímetros de diámetro. Nos cuesta trabajo distinguir esta minúscula piedra en la que ha evolucionado la humanidad, en la que hemos pasado absolutamente todas nuestras vivencias. Ahora tenemos que dar dos pasitos más, hasta situarnos a unos cinco metros de nuestro sol, para ver la siguiente mota, Marte, de 0,15 milímetros de diámetro. Como todos los anteriores planetas, apenas puede distinguirse a simple vista.

Así seguimos andando hasta llegar al punto de penalti, a 11 metros de la línea de gol. Apenas trece o catorce pasos. Aquí no vemos absolutamente nada, y sin embargo estamos en el límite del sistema solar interior. Se trata del cinturón de asteroides. A nuestra escala, por aquí circulan millones de cuerpos del tamaño de bacterias, que no llegaron a juntarse para formar otra pequeña mota debido a la influencia gravitatoria de Júpiter, el más grande de los planetas del sistema solar y próxima parada de nuestro paseo. El cinturón de asteroides separa el sistema solar interior del exterior. Vemos que el interior, donde están los cuatro planetas rocosos, es realmente pequeño comparado con todo lo que hay ahí fuera.

Por hoy dejamos aquí nuestro viaje, en el punto de penalti. Realmente hemos andado muy poquito, y hemos encontrado unas pequeñísimas rocas, esas mismas que estamos intentando explorar con diminutas sondas, naves y rovers. Queda mucho hasta llegar al otro extremo del campo. Y sobre todo, queda por ver qué hay más allá. Así es nuestro universo, distancias inconmensurables complétamente abarrotadas del más absoluto vacío.

ACTUALIZACIÓN: Continúa el paseo en "Un paseo por el universo (parte 2 de 2)"

lunes, 5 de noviembre de 2007

Amanecer de Tierra


Posiblemente esta sea la foto más famosa de toda la carrera espacial. Me llama la atención que en muchos medios de comunicación se la presenta como un amanecer de Tierra en la Luna. Y me llama la atención porque es erróneo. Como pasa muchas veces en nuestras aventuras más allá de la Tierra, el sentido común nos juega una mala pasada. El sentido común está perfectamente adaptado a las condiciones terrestres, pero no a las extraterrestres. Me explico: desde la superficie de la Luna la Tierra no se mueve. Permanece continuamente fija en el mismo punto del cielo, siempre ocupando el mismo lugar en la bóveda celeste selenita, por lo que la Tierra nunca podrá salir o ponerse tras el horizonte.

Como sabéis, la Luna muestra siempre la misma cara a la Tierra, luego es imposible que mirando nuestro planeta desde la Luna éste se desplace lentamente, como hace nuestro satélite visto desde aquí abajo. Pero bueno, también tengo que decir que esto debe puntualizarse, pues no es del todo correcto.

Debido a la excentricidad de la órbita lunar, la inclinación del eje de rotación de la Luna con respecto al plano de la eclíptica y al movimiento de rotación de la Tierra en el curso de una revolución sideral, se logra ver una extensión superficial mayor que la de un hemisferio del satélite, como si estuviese animado de ligeros balanceos de este a oeste y de norte a sur. Estos movimientos aparentes se conocen con el nombre de libraciones y son 3: libraciones en longitud, libraciones en latitud y libración diurna. Esto se traduce en que hay unas pocas zonas, en el límite entre la cara vista y la oculta, en la que la Tierra sale tras el horizonte, se eleva ligeramente, y se vuelve a ocultar, en un movimiento algo similar al aparente del sol cerca de los polos terrestres. Aquí podéis ver una buena animación en la que se aprecia claramente cómo oscila la luna debido a esos movimientos de libración.

La segunda puntualización es que esa foto fue tomada desde el Apolo VIII en órbita lunar en diciembre de 1968. Al estar en órbita, desde la nave sí que se podría ver la Tierra saliendo o poniéndose sobre el horizonte selenita. Pero sería un amanecer artificial, causado por el movimiento de la nave, no por los movimientos de los cuerpos celestes. No obstante, la belleza que nos muestra la fotografía no deja de ser sobrecogedora. Nuestro pequeño punto azul pálido visto desde muy cerca, a solo 384.000 kilómetros de distancia.

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