"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Érase una vez la vida

Hace mucho, mucho tiempo... realmente una cantidad inconcebible de tiempo, 3.800.000.000 años, en un lugar muy poco acogedor, tuvo lugar un suceso de vital importancia para nosotros. Nos encontramos en un planeta cálido y húmedo, de atmósfera densa y sofocante. Y carente absolutamente de oxígeno. Este planeta, muy joven, hacía apenas unos pocos millones de años que había solidificado su superficie, pasando a estar completamente cubierta por un enorme océano de agua. Agua muy caliente y alborotada, con millones de chimeneas hidrotermales que la hacían hervir en todos los rincones del planeta. Y sobre ese océano, una atmósfera con suficiente ácido clorhídrico y ácido sulfúrico como para corroer nuestras ropas y quemarnos la piel en pocos segundos, sin oxígeno que respirar, sofocantemente densa, con una presión muy superior a la actual, y oscura, pues la luz de un sol más débil que el actual apenas era capaz de atravesar aquella espesa atmósfera. Oscuridad, rota rítmicamente por gran cantidad de rayos y relámpagos. Era un ambiente terriblemente hostil para la vida, pero paradójicamente el ideal para la aparición de la misma.

Esta visión que hoy conocemos está muy alejada de la idea de caldo o sopa primordial que nos legó Darwin. La vida no apareció en un cálido charquito al sol regado de aminoácidos, sino en el agua hirviente de una caldera oceánica en un planeta caliente, sofocante, ácido y asfixiante. En ese ambiente se formaron, podríamos decir que de forma casi milagrosa, unos cuantos aminoácidos. El paso de aquí a la primera célula viva es más milagroso aun, pues las reacciones químicas necesarias, el paso de monómeros a polímeros, no se puede realizar en un medio acuoso, que nosotros sepamos. Pero así sucedió. Ésta sigue siendo hoy día una de las muchas preguntas sin resolver que tiene la ciencia por delante. Es como si echas una cucharada de azúcar en un vaso de agua y se forma espontáneamente un terrón de azúcar. Pero lo cierto es que sucedió, y sucedió muy rápido.

No sabemos cuantas veces se produjo el milagro, suponemos que una infinidad, hasta que un buen día, en un determinado momento, una de esas bolsas de material orgánico de breve existencia realizó algo nuevo y extraordinario, impensable hasta el momento. Se dividió. Reprodujo su material genético y formó dos pequeñas y frágiles bolsitas de material orgánico. Una pequeña masa de material genético pasó de una entidad viva a otra, y desde entonces no ha dejado de hacerlo. De ese pequeño milagro surgió absolutamente toda la vida que cubre hoy nuestro planeta, animales y plantas, hongos, reptiles, tréboles, seres humanos, atunes, virus, bacterias, águilas, medusas, secuoyas, gusanos, elefantes, todo lo que alguna vez ha estado vivo sobre la faz de la tierra o surcando mares o volando por la atmósfera proviene de esa modesta célula que un día cambió para siempre el destino de este planeta. Toda la vida es una.

Y realmente no hace falta mucho para la vida, carbono, nitrógeno, hidrógeno, oxígeno y una pequeña cantidad de algunos otros elementos. Nada que no puedas encontrar bajo tus pies en un picnic en el campo. Con ellos podrás fabricar un ser vivo, desde una ameba hasta un ser humano o una sandía. Y todos hablamos el mismo lenguaje, todos hemos sido fabricados con el mismo sistema de planos, las mismas instrucciones con algunos cambios aquí y allí, el ADN. Una molécula que nació hace 3.800.000.000 y que desde entonces sigue viva, autorreplicándose incansablemente y dando esa vida a nuevas criaturas. Por supuesto, esa primera criatura que no ha dejado de multiplicarse es la última de la fila familiar.

martes, 25 de septiembre de 2007

Levántate y anda

Es fácil decirlo. Pero nos costó millones de años de evolución. El bipedismo marcó un hito en la evolución humana, una diferenciación en el camino entre nosotros y nuestros hermanos más cercanos. Parece sencillo, simplemente hay que erguirse, levantarse, mirar al frente y dar un paso. Pero no, no es tan sencillo. Los cambio anatómicos para poder hacerlo son enormes. Para poder mantener la postura erguida de forma continua necesitamos muchos cambios en nuestro cuerpo:

- El orificio del cráneo por el que entra la columna debe descender a la base del mismo. Si observamos un perro, veremos que el cuello lo tiene detrás de la cabeza, no debajo. Este primer cambio no es sencillo, pero claro, no sería muy adaptativo ponernos de pie y mirar generalmente hacia el cielo. Tendríamos que hacer un esfuerzo para bajar la cabeza, como hacen algunos animales.


- Las piernas deben ser más robustas, pues soportarán todo el peso del cuerpo. Deben producirse además cambios en la forma del fémur para poder andar derecho, sin el bamboleo hacia derecha e izquierda característico del corto andar bípedo de muchos simios, muy inestable y poco eficiente energéticamente. Y este cambio óseo debe tener una serie de poderosos músculos para accionarlo, músculos nuevos que no poseen nuestros primos.

- La columna se arquea, cambia de forma, se curva violentamente para poder repartir de forma más eficiente el peso del cuerpo y retrasar su centro de gravedad, que ahora debe estar sobre los dos únicos puntos de apoyo. Las vértebras modifican su forma para soportar un peso que a cuatro patas no soportan.

- Las costillas cambian su posicionamiento, de manera que soportaran mejor unos pulmones y un corazón que ahora generalmente empujan hacia el hueco inferior, no hacia el frontal del tórax.

- Los pies deben cambiar radicalmente, recortando los dedos, perdiendo el pulgar prensil y alargando el talón, con el fin de dar estabilidad en el nuevo modo de desplazamiento.

- La pelvis sufre un cambio fundamental en nuestra evolución. Necesita ser más ancha y curvada para poder soportar el peso de los órganos internos, además de para retrasar el centro de gravedad. Este cambio tuvo consecuencias enormes en el desarrollo de la gestación, pasando toda la humanidad a ser recién nacidos prematuros, continuando en el exterior la formación del ser humano, incluido su cráneo, que de esta manera se libró de la limitación del canal del parto pero nos obligó a cuidar de nuestras crías durante mucho más tiempo, ya que nacen completamente desvalidas.

Son muchos cambios simultáneos, y todos son necesarios para el bipedismo e incompatibles de forma aislada con la supervivencia. Todavía hoy seguimos sin comprender del todo cómo se pudo producir ese proceso tan complejo dentro del marco de la evolución, que solo entiende de mutaciones puntuales individuales progresivas. Un cambio tan súbito y grande no hemos terminado de encajarlo bien el la teoría evolutiva. Pero encajará. Al fin y al cabo la teoría de la evolución ha sufrido muchas pequeñas modificaciones a lo largo de su historia a medida que se hacían nuevos descubrimientos, haciendo ver que la evolución es un mecanismo más formidable y complejo aun de lo que pensaba Darwin.

Por otro lado el bipedismo nos permitió en primer lugar un caminar más energéticamente eficiente aunque más lento, una mejor visión de nuestro entorno (y por lo tanto de nuestras presas y depredadores) y, sobre todo, libertad para emplear las extremidades anteriores (ahora superiores) para otros menesteres. Como emplear un hueso como herramienta e iniciar así un nuevo y enorme estímulo para nuestro cerebro.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Historia de la estrella polar

Cuenta la leyenda que el gran dios Zeus cayó prendido por los encantos de una ninfa, Calisto, seguidora de Artemisa, a la que cortejó hasta conseguir seducirla. Calisto quedó embarazada de Zeus y dio a luz a un niño llamado Arcas. Hera, esposa de Zeus, enterada de la nueva infidelidad de su marido, se vengó convirtiendo a Calisto en una osa, la osa mayor. Otras versiones aseguran que fue Zeus el que la transformó en osa para defenderla de la ira de Hera o incluso Artemisa como castigo por romper su voto de castidad.

Años después, estando Arcas cazando, se encontró con la osa, a la que se dispuso a abatir. Zeus, sabiendo que se trataban de madre e hijo quiso evitar el parricidio, por lo que convirtió a Arcas en una cría de oso, la osa menor. Desde entonces están en la bóveda celeste, la osa mayor eternamente girando alrededor de la osa menor, en actitud protectora hacia su cría.

Pero no acaba ahí la leyenda. Hera, enfadada por el trato de Zeus hacia las osas otorgándoles la inmortalidad, se sumergió en el mar y pidió a Thethys y Océanos que esos osos nunca pudieran tocar el agua. Por ese motivo, ambas constelaciones nunca se ponen tras el horizonte, nunca tocan el océano, permaneciendo eternamente a la vista, por lo menos a la latitud en la que se encuentra Grecia.

A este tipo de constelaciones, que nunca se ponen en el horizonte, se las llama circumpolares. De entre todas las constelaciones, la osa menor es una de las más conocidas, pues alberga a una estrella esencial para la navegación marítima, α Ursae Minoris, también conocida como Polaris, o simplemente la estrella polar. Otros puntos conocidos de esta constelación son la estrella β Ursae Minoris (Kochab) o la galaxia UGC 9749, una pequeña galaxia satélite de la vía láctea.

Pero la famosa estrella polar no siempre ha sido la actual. El eje de rotación de la Tierra gira como el eje de una peonza, al ser un enorme giroscopio, apuntando en cada época a estrellas diferentes. Así, hace unos 15.000 años era otra famosa estrella, Vega (α Lyrae, una de las más brillantes de nuestro cielo), la que permanecía inmóvil indicando el norte a los viajeros. En el antiguo Egipto ese puesto lo ocupaba Thuban, (α draconis), en la constelación del dragón. Posteriormente pasó por las estrellas β de la Osa Menor y la κ del Dragón.

Y del mismo modo en el futuro pasarán otras estrellas. La siguiente en la lista será γ de Cefeo, dentro de 1.500 años. Pasará por varias más hasta regresar de nuevo a Vega, en el año 13.600, para cerrar el círculo regresando a Polaris en torno al año 30.000.

viernes, 21 de septiembre de 2007

La fila familiar (III)

Continuamos con la saga familiar que iniciamos en esta entrada y continuamos en esta otra. Recuerdo el ejercicio mental a realizar. Una fila en la que el primero soy yo, detrás de mí se coloca mi padre, luego mi abuelo, detrás mi bisabuelo, y así sucesivamente. Partimos de la madrileña Puerta del Sol. En la primera parte del viaje nos quedamos en Zaragoza. En la segunda llegamos hasta el océano Pacífico tras atravesar toda Europa y el continente asiático. Un viaje a través de nuestra sangre, de nuestros genes.

Y una vez llegado al pacífico, nos sumergimos en el agua... Estamos ante el Tiktaalik roseae, posible antecesor común de todos los animales que hay sobre la tierra, mamíferos, aves, reptiles, incluso de los que posteriormente volvieron al agua, como delfines, ballenas, focas, etc. Un animal a medio camino entre los peces con aletas y los tetrápodos con extremidades.

Empezamos a cruzar el pacífico, viendo como este ascendiente directo nuestro va adquiriendo un aspecto más propio de los peces con aletas que de los tetrápodos. Ya es inequívocamente un pez de aspecto similar a un primitivo atún... Ya poco podemos ver, casi no queda registro fósil para conocer esa época. Sabemos que hace unos 400.000.000 años uno de nuestros ascendentes directos, perteneciente a la familia de los Agnatha fue el primer vertebrado, el primer ser vivo con espina dorsal.

Y para atrás, el desconocimiento. Nuestros genes se pierden en seres de aspecto alienígena, invertebrados desconocidos para nosotros pero en cambio directamente emparentados por vía sanguínea directa. Seres que, en nuestra fila, cambian rápidamente de aspecto hasta llegar a un punto, hace unos 500-550 millones de años, en el que la vida dio el gran cambio sobre la tierra. Empezaron a proliferar los organismos complejos en una auténtica explosión de vida. A partir de aquí nuestra fila se convierte en una sucesión de organismos unicelulares. El paso de estos a los pluricelulares y de los invertebrados a los vertebrados sigue, para nosotros, sumergidos en el misterio.

Pero la cadena unicelular continua de modo aburrido durante otros 100 millones de años, hasta que llegamos al primero de los grandes cambios en la vida en la tierra, la aparición de seres aeróbicos. Seres unicelulares que obtienen su energía a partir del oxígeno. Si nos remontamos más allá, más de 600 millones de años desde la actualidad, todos los seres vivos emitían oxígeno como desecho de su química, oxígeno que les era enormemente tóxico y que terminó llenando la atmósfera, permitiendo la evolución hacia seres cuyo metabolismo se basó en ese volátil y hasta entonces venenoso elemento.

Y se acabaron los cambios. Durante los más de 3.000 millones de años siguientes, casi toda la historia de la vida, nuestra fila familiar es una sucesión de seres unicelulares anaeróbicos cada vez más simples, llegando al ancestro común de animales y plantas, más adelante al antecesor común de éstos con los mohos, los mohos del lino y numerosas (y desconocidas para el gran público) ramas de la vida que veremos en otras entradas. Seguimos navegando por los océanos hasta dar dos veces la vuelta al mundo, viendo células cada vez más simples, hasta llegar a una pequeñísima bolsita de material genético que, por un maravilloso azar del destino, hizo algo maravilloso, comenzó a dividirse. Y no ha dejado de hacerlo desde entonces. Poco más que una decena de genes envueltos por una fina cubierta de material aceitoso. Una protocélula que con el paso del tiempo terminaría evolucionando hasta llegar a nosotros, que miramos hacia atrás intentando comprender lo mejor posible el origen de nuestra existencia.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Plutón, el planeta degradado

Realmente el título de esta entrada no debería ser así, porque Plutón nunca debió ser reconocido como planeta. Simplemente porque no lo es. Pero eso no hace su historia y sus características menos interesantes.

Plutón siempre había sido el hermano raro de los planetas, extraño y huidizo. Su descubrimiento es ya una buena historia, que contaré en otra ocasión, y que motivó su nomenclatura al coincidir las primeras letras de la propuesta, Plutón, con las iniciales de su quasi-descubridor, Percival Lowell (sí, el mismo de los canales marcianos). El único motivo por el que ha sido considerado planeta es porque ha sido el único cuerpo de importancia del sistema solar descubierto por un norteamericano hasta finales del siglo XX. Pero vayamos a descubrir sus peculiaridades que lo diferencian de los ocho planetas.

Para empezar es muy pequeño, mucho más que el resto de los planetas e incluso que un buen número de lunas. Tiene apenas un 0,22% de la masa de la Tierra y no llegaría a tapar ni media Europa con sus 2.300Km de diámetro. También es muy oscuro, como el carbón, por lo que fue muy difícil de localizar, identificar y seguir. Solo refleja el 4% de la luz que le llega del sol, que por otro lado es muy escasa, tal es la distancia que le separa de nuestra estrella. Ésta luz tarda siete horas en llegar. Básicamente es una pequeña bola de hielo muy sucio, nada que ver con los materiales que componen el resto de los planetas.

Su órbita no es como la de los demás, es mucho más excéntrica. De hecho durante una parte de ella penetra en la órbita de Neptuno y deja de ser el planeta más lejano. Tiene de hecho la órbita típica de los objetos cercanos del lejano cinturón de Kuiper. Una órbita que además no está dentro del mismo plano por el que circulan todos los planetas, el plano de la eclíptica, sino inclinada 17 grados.

Posee una luna, Caronte, proporcionalmente enorme, que coloca el centro de masas del sistema en un lugar intermedio entre los dos. Las diferencias gravitatorias entre una cara de Plutón y la otra deben ser enormes, hasta el punto de que una persona pesaría el doble en una cara que en la otra. Eso sí, pesaría muy poco, pues la masa de Plutón es pequeña. Recientemente se han descubierto dos pequeños satélites, Hidra y Nix, ambas de unos 100Km de diámetro.

Por último, éstos últimos años se están realizando descubrimientos de distintos cuerpos, perteneciente al mismo cinturón de Kuiper al que pertenece Plutón, más grandes que éste. Por lo tanto, o se admiten como planetas una infinidad de cuerpos pequeños, lejanísimos, de diversas órbitas elípticas, o se elimina Plutón. La respuesta la conocemos todos. Se creó una nueva categoría, planeta enano, en la que encajan Plutón, junto con Ceres (antes considerado un asteriode) y Eris, otro objeto transneptuniano. Pero esta categoría pronto se verá muy poblada, pues hay una multitud de cuerpos candidatos a ser considerados planetas enanos. Personalmente considero que estas definiciones describen mucho mejor la complejidad de nuestro sistema planetario.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Blog solidario

Ayer, Wicek, de Blog Nacional, tuvo a bien galardonar a El Santo al Cielo con el “Premio Blog Solidario”.



Lo primero, por supuesto, es agradecer a Wicek que haya pensado en este blog para este premio, lo que es todo un honor. Es difícil nombrar únicamente siete blogs, pero no queda más remedio. He escogido bitácoras que se distinguen por su compromiso con unas ideas. Unos están cerca de mis propios valores y otros algo alejados, pero todos promueven ese valor que es la solidaridad y el compromiso, que al fin y al cabo es lo que se premia en esta ocasión. Mi lista de premiados, en orden alfabético, es la siguiente:

- Animal Político

- Blogger en un cubo

- El blog de Natalia Pastor

- Libertad al día

- Martha Colmenares

- Utopía Existe

- Respuesta a progres

Las reglas para este galardón son:

1.- Escribir un post mostrando el PREMIO y citar el nombre del blog que te lo regala y enlazarlo al post que te nombra. (De esta manera se podrá seguir la cadena).

2.- Elegir un mínimo de 7 blogs que creas que se han destacado alguna vez por ayudar, apoyar y compartir. Poner sus nombres y los enlaces a ellos. (Avisarles).

3.- Opcional. Exhibir el PREMIO con orgullo en tu blog haciendo enlace al post que escribes sobre él y lo otorgas a otros.

martes, 18 de septiembre de 2007

No es fácil ser un fósil

La verdad es que es difícil ser un fósil. Y además no debe ser muy agradable. Se tienen que dar muchas circunstancias para convertirse en un fósil. Primero debo remarcar que un fósil es solo una impronta de un organismo vivo, no es el organismo en sí. Un hombre momificado del antiguo Egipto no es un fósil. Un fósil es piedra, roca, con la forma del ser vivo que durante millones de años le sirvió de molde.

La primera condición para ser un fósil es que debes morir en la flor de la vida. Huesos frágiles no son los mejores para perdurar el tiempo necesario (los tejidos blandos prácticamente nunca fosilizan). Normalmente debes ser víctima de un desastre natural, un corrimiento de tierras, una avalancha, algo violento que entierre repentinamente una gran superficie. Por este motivo los hallazgos no suelen venir solos. Pero no es suficiente esto, la avalancha debe ser del material adecuado, no todos son válidos para fosilizar. Debe haber una ausencia casi total de oxígeno que preserve los huesos de la descomposición. Y aun así sigue siendo difícil. Pero lo más complicado de todo es acabar en un museo. Eso ya es para nota.

Se ha calculado que de toda la humanidad que ha existido desde el inicio de los tiempos quizá lleguen a fosilizarse huesos para juntar unos 10 individuos... Y luego habría que encontrarlos en millones y millones de hectáreas. La estimación más optimista (por decirlo de alguna manera) es que de toda la humanidad, el número de individuos que en un futuro remoto puede servir de prueba de nuestra existencia como especie es de... cero. Ninguno de nosotros va a terminar dentro de una vitrina. Nuestra especie, como todas las demás, no soportará la prueba del tiempo. Terminará perdiéndose para siempre, todos nuestros logros, nuestro avance, nuestras amarguras, nuestras historias, eternamente ocultas en las arenas del tiempo, hasta que deje de lucir la última estrella del universo.

Y lo mismo sucede con todas las especies vivas que han existido en la Tierra. Tenemos la impresión de que lo conocemos todo sobre el pasado de nuestro planeta, pero nada más lejos de la realidad. Tenemos catalogado apenas un 5% de las especies que suponemos que moran en la Tierra en la actualidad, y el pasado remoto es mucho más oscuro. Se estima que solo una de cada 10.000 especies dejan algún registro fósil. Eso quiere decir que el 99,99% de las especies que han existido a lo largo de toda la vida de nuestro planeta se ha extinguido sin dejar el más leve rastro de su existencia. Es absolutamente imposible que jamás las conozcamos. Y del 0,01% restante, tenemos algunos fósiles de algunas de ellas.

La información es mínima. Demasiado escasa como para poder imaginarnos un paisaje del cámbrico o del jurásico. Los científicos dan sus visiones de cómo debían ser los ecosistemas, pero no son más que conjeturas. Suelen tener la misma fiabilidad que la contabilización de una manifestación en Madrid. Básicamente, no conocemos nada, aunque intentamos imaginárnoslo.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Por un cielo limpio


Desde el principio de los tiempos, los seres humanos hemos mirado maravillados nuestro cielo, preguntándonos qué es esa miríada de luces sobre nuestras cabezas. Todas las culturas las han relacionado con los dioses, y veían en su estructura las iras o bondades de deidades que regían nuestros destinos. En cualquier punto de la Tierra pueden observarse a simple vista unas 3.000 estrellas. Hoy hemos perdido esa maravilla, y son muy pocos lugares en España que gozan de un cielo estrellado. Desde cualquier ciudad podemos ver únicamente unas pocas decenas de estrellas, y hasta alejados en el campo podemos disfrutar solo de unos pocos centenares, las más luminosas. La estrella polar es difícil de ver, hasta conociendo su posición, y la mayoría de constelaciones quedan mutiladas, llegando nuestra visión apenas hasta la gamma. La lechosa claridad de la vía láctea es ya invisible a nuestros ojos. Ahora que somos capaces de llegar hasta el espacio, hemos perdido las estrellas y, por tanto, hemos dejado de maravillarnos cotidianamente con su misterio.

viernes, 14 de septiembre de 2007

La nube de Oort y nuestro origen

Hay un reino de oscuridad al que ni siquiera llega el dios griego del inframundo, Plutón. Es un mundo lejanísimo al que jamás llegará ningún ser humano, nunca, pues está a una distancia tan abismal que ni tan siquiera podemos llegar a entender. Y sin embargo es un mundo aun al amparo de nuestro sol.

Se trata de la nube de Öpik-Oort, por el astrónomo estonio Ernst Öpik y su colega holandés Jan Oort. Es un mundo de escombros, de los restos de las materias primas con las que se formaron el sol y los planetas. Y todo lo que en ellos mora, todos los seres vivos que jamás pisarán la Tierra, incluidos, por supuesto, nosotros mismos o los materiales con los que se ha fabricado este ordenador. Es la materia prima de la vida.

Para hacernos una idea de su lejanía, comparémosla con la distancia de la Tierra al Sol. Es una distancia realmente grande, 150.000.000 kilómetros. O lo que es lo mismo, una Unidad Astronómica (1 UA). La luz tarda unos 8 minutos en recorrerla. Plutón se encuentra a 40 UA de nosotros. Una distancia enorme. El centro de la nube de Oort se encuentra a unas 50.000 UA... y se extiende hasta unos dos años luz de nosotros.

A pesar de todo imaginemos que nos hayamos allí. Básicamente estamos en un espacio vacío. Realmente el espacio hace honor a su nombre. Se esconden allí millones y millones de cuerpos. De cometas, escombros, cuerpos mayores que Plutón y a pesar de ello invisibles a nuestros ojos por su enorme lejanía y la poca luz que reflejan. Tan lejos que de hecho el sol no es más que una estrella especialmente luminosa. Ni tan siquiera es la estrella más brillante de ese cielo. El número de estos objetos es inmenso, pero el espacio lo es aun más, por lo que la distancia media entre ellos sigue siendo enorme. La nave espacial más rápida que jamás ha creado el hombre tardaría 12.000 años en salir de esta nube, y aun así no estaríamos más que a mitad de camino de la estrella más cercana, Próxima Centauri. El espacio es realmente grande.

Y esta mal llamada nube es la misma factoría de planetas que creo la Tierra. Hubo un tiempo en el que la Tierra no era más que un conjunto de pequeños objetos como estos no mayores que un garbanzo, muy alejados entre ellos e iluminados por un jovencísimo y menos luminoso sol. Objetos oscuros y fríos perdidos en el espacio. Todos los átomos que nos forman, que forma nuestro corazón y cabellos, sangre y huesos, dispersados a lo largo de millones y millones de kilómetros, esperando una secuencia casi imposible de acontecimientos que miles de millones de años después los juntaría para formar un ser vivo y consciente que se pregunta de donde demonios ha salido. Pues eso, del inframundo, más allá de Plutón.

jueves, 13 de septiembre de 2007

La ecuación de Drake y la soledad

La búsqueda de vida inteligente es algo que llevamos realizando desde hace apenas unas décadas. Es algo de vital importancia para cualquier aficionado a la astronomía, pero debería ser algo realmente importante para cualquier ser humano. Las implicaciones filosóficas, psicológicas, existenciales, religiosas de esta búsqueda son realmente inmensas. Vida más allá de la Tierra, vida dispersa por el universo, vida como imperativo de las leyes físicas, como creía el genio Carl Sagan. Para mí sí es una noticia realmente emocionante encontrar trazas fosilizadas de las excreciones de una especie de nanobacteria microscópica en una roca marciana...

Pero, ¿qué probabilidades hay de que exista esta vida inteligente lo suficientemente evolucionada como para emitir señales de radio que podamos detectar? En la década de los sesenta, Frank Drake, profesor de astronomía, propuso una ecuación probabilística para calcular el número de civilizaciones tecnológicas presentes en nuestra galaxia. Esta famosa ecuación está compuesta por una serie de factores a los que hay que dar un valor. Según los cálculos más pesimistas, el resultado es uno, nuestra civilización, y según los cálculos más optimistas, miles de millones. Poco a poco se van acotando los valores, y estos apuntan seriamente a que pueden existir millones de civilizaciones ahí fuera, solo en nuestra galaxia. Pero, una vez más, tengo que recordar que el espacio es enorme. Aun con esos resultados de millones de civilizaciones, la distancia media entre ellas sería de unos 200 años luz. Muchísimo. Si fueran capaces de vernos, nos verían como éramos poco después de la revolución francesa. La impresión, desde luego, no sería muy positiva.

Pero aun en el caso de que existan millones de civilizaciones listas para ser escuchadas, nos encontramos con muchos problemas. Imaginemos que está lloviendo abundantemente sobre Moscú y que, desde Barcelona, queremos descubrir el ruido de una grifo que gotea en algún lugar de la capital rusa en mitad de la tormenta. Se antoja difícil, ¿verdad? Y lo es aun más. Hay miles de millones de estrellas a las que apuntar, infinidad que frecuencias que rastrear, y ni tan siquiera sabemos qué estamos buscando. No es solo que probablemente no hablen inglés... es que no tenemos la más remota idea de cómo puede ser la pauta de esa señal. Ni la más remota idea. Buscamos pautas presuntamente artificiales, imposibles a priori de tener un origen natural. De momento solo hemos encontrado una señal sospechosa, y nunca se ha repetido, pero seguimos empeñados en buscar ese goteo en mitad de la tormenta. Quizá tengamos suerte y en pocas generaciones podemos resolver por fin la eterna duda sobre nuestra soledad. Pero al fin y al cabo, por muchas inteligencias, muchas mentes que haya en el universo, por muchas civilizaciones, siempre, en el fondo, estaremos completamente solos en nuestro eterno monólogo. Esa soledad intrínseca a la existencia nunca podrá llenarla toda la vida del cosmos.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

La fila familiar (II)

Hace tiempo iniciamos un fascinante viaje a través de nuestra propia ascendencia. Una fila en la que el primero soy yo, detrás está mi padre, luego mi abuelo, mi bisabuelo, y así indefinidamente. Separados cada uno medio metro del anterior. Una fila familiar, sangre de mi sangre, mis propios genes a lo largo del tiempo. Iniciamos ese viaje en la Puerta del Sol de Madrid, y nos quedamos en Zaragoza con un ascendente directo mío con aspecto algo similar a un chimpancé, el Sahelanthropus tchadensis (estos paleontólogos...). De hecho sus hijos dieron lugar, con el tiempo, a dos especies diferentes (entre otras), el chimpancé y el ser humano.

Continuamos alejándonos, pero ahora los cambios son terriblemente lentos. Y a nuestros ascendentes los vemos enormemente difusos. No tenemos claro cómo son. Pero hace tiempo que han dejado de ser bípedos y, por supuesto, homínidos. Nos encontramos con una enorme fila de primates que sobrepasa Barcelona, atraviesa la frontera francesa y llega hasta Paris. Poco podemos distinguir de ellos más que identificarlos como monos. Apenas poseen ya ningún rasgo físico que recuerde a un ser humano, a pesar de ser nuestros ascendentes directos.

En nuestro viaje a París estos familiares nuestros han disminuido bastante de tamaño, no llegando al metro de altura. Son pequeños monos de aspecto similar a los que vemos en las jaulas de los zoos. Nos resulta llamativo también que al poco de pasar la capital francesa, el paisaje se llena de dinosaurios. No debían tener una vida fácil mis antepasados. A partir de aquí la fila ya se vuelve muy oscura y poco sabemos de ella. Lo que podemos asegurar es que continua y continua, generación tras generación, hasta llegar a Moscú. Y aquí lo que nos encontramos ya poco tiene que ver con nosotros. Una especie de pequeña comadreja con ciertas características reptilianas, como la ausencia de pelo. Pero nos equivocamos. Ya lo creo que tiene que ver con nosotros. Esa comadreja tuvo crías, y éstas nuevas crías, continuando la cadena hasta llegar a mí. Somos descendentes directos de esa comadreja. Todos, Bush y Bin Laden, judíos y palestinos.



Todos los mamíferos actuales se clasifican en tres grandes grupos: los monotremas, los marsupiales y los placentados. Los monotremas, como el ornitorrinco, nacen de huevos; los marsupiales, como las comadrejas y los canguros, nacen en un estado inmaduro y completan su desarrollo en una bolsa ventral o marsupio; mientras que los placentados, como los seres humanos, retienen sus crías en el útero hasta un estado más completo de desarrollo. Y todos ellos tienen su origen en este pequeño animalillo de nuestra fila que nos hemos encontrado a la altura de Moscú. Como curiosidad y como prueba de que es nuestro antecesor real, os comentaré que compartimos el 80% de nuestro material genético con esta comadreja.

Y ya sí que nos sumergimos un una oscuridad del conocimiento que no podemos atravesar. Esa fila continua, hasta llegar al pacífico después de atravesar toda Asia. Y allí nos encontramos a una especie de reptil, antecesor común de todos los reptiles, todas las aves y todos los mamíferos, incluidos todos nosotros. Y llegados al pacífico... ¡al agua! Nos vamos acercando ya a una explosión de vida que se produjo en la tierra hace unos 500 millones de años, pero esa historia la dejaremos ya para la tercera entrega de la fila familiar.

ACTUALIZACIÓN: La fila familiar (III), el final del viaje...

lunes, 10 de septiembre de 2007

Un kilo de paja y un kilo de plomo

Ajajá, seguro que aquí hay trampa, pensaréis. Pues es verdad, la hay. Si ponéis en una balanza un kilo de paja y un kilo de plomo, ésta no se quedará en equilibrio... ¿qué no? Vamos a verlo.

Evidentemente, la masa de un kilo de plomo es la misma que la de un kilo de paja, por lo que su peso en la Tierra debe ser exactamente el mismo en ambos casos. Pero no lo verá así nuestra balanza... una balanza no indica el peso del objeto que se coloca encima, sino la fuerza que el mismo ejerce sobre ella.

Entonces, ¿dónde está la diferencia? En que vivimos sumergidos en un fluido, la atmósfera. Como todos los fluidos, si sumergimos algo en él experimentará una fuerza vertical y hacia arriba igual al peso del volumen del fluido desalojado, ¿os acordáis?

Sabemos que cuando nos damos un chapuzón, el agua nos empuja hacia arriba, dando la sensación de que pesamos menos. Éste empuje depende únicamente de nuestro volumen, no de nuestro peso. Si sumergimos en el agua un tapón de corcho, el empuje del agua desalojada lo mantendrá flotando. Pero si este tapón, con las mismas dimensiones, es de hierro, se irá a pique, ya que la misma fuerza que mantiene flotando el corcho no es suficiente para mantener a flote el hierro. Pesa más.

Lo mismo sucede con la atmósfera, aunque de forma bastante más tenue. Ejerce una fuerza vertical y hacia arriba igual al peso del aire del espacio que ocupamos. No es mucho, pero es medible. Un kilo de plomo ocupa mucho menos volumen que un kilo de paja, luego el empuje hacia arriba que le aplicará el aire desalojado será menor. La diferencia entre el aire desalojado por un kilo de paja y por el desalojado por un kilo de plomo es de aproximadamente un gramo. No demasiado, pero suficiente para que nuestra balanza haga descender lentamente la bandeja con el kilo de plomo.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Micropost: La amargura de aprender

Aprender es el más amargo de los placeres. Respondes una pregunta y surgen muchas nuevas. Siempre. A veces pienso que solo sería feliz si lo supiera todo, si conociera todo el universo a lo largo de todo el tiempo. Pero entonces sería infeliz por no poder aprender nada nuevo.

Humanidad y armas nucleares

El poder destructivo de la humanidad es realmente enorme. En este video que hoy dejo aquí el genial e inolvidable Carl Sagan vuelve a dar una lección de humanidad a la humanidad. ”Una segunda guerra mundial por segundo durante toda una tarde”. “Un millón de Hiroshimas”. “Una civilización destruida inútilmente”. Es una lástima que nunca le hayan escuchado. Un video maravilloso, imprescindible. Un poco largo, pero merece la pena pararse unos minutos para escuchar sus reflexiones.

jueves, 6 de septiembre de 2007

El lugar donde reside la mente

Nuestro cuerpo se regenera a una velocidad realmente sorprendente. Ya no somos quienes nacimos. Cada uno de los átomos que nos componen están con nosotros un tiempo determinado, pero nunca toda la vida. Hasta las neuronas, que no se regeneran y permanecen constantes a lo largo de nuestra existencia no creándose ninguna nueva desde el momento en el que nacemos, sí que renuevan el material del que están compuestas. Incluso el calcio de nuestros huesos se renueva constantemente. Diversos estudios concluyen que nuestro cuerpo regenera la práctica totalidad de sus átomos, de su materia, cada 7 ó 10 años. Esto quiere decir que ya no nos queda un solo gramo de la materia que nos formaba cuando éramos niños, y que la materia que nos forma ahora, cada músculo, cada gota de sangre, el corazón o los ojos, no es la misma que tendremos cuando lleguemos a la vejez.

En cambio tenemos la intuición de que somos la misma conciencia desde que, precisamente, tenemos conciencia. Entonces, si la mente no reside exactamente en la materia que nos compone, podríamos pensar que reside en una determinada estructura de la materia, sin importan qué átomo exacto la compone.

Si pudiéramos realizar una copia exacta de nosotros, recreándonos completamente átomo a átomo, molécula a molécula, una reproducción exacta hasta el último de los detalles, el último de nuestros átomos, la última de nuestras conexiones neuronales, nos encontraríamos con un nuevo ser humano. Con una nueva conciencia. Evidentemente no seríamos nosotros, sería una copia de nosotros, sería una conciencia diferente y diferenciada de nosotros, una nueva mente. Luego podemos concluir que la mente no reside en la estructura de la materia que nos compone. Tampoco puede residir en una combinación de ambas, pues se renueva a cada instante, tanto la materia como su organización. Pero la conciencia permanece, o esa impresión nos queda.

Entonces, si la mente, si la conciencia, no reside ni en la materia ni en la estructura, ¿dónde demonios está? ¿cómo somos conscientes de nuestra propia existencia? Claro que es difícil localizar algo que no somos capaces de definir satisfactoriamente. Nuestra conciencia puede ser un enorme algoritmo que necesita una entidad física para correr, pero no es la entidad física en sí. Somos mente, conciencia, alma. Somos capaces de conocer el interior de las estrellas pero no de definir nuestra existencia más íntima. Nuestra intuición nos dice qué es la vida pero nuestra inteligencia apenas es capaz de definirla. Que ligera y breve mente individual, la materia, el polvo, adquiriendo conciencia y preguntándose qué soy, qué somos, qué es todo este extraño y contingente mundo que nos rodea. Al fin y al cabo, no tiene porqué ser, pero es.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Papá, ¿porqué el mar es salado?

Salinas de Cádiz
Estos días hemos pasado buena parte de nuestro tiempo sumergidos en el mar. En mares salados, muy salados. ¿Nunca os habéis preguntado
el motivo por el que los mares son salados y los ríos dulces? Pues aquí os dejo la respuesta, que además es bastante curiosa y paradójica.

Los causantes de que los mares sean salados son los ríos y su agua dulce. El agua de la lluvia al caer se mezcla con el CO2 del aire, volviéndose ligeramente ácida. Al caer, esta acidez disuelve las sales minerales de la tierra sobre la que se precipitan. Éste agua y las sales disueltas van fluyendo hasta los ríos. Los ríos, en su paso a lo largo de los continentes, siguen disolviendo en sus aguas las sales minerales presentes en la tierra que atraviesan y las transportan siempre hacia los mares en los que desembocan. No es una gran cantidad, de hecho la concentración no es suficiente para que notemos su salinidad al beberla, pero es una fuente constante de sales para los mares.

Por tanto, tenemos una fuente constante de agua ligerísimamente salada que llega a los mares y océanos, y una cantidad de agua prácticamente igual que desaparece de éstos por evaporación. Ésta agua que se evapora no lo hace con la sal del mar, se evapora únicamente H2O. Por tanto, vemos que en los mares entra sal a través de los ríos, y ésta sal no sale a través de la evaporación, por lo que permanece en las aguas de los mares y océanos hasta alcanzar, después de millones de años de proceso, los niveles actuales de sal en los mares, que es de un 3,5%. Hay una notable excepción. Hay un mar cuyo nivel está continuamente bajando, pues se evapora mucha más agua de la que le aportan sus ríos. El nivel del agua va bajando, pero la cantidad de sal se mantiene igual, o subiendo ligeramente, por lo que su concentración ha aumentado enormemente a lo largo de miles de años. Se trata, por supuesto, del Mar Muerto.

Una segunda fuente de salinidad de los mares son las chimeneas hidrotermales de los fondos oceánicos. En diversos puntos de los océanos el agua penetra por fisuras en zonas en las que la corteza terrestre es especialmente fina. Al entrar en contacto con el magma interior el agua se evapora violentamente, arrastrando consigo en su ascenso nuevas sales que se suman a las aportadas por los ríos. Existe otro proceso, en el que está involucrada la vida, que evita que la salinidad siga aumentando, pero esa es ya otra historia y debe ser contada en otra ocasión (por Ende).

martes, 4 de septiembre de 2007

Citas. La curiosidad humana

Hoy he tenido un pequeño problema logístico (me he olvidado el pen drive en casa), por lo que finalmente no puedo publicar la entrada que tenía preparada. Además mi jefe está empeñado en que dedique el tiempo que paso en el trabajo a trabajar (maldito tirano). Así que dejo la salinidad del mar para otro día y dejo aquí algunas frases que describen bastante bien la innata curiosidad humana de la que bebe la ciencia.

"Muchos seres humanos son infelices por lo que saben o por lo que desconocen. La ignorancia es una bendición sólo mientras es total; tan pronto como uno se da cuenta de que es un ignorante desea dejar de serlo. Es la famosa curiosidad que mató al gato. En el caso de la humanidad, se trata de un sentimiento profundo y esencial.El deseo de saber, cuando comprendes que no sabes, es universal y probablemente irresistible. Fue la tentación original de la humanidad y no hay mujer ni hombre, y en especial, ningún niño, que pueda luchar contra él mucho tiempo. Pero es un deseo, como dijo Shakespeare, que más crece cuanto más se alimenta. Es imposible saciar la sed de conocimiento. Y cuanto más inteligente eres, más sed tienes." Charles van Doren

"Buscando mi destino, concluyo por pensar que sólo en el buscar consiste mi destino." Mario Sarmiento

"La frase mas excitante que se puede oir en ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos, no es "¡Eureka!" (¡Lo encontré!) sino 'Es extraño ...'." Isaac Asimov

Finalmente se puede resumir en una sencilla cita de Johannes Kepler

"¿Por qué las cosas son como son y no de otra manera?"

lunes, 3 de septiembre de 2007

Retorno con novedad

Ya se han acabado las vacaciones, que como siempre han pasado muy rápido. Para amenizar un poco el retorno a la rutina diaria he decidido crear un nuevo blog, y como todo blogger que se precie, mi segunda bitácora no puede ser de otra temática: la música.


Iré dejando aquí de vez en cuando alguna de esas canciones que por cualquier motivo significan algo para mí, por su calidad musical o por los recuerdos que me evocan.

Después de cuatro semanas de playa y relax, toca volver al trabajo y a las tareas cotidianas. Durante las vacaciones pensé en darle un poco más de peso a las entradas sobre política, ser un poco más comprometido, pero después de darle algunas vueltas, he decidido seguir como siempre, que luego me sube la tensión... Así que seguiré con la ciencia como temática principal del blog, con algunas incursiones esporádicas sobre otros temas cuando me lo pida el cuerpo. Mañana empezaré con una típica pregunta sobre ciencia que nos hacen los niños en la playa y que suele tener la típica contestación: “pues porque sí, hijo...”. Papá, ¿porqué este agua está salada y la de la piscina no?

¡Un saludo a todos!

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