"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

martes, 31 de julio de 2007

Carnaval: “Una chirigota con clase”

Hace tiempo que no inserto un video de carnavales, así que aquí os dejo uno. Se trata de un cuplé de la chirigota “Una chirigota con clase”, del grupo del Love. Consiguieron el primer premio del concurso de agrupaciones de 1.996.

lunes, 30 de julio de 2007

Lectura: “Una Breve Historia de Casi Todo”

Os presento hoy un libro que tiene fama de ser una auténtica joya de la divulgación científica. Llevo unos pocos días leyéndolo, pero solo por la introducción ya merece la pena comprarlo y perderse entre sus hojas y reflexiones. Me voy a tomar la libertad de dejaros aquí algunos párrafos, para ver si os entra el gusanillo y alguien más se engancha, porque son reflexiones realmente fascinantes. El autor, Bill Bryson, es economista, y se acercó a la ciencia por motivos periodísticos. Se expresa maravillosamente bien. El texto que os dejo es un poco largo, pero merece la pena leerlo.

Bienvenido. Y felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees.

En primer lugar, para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, trillones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos muchos años —tenemos esa esperanza—, estas pequeñas partículas participarán sin queja en todos los miles de millones de habilidosas tareas cooperativas necesarias para mantenerte intacto y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.

Por qué se tomaron esta molestia los átomos es todo un enigma. Ser tú no es una experiencia gratificante a nivel atómico. Pese a toda su devota atención, tus átomos no se preocupan en realidad por ti, de hecho ni siquiera saben que estás ahí. Ni siquiera saben que ellos están ahí. Son, después de todo, partículas ciegas, que además no están vivas. (Resulta un tanto fascinante pensar que si tú mismo te fueses deshaciendo con unas pinzas, átomo a átomo, lo que producirías sería un montón de fino polvo atómico, nada del cual habría estado nunca vivo pero todo él habría sido en otro tiempo tú.) Sin embargo, por la razón que sea, durante el periodo de tu existencia, tus átomos responderán a un único impulso riguroso: que tú sigas siendo tú.

De todos modos, debes alegrarte de que suceda. Hablando en términos generales, no es así en el universo, por lo que sabemos. Se trata de algo decididamente raro porque, los átomos que tan generosa y amablemente se agrupan para formar cosas vivas en la Tierra, son exactamente los mismos átomos que se niegan a hacerlo en otras partes. Pese a lo que pueda pasar en otras esferas, en el mundo de la química la vida es fantásticamente prosaica: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, un poco de calcio, una pizca de azufre, un leve espolvoreo de otros elementos muy corrientes (nada que no pudieses encontrar en cualquier farmacia normal), y eso es todo lo que hace falta. Lo único especial de los átomos que te componen es que te componen. Ése es, por supuesto, el milagro de la vida. (...)




Hagan o no los átomos vida en otros rincones del universo, hacen muchas otras cosas: nada menos que todo lo demás. Sin ellos, no habría agua ni aire ni rocas ni estrellas y planetas, ni nubes gaseosas lejanas ni nebulosas giratorias ni ninguna de todas las demás cosas que hacen el universo tan agradablemente material. Los átomos son tan numerosos y necesarios que pasamos con facilidad por alto el hecho de que, en realidad, no tienen por qué existir. No hay ninguna ley que exija que el universo se llene de pequeñas partículas de materia o que produzcan luz, gravedad y las otras propiedades de las que depende la existencia. En verdad, no necesita ser un universo. Durante mucho tiempo no lo fue. No había átomos ni universo para que flotaran en él. No había nada..., absolutamente nada en ningún sitio. (...)

No sólo has sido tan afortunado como para estar vinculado desde tiempo inmemorial a una línea evolutiva selecta, sino que has sido también muy afortunado —digamos que milagrosamente— en cuanto a tus ancestros personales. Considera que, durante 3.800 millones de años, un periodo de tiempo que nos lleva más allá del nacimiento de las montañas, los ríos y los mares de la Tierra, cada uno de tus antepasados por ambas ramas ha sido lo suficientemente atractivo para hallar una pareja, ha estado lo suficientemente sano para reproducirse y le han bendecido el destino y las circunstancias lo suficiente como para vivir el tiempo necesario para hacerlo. Ninguno de tus respectivos antepasados pereció aplastado, devorado, ahogado, de hambre, atascado, ni fue herido prematuramente ni desviado de otro modo de su objetivo vital: entregar una pequeña carga de material genético a la pareja adecuada en el momento oportuno para perpetuar la única secuencia posible de combinaciones hereditarias, que pudiese desembocar casual, asombrosa y demasiado brevemente en ti.

viernes, 27 de julio de 2007

Las dos caras de la Luna

¿Nunca os habéis preguntado porqué la Luna siempre nos enseña la misma cara? Pues voy a intentar explicarlo de una forma sencilla. La primera respuesta es fácil: porque tiene exactamente la misma velocidad de rotación que de traslación, tarda el mismo tiempo en dar una vuelta alrededor de la Tierra que en dar un giro sobre si misma. Pero, ¿porqué es esto así? ¿Es una simple casualidad? ¿Pasa con otros cuerpos celestes?

El causante principal son las mareas. Las fuerzas de marea. La Luna es una masa enorme y cercana a la tierra, por lo que su gravedad nos atrae, aunque de una forma mucho más débil que la de la tierra, evidentemente. La fuerza gravitatoria de la Luna, como todos sabéis, atrae también al agua de la Tierra, provocando, junto con la rotación terrestre, la aparición de las mareas. El agua que se encuentra justo bajo la Luna es atraída por su gravedad, aumentando su nivel. Lo mismo sucede con los mares que están justo en el punto contrario de la Tierra, como sucede si cogemos una pelota de tenis y apretamos fuerte con las manos a su alrededor. El movimiento de rotación de la tierra hace el resto, haciendo que las mareas se vayan desplazando alrededor de la tierra a un ritmo de dos mareas por día, aproximadamente.

Pero desplazar toda esa inmensa masa de agua no es gratis. La energía necesaria es enorme. Además hay consumos también gigantescos debidos al rozamiento de estas masas de agua en sus movimientos de marea. La energía necesaria para mover todos los océanos de la Tierra dos veces al día sale del fenómeno que los provoca, el movimiento de rotación terrestre. Y no solo los océanos sufren los efectos de las mareas, también los continentes sufren estas fuerzas y se elevan ligerísimamente al ritmo del paso de la Luna.

Todas estas fuerzas de marea se obtienen, como ya he comentado, del movimiento de rotación de la Tierra, reduciéndolo a un ritmo lento, un segundo cada mil años. Es decir, hoy los días duran dos segundos más que durante el Imperio Romano, por poner un ejemplo.

Y exactamente lo mismo ocurría con la Luna, con la diferencia de que la fuerza de atracción de la Tierra sobre la Luna es mucho mayor que la de la Luna sobre la Tierra. Además, la poca masa de la Luna hace que tenga una energía de rotación mucho menor. En principio, hace miles de millones de años, la Luna no mostraba siempre la misma cara, ya que daba una vuelta sobre si misma cada 4 horas, en lugar de las 24 horas actuales. Iba girando, mostrando a la Tierra una cara diferente a cada instante, provocando en su superficie los mismos efectos de marea que se dan en la Tierra, pero mucho más fuertes. Este movimiento, al igual que en nuestro planeta, fue reduciendo lentamente su giro, hasta llegar a un punto en el que nuestro satélite empezó a mostrarnos siempre la misma cara. Una vez llegado a este punto, ya no había una marea desplazándose por la superficie lunar, por lo que no había gasto energético, quedando la Luna permanentemente en esa posición de equilibrio. La Luna continuará mostrándonos la misma cara indefinidamente, lo cual, como veis, no es ninguna coincidencia, sino consecuencia inevitable de la gravitación y del rozamiento. Y exactamente lo mismo sucede con infinidad de satélites y planetas extrasolares.

De todos modos, nada es eterno, y esa familiar cara también terminaremos perdiéndola. La Luna se está alejando de la Tierra, se escapa de ella, a un ritmo de 38mm por año. Ahora está a 384.000Km, pero hace unos miles de millones de años estaba a 21.000Km, más cerca que los satélites geoestacionarios. Debía ser un espectáculo inmenso, una Luna candente, rojiza, ocupando una cuarta parte de la bóveda celeste. Pero la Luna se alejó, se aleja, y se seguirá alejando. Tarde o temprano abandonará nuestro planeta dejándonos solos en la inmensidad del espacio.

miércoles, 25 de julio de 2007

Espacio profundo

Comprendo que es difícil de entender, pero la primera vez que vi esta fotografía se me puso la piel de gallina. Se trata de una foto tomada por el telescopio espacial Hubble el 15 de Enero de 1996. Realmente la foto se obtuvo apuntando a una pequeña región de la bóveda celeste durante 12 días, ya que la luz que nos llega de estas lejanísimas galaxias es extremadamente débil. Quien no se estremezca al contemplar esta foto es que no comprende todo lo que está viendo.

Lo que estamos viendo es un racimo de antiquísimas galaxias, formadas poco después del inicio del universo. Estamos viendo un grupo de galaxias tal y como eran hace unos 13.000.000.000 años (¡trece mil millones de años!) Muchas de ellas presentan un característico color rojo debido al efecto doppler, debido a que se están alejando de nosotros a una velocidad considerable. Son, cada una de ellas, galaxias, universos isla, que jamás podremos conocer, ni en toda la historia futura de la humanidad, lleguemos a donde lleguemos. Nunca jamás estarán tampoco tan cerca de nosotros como en este mismo instante. Esos puntitos de luz están compuestos, cada uno de ellos, por miles de millones de estrellas como nuestro sol. No las que vemos ahora, que están ya todas muertas, sino sus hijas, ya ricas en elementos pesados. Cada uno de esos puntitos de luz roja es toda una Vía Láctea, un inmenso e inabarcable océano de planetas, de estrellas, de gigantes gaseosos y planetas rocosos como el nuestro. Cada uno de esos puntitos encierra historias asombrosas.

Hoy sabemos que la probabilidad de que exista vida en cada rincón del universo es extremadamente alta. Se diría que la vida es un imperativo de las leyes físicas. Si esta visión es correcta, esta foto rebosa vida. Cada uno de sus puntitos encierra infinidad de historias cotidianas, de naturalezas extrañas, de ecosistemas inimaginables por nosotros, y que nunca jamás conoceremos. Encierra infinidad de conciencias, quizá parecidas a la nuestra. Encierra extraños animales, civilizaciones, guerras, luchas por la supervivencia. Encierra sentimientos, amistades, historias inconfesables, duras, amables, grandes dramas y enormes felicidades. Quizá, posiblemente, alguna de ellas encierre progresos técnicos inimaginables, quizá existan en esa foto grandes civilizaciones que lograron trascender de sus pequeños planetas para conquistar toda una galaxia, y siguen siendo absolutamente invisibles para nosotros, y nosotros para ellos. Para ellos toda nuestra inmensa galaxia será un debilísimo puntito rojizo perdido en la infinidad del espacio, allá por los albores del tiempo.

Éstos, nuestros hermanos en el universo, formados por el mismo barro que nos da forma a nosotros, a nuestras mentes, ignoran, y así lo harán por siempre, la existencia de esta pequeña motita de polvo llamada tierra por unos pocos de sus insignificantes habitantes. Si cada uno de los seres humanos esconde infinidad de historias, de sentimientos, si cada persona que alguna vez ha pisado esta tierra se ha llevado consigo unas vivencias que jamás recuperaremos, que se olvidarán por siempre en la inmensidad del universo y la eternidad del tiempo, ¡qué no esconderán cada uno de estos pequeños y debilísimos puntitos de luz roja!

lunes, 23 de julio de 2007

Postblema: El Hotel de Hilbert

Hoy os voy a dejar aquí un juego matemático, a petición de Garib, el hotel infinito de Hilbert. Es, sobre todo, una demostración de lo mal que manejamos el concepto de infinito. Será, quizá, porque realmente el infinito no existe. ¿O sí? Os voy a presentar dos casos.

Caso A

Esta noche vamos a alojarnos en un hotel. Concretamente en el Hotel de Hilbert. Se trata de un maravilloso hotel de infinitas habitaciones. Llegamos a la recepción y preguntamos amablemente por una habitación para pasar la noche. Pero ante nuestra sorpresa nos responden...
-Lo siento mucho, señor, pero no tenemos habitaciones disponibles.
-Pero...¿cómo es eso posible? ¿No tienen ustedes infinitas habitaciones? Si tienen infinitas habitaciones deben tener una libre para mí.
-Tenemos infinitas habitaciones, pero hoy tenemos también infinitos clientes, por lo que tenemos todas las habitaciones ocupadas.

¿Cómo podemos convencer al recepcionista de que, efectivamente, tienen habitaciones libres para mí?


Caso B

Ahora el hotel seguro que se verá desbordado, pues no va a recibir a un cliente, sino a una excursión de infinitos miembros. ¿Seguro que se verá desbordado? Una excursión de infinitos miembros en un hotel ya lleno es realmente mucha gente, incluso para un hotel como el Hotel de Hilbert. Pero con la experiencia obtenida en el caso anterior, seguro que el recepcionista es capaz de alojar a todo esta infinidad de clientes.

¿Cómo alojar a un conjunto infinito de clientes?

viernes, 20 de julio de 2007

Somos polvo de estrellas

Ésta era una de las frases más célebres de Carl Sagan, “somos polvo de estrellas”. Pero la frase se hizo célebre básicamente por su nivel estético, por su romanticismo, como metáfora celestial de una cosmovisión homocéntrica muy alejada de la intención real de este genio de la divulgación científica. La intención real de la frase es su interpretación literal. Somos literalmente polvo de estrellas. Todas las partículas que componen nuestro cuerpo, nuestros huesos, corazón, nuestra sangre, cerebro, mente, conciencia, nacieron en los hornos de fusión atómica que son las estrellas. Cada uno de los átomos que nos componen, el carbono, el sodio, el oxígeno, todos, se formaron en el interior de estrellas anteriores a nuestro sol. Estrellas que al morir expulsaron al espacio, en sus últimas y violentas convulsiones, todas las materias primas que con el paso de millones de años formaron los planetas y todo lo que en ellos existe, incluida la vida, nuestra vida. Dejo aquí un video, una pequeña obra de arte, en el que el propio Carl Sagan explica, mucho mejor que yo, porqué somos polvo de estrellas.

martes, 17 de julio de 2007

Diez años en Marte

El 4 de julio de 1997 aterrizaba (amartizaba quizá sea más correcto) en Marte una ambiciosa misión de exploración, la nave Mars Pathfinder, de la NASA. Ayudada por paracaídas y por una serie de airbags, se posaba en suelo marciano, en una antigua llanura de inundación situada en la zona de desagüe de los canales Ares y Tiu. Dentro llevaba un pequeño tesoro, el rover Sojourner. Por primera vez un vehículo creado por el hombre se movía sobre la superficie marciana. Allí quedaron impresas las primeras huellas de la humanidad en otro planeta. Fue otro gran paso.

Las imágenes que la misión nos mostró presentaban un paisaje desolador, árido. Un paisaje extraterrestre pero con un perturbador parecido a muchos rincones de la Tierra. Al fin y al cabo es otro puntito igual que el nuestro, compuesto por los mismos materiales, solo que rojo en lugar de azul pálido. También podía haber sido nuestra casa.


Esta es una de las imágenes más conocidas por los aficionados. Muestra los alrededores de la Estación Memorial Carl Sagan, como fue rebautizada la zona de aterrizaje. Hacia la derecha podéis ver una gran roca, bautizada como Yogui. Justo al lado de ésta se encuentra el rover, analizando la composición de dicha roca. Desde el rover hasta el lander se pueden observar esas primeras huellas dejadas por la humanidad en Marte.

Las operaciones para manejar el rover no eran fáciles, y poco era el tiempo operativo. La primera dificultad radica en que las comunicaciones con la tierra llevan un retardo mínimo de 40 minutos. Eso obliga a mandar un pequeño paquete de información, esperar a que llegue a Marte, que el rover ejecute las órdenes, que mande los resultados a la Tierra y que sea analizado por los técnicos. Entonces, a pensar en el siguiente paso, horas después se podría mover otros centímetros más. La segunda dificultad está en que las comunicaciones con la Tierra no se pueden mantener continuamente: llega un momento en el que la Tierra se pone bajo el horizonte marciano y la nave queda completamente aislada de sus padres, roto su cordón umbilical. La duración del día marciano es muy semejante al terrestre, de unas 24,5 horas. El año no es tan parecido: un año marciano equivale, aproximadamente, a dos años terrestres. Por este motivo las ventanas óptimas de lanzamiento, y los lanzamientos, solo se producen cada dos años.


Finalmente, el 10 de marzo de 1998, la nave Mars Pathfinder dejó de comunicarse con la Tierra. Se siguió intentando conectar con ella, pero finalmente fue declarada muerta. La causa final de la pérdida de comunicaciones no ha sido aclarada, aunque se apunta a un fallo software. No obstante, la misión cumplió una gran parte de sus objetivos, y se consideró un rotundo éxito. Quedan allí, a cientos de millones de kilómetros de su origen, los restos desperdigados por la humanidad en nuestro torpe avance hacia el conocimiento del entorno que nos rodea. Perdido para siempre entre el fino polvo marciano.

domingo, 15 de julio de 2007

La fila familiar

Continuando con el post de la familia humana, hoy voy a realizar un nuevo ejercicio mental. Consiste en una fila, una fila como la de cualquier ventanilla de la administración, aunque un poco más larga. El primero en esa fila soy yo. Justo detrás de mí está mi padre, detrás de él mi abuelo, luego mi bisabuelo, mi tatarabuelo y así sucesivamente. Cada uno de los miembros de esta extraña fila está a medio metro del que le precede. Como referencia más o menos conocida voy a situar a esa primera persona, yo, en el kilómetro 0 de la puerta del Sol de Madrid, y voy a darme un paseíto por toda la fila.

A los pocos segundos de empezar a andar ya veo cambios significativos. Pero son cambios solo en el vestuario. Apenas a dos o tres metros del kilómetro cero, ya veo personas vestidas del siglo XIX. Los cambios son velocísimos, en unos metros veo alguna armadura medieval, y antes de abandonar la plaza veo a mis antepasados vestidos de auténticos romanos (como efectivamente eran). Voy bajando por la calle de Alcalá, cruzándome en un abrir y cerrar de ojos, con egipcios del siglo XX a.C. Antes de llegar al cruce con la calle Sevilla, la fila se ha convertido en una sucesión de hombres con vestimentas sencillas de lino y algodón, precediendo a una larga fila de cazadores-recolectores vestidos con pieles de animales. Y aun no hemos llegado a la Gran Vía...

Este tramo de cazadores se prolonga durante un buen rato, llegando a la plaza de Cibeles y continuando por la calle de Alcalá. Eso sí, poco a poco se va notando que la vestimenta va siendo más sencilla, las pieles van dejando de estar cosidas por finos hilos y empiezan a estarlo con cuerdas confeccionadas por juncos u hojas de palmera. En la fila llegamos a una zona con vestimentas mucho más gruesas, de piel de mamut y semejantes. Debían pasar mucho frío. A todo esto aun no hemos salido de Madrid. Una vez llegados a este punto, la fila empieza a tornarse cada vez más homogénea. Es imposible diferenciar a cada individuo del que le antecede. Transcurre durante muy pocos cambios mientras cogemos la M30 en dirección a la carretera de Barcelona.

Antes de llegar a San Fernando de Henares ya vamos notando una extrañeza en los rostros de nuestros más directos antepasados. El rostro ya no nos es tan familiar. Las pieles con las que se cubren son más bastas, pero sobre todo el rostro está dejando de ser como el nuestro. Hace un rato que a nuestro lado hay una fila paralela formada por unos hombres parecidos a nosotros, el neandertal. Llega un momento en el que es imposible distinguir a los individuos de las dos filas, hasta que llegamos a un punto en el que las dos filas se unen. Tenemos un hombre con otros dos delante. Dos de sus hijos. Se parecen mucho, hasta podrían ser gemelos. Pero la descendencia de uno de ellos, con el paso de las generaciones, se desvió de nuestra rama directa para formar la de nuestros primos evolutivos.

Y a partir de aquí, los cambios se hacen desesperadamente lentos. Pasamos Alcalá de henares y esa fila, de hombres cada vez más bajos, se va tornando poco a poco más simiesca. Camino de Guadalajara la fila se compone por hombres con la frente hundida, grandes mentones y sin barbilla. La capacidad craneal ha disminuido significativamente y los brazos se han alargado algo. A los 160Km de Madrid nos encontramos con Lucy, una Australopitecus afarensis, el límite de la familia de los hominidos, de los hombres. El aspecto ya es claramente simiesco.

Ya en Zaragoza esta fila está compuesta por chimpancés. Bueno, más bien por el ancestro común de la humanidad y de los chimpancés. Alguno de estos individuos, ascendientes directos nuestros, es también ascendiente directo de los chimpancés. Un poquito más lejano, pero también son nuestros primos. Notar que en un viaje desde Zaragoza a Madrid, es decir, desde el ancestro común con los chimpancés hasta nosotros mismos, no nos encontraríamos con un descendiente nuestro ya plenamente humano hasta las afueras de la capital.

De momento haré noche en Zaragoza, pero otro día continuaré el viaje a ver que me depara mi historia evolutiva en Barcelona, o en París, o en Moscú, o más allá, mucho más allá. Pero mejor ir poco a poco.

ACTUALIZACIÓN: La fila familiar (II), el viaje continúa...
ACTUALIZACIÓN: La fila familiar (III), el final del viaje...

miércoles, 11 de julio de 2007

Investigación espacial en nuestra vida diaria

Cada vez que se hacen públicas las millonarias inversiones en nuestra aventura espacial surgen voces críticas, nacidas de la demagogia o del desconocimiento, que alzan la voz contra un gasto que piensan exagerado e inútil. Para muchos es tirar el dinero. En nuestro día a día no somos conscientes de que vivimos rodeados de productos nacidos para el espacio.

Podemos empezar el análisis con la rentabilidad económica. Diversos estudios apuntan que por cada dólar invertido por EEUU en la carrera espacial, han obtenido tres gracias a los productos patentados en su investigación. Aun hay muchos que no quieren enterarse de las bondades de la inversión (no gasto) en I+D. Son inversiones a largo plazo, y pocos miran más allá de unos pocos meses.

El segundo punto, impagable para los amantes de la ciencia, del saber, del avance tecnológico, de la innata curiosidad humana, es el conocimiento de nuestro entorno, del inmenso escenario en el que vivimos. Supongo que pocos, fuera del mundo académico y teórico, saben qué es un pulsar o dónde está la nube de Oort. Los agujeros negros, exoplanetas o estrellas de neutrones les parecen temas de ciencia ficción. Es difícil hacer ver que ese universo es en el que estamos inmersos todos, en el que transcurre toda nuestra vida a merced de sus leyes, que tan real es un agujero negro o un asteroide como el monitor que estás mirando ahora mismo.

Por último, los beneficios que disfrutamos en nuestra vida diaria gracias a la investigación espacial son realmente sorprendentes. Algunos tan sencillos como el film transparente para congelar o el papel de aluminio. Gracias al espacio tenemos pañales de usar y tirar, y podemos comunicarnos mediante móviles. En el campo de la medicina los avances han salvado millones de vidas gracias a productos originados en la investigación espacial, como el marcapasos, la cirugía láser, las ecografías. También se han salvado vidas gracias a los detectores de humo. Usamos diariamente los códigos de barras, sin los cuales hacer la compra sería algo muchísimo más lento, además de los beneficios en el manejo de stock para cualquier empresa. Todos los días usamos pasta de dientes o gafas de sol, o productos con velcro o recubiertos por teflón, o herramientas inalámbricas, o el microondas, o los discos compactos y DVDs, también todos ellos productos derivados de la investigación espacial. Eso por no hablar de la navegación GPS o de la televisión vía satélite, de la información meteorológica obtenida por satélites geoestacionarios, o de la información obtenida por toda la enorme flota de satélites de diverso tipo que vuela silenciosa sobre nuestras cabezas: deforestación, riadas, terremotos, niveles de ozono, glaciales, incendios forestales, cosechas, bancos pesqueros, poblaciones marinas a proteger, etc, etc, etc. Sin la investigación espacial no tendríamos un google earth para planificar nuestros viajes y sería imposible mantener en el aire una flota de aviones tan grande como la que hay en cada momento volando, por lo que viajar por el mundo sería algo muchísimo más caro.

Audífonos digitales, bombas cardiacas en miniatura, telas resistentes al fuego, detectores de minas, sistemas de reciclado y purificación de agua. La inmediatez de las noticias se la debemos a la red de satélites de telecomunicaciones, que han convertido el mundo en una aldea global.

La vida moderna sería muy diferente sin los productos que nos están cayendo desde el espacio día a día. Si no continuamos con esta investigación nos estaríamos privando de infinidad de productos que mejorarán nuestra calidad de vida, salvarán infinidad de vidas (quizá la nuestra) y, lo que es peor, quedaremos ciegos a la verdad que se esconde en las estrellas.

martes, 10 de julio de 2007

Premios Thinking Blogger Award

Con un poco de retraso, pero recojo hoy en premio que me ha dado mi buena amiga Blanca como blog que le hace pensar. El Thinking Blogger Award. Aquí lo tenéis, ¡tachaaaaaan!

Lo primero, por supuesto, agradecer a Blanca el premio que tanto me ha ilusionado, ya que mi blog aun no ha cumplido ni un mes de modesta presencia en la blogosfera. Lo segundo, como premiado, me toca dar a mi vez otros cinco premios a los blogs que me hacen pensar. Ardua tarea, pero aquí van mis premiados:

-Dardo por “Kerigma:Civitas”. Este primer premio era obligado, a mi querido amigo conservador que de tantos apuros me ha sacado cuando yo, insensato por naturaleza, me meto en fregados a los que nadie me ha llamado. Posiblemente el blog con mayor nivel literario que yo conozca y, desde luego, el blog del que estoy ideológicamente más cerca.

-Garib por “Blogger en un cubo”. El blogger de los microposts. No le hace falta más, suelta un párrafo y te quedas, ooooooooh, a pensar... Aunque a veces me mete caña política, nos compenetramos mejor cuando hablamos de ciencia.

-Blanca por “Utopía existe”. Especialista en darme una de cal y otra de arena, nuestra abuela bloguera es sin duda la más comprometida que conozco. Desde luego tiene sangre en las venas, y nunca se va a callar su opinión. Su blog es un compromiso con sus ideales, y se expresa como nadie.

Además, voy a dar dos de los premios a dos bloggeros que realmente no me conocen, ya que a pesar de que leo sus entradas con auténtica pasión nunca les he hecho comentarios. Son dos blogs que contribuyen a la divulgación científica de la forma más amena posible. Ahí van:

-Alf por “MalaCiencia”. Interesantísimo blog que engancha como pocos. Tiene una forma muy amena de explicar la ciencia, y suele darle a las entradas un tono de humor que realmente divierte mucho. Para los expertos y para los profanos, altamente recomendable.

-Sergio L. Palacios por “Física en la Ciencia Ficción”. Otro blog científico de lo más entretenido. Dedica las entradas a temas típicos de ciencia ficción, explicando detalladamente qué hay de ciencia y qué de ficción. También tiene su buen toque de humor. Otro especialista en hacer amena y divertida la ciencia. Un lujo.

Me dejo fuera a muchos blogs que leo diariamente y que me encantan, pero solo podía nombrar a cinco. Y dedicar dos de ellos a la ciencia me ha hecho dejar sin premio a amigos que sin duda se lo merecen.

lunes, 9 de julio de 2007

La escala del universo

Nuestra mente difícilmente puede abarcar la verdadera escala del universo. Este video que hoy incrusto aquí, a mí particularmente me estremece. Es simplemente una sucesión de planetas y estrellas todos a la misma escala. Hace que veamos el tamaño real de nuestra pequeña mota de polvo (es optimista llamarla así) en la inmensidad del universo. Y más si tenemos en cuenta que la mayor de las estrellas, que en el video parece espectacular, no es más que un pequeñísimo faro en mitad de la vastedad. Espero que disfrutéis con este video como lo he hecho yo.

viernes, 6 de julio de 2007

La familia humana

Hoy voy a hacer un ejercicio matemático sencillo y curioso. Voy a ir ascendiendo en mi árbol genealógico. Como todos los seres humanos, tengo dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, 16 tatarabuelos y así sucesivamente... Como vemos, es una serie de lo más sencilla, 2^n , donde n es el número de generaciones. De esta manera podemos calcular muy fácilmente nuestro número de ascendientes a través de las generaciones. Es decir, a través del tiempo.

Por ejemplo, vayámonos 10 generaciones atrás, a los abuelos de los tatarabuelos de mis tatarabuelos. Aplicando esta sencilla fórmula, veo que está formada por 1024 personas. Si contamos una generación cada 25 años, nos iríamos 250 años atrás. Es decir, allá por 1.750 vivían en el mundo 1024 antepasados míos que con el paso de los años tendrían un descendiente bloguero.

Ahora nos vamos un poco más lejos, 20 generaciones. Operando de la misma manera que antes, obtenemos que tengo aproximadamente un millón de ascendientes pertenecientes a la misma generación. ¡un millón! Y estamos aproximadamente solo en el año 1.500.

En el tercer y último salto que vamos a dar, retrocederemos 30 generaciones para situarnos en el año 1.250, en plena edad media. Aplicando la formulita una vez más, vemos que tenemos más de mil millones de ascendientes pertenecientes a la generación número 30. En esa época, la población mundial no llegaba a 500 millones de habitantes. Con este resultado es evidente que a medida que retrocedemos en el tiempo nuestros antepasados se van entrecruzando, resultando que en apenas 750 años todos tenemos prácticamente los mismos antepasados, todos provenimos de las mismas personas, no tan lejanas. Es decir, que si retrocedemos en el tiempo apenas siete siglos, nos encontramos con que nuestras raíces se extienden por prácticamente todo el mundo. ¿Quién pude presumir de familia, de descender directamente o ser familiar de Alfonso X, de Mendel, de Leonardo Da Vinci o de Trajano? Realmente todos. Todos tenemos sangre castellana, catalana, francesa, india, china, etíope, etc, etc, etc

Todos nosotros tenemos los mismos ascendientes, formamos parte de la misma familia. Nos separa un número despreciable de genes dentro de nuestros cromosomas, un número ínfimo. Visto esto se tornan absolutamente absurdos los localismos, los nacionalismos, las fronteras, las identidades colectivas, pues lo colectivo abarca a toda la humanidad. Todos y cada uno de nosotros somos una misma familia. Pero no en sentido figurado, sino literalmente. Todos estamos emparentados, con raíces mil veces entrelazadas. Y lo mismo pasará con nuestros descendientes. En un futuro, todos nosotros volveremos a estar de nuevo emparentados. Con absoluta certeza puedo decir que Blanca, Animal, Dardo o yo mismo tenemos muchos ascendientes comunes, y tendremos descendientes comunes. Si viviéramos lo suficiente nos reuniríamos para conocer a nuestros tatatatataranietos comunes, sangre de nuestra sangre. Sangre de nuestra sangre, es decir, de toda la humanidad. Cada persona que nos encontramos por la calle, en el parque, el metro, todos los que vemos en la tele o escuchamos por la radio, todos los autores de blogs y compañeros de trabajo son nuestros primos lejanos, y serán consuegros lejanos. Absolutamente todos. La familia humana.

jueves, 5 de julio de 2007

Carnaval: los yesterday

Esta semana dejo aquí un pasodoble de la Chirigota de Juan Carlos Aragón del año 1.999 dedicado a Andalucía. Esta vez es una crítica dura y ácida a la sociedad andaluza. Los carnavales no son solo gracias y bromas, también tiene mucho de crítica social. Y en este caso de autocrítica.

miércoles, 4 de julio de 2007

Meme del ocho

Me lanzó ayer Maripuchi mi primer meme, así que ya estoy dispuesto para estrenarme en este subcapítulo de las bitácoras. Se trata de contar públicamente ocho asuntos que me gustan, ocho aficiones, curiosidades o gustos. Allá van:

1.- Me gusta la lectura. Como a casi todos, así que concretaré un poco más. Me gusta la literatura de divulgación científica, ensayos científicos. Me gusta la literatura de ficción científica (tipo “Contacto”, “Marte Rojo”, o “Cánticos de la Lejana Tierra”), NO me gusta la literatura de ciencia ficción (tipo “”Guerra de las Galaxias”). Me gusta también la novela histórica y antropológica. Me gusta “El Señor de los Anillos”, tanto la novela como la película, y toda la obra de Tolkien. Y como buen seguidor de Tolkien, me gustan los juegos de rol

2.- Me gusta el ajedrez, aunque en los últimos años no lo practico mucho. No se me daba mal del todo, aunque claro, la falta de práctica me ha hecho olvidar todo lo aprendido.

3.- Me gusta la playa. Más que la playa, el mar. En verano, en invierno, de día o de noche. Para pasear, para tostarme, jugar un partidito, un mus, una barbacoa, tomar un café en un chiringuito, ver una puesta de sol...

4.- Me gustan los juegos de ordenador. Sí, me encantan, sobre todo los juegos de estrategia, de simulación, los sociales, los de rol. Me gustan y no tengo tiempo.

5.- Me pierden los gadgets. De todo tipo. MP3, nintendo DS, PDA, marcos digitales, cámaras... cualquier aparatito electrónico para facilitar cualquier labor, o para perder el tiempo.

6.- Un secreto inconfesable: me gusta el scalextric. Tengo kilómetros de pistas y caravanas de coches en el trastero. Rara vez los saco, pero siempre me ha gustado.

7.- Me gustaría dormir más, porque desde que soy padre no puedo dormir más de tres o cuatro horas seguidas. Si no es uno es el otro. ¡Quiero dormir ocho horas!

8.- En la lista tengo que poner una ciudad que me apasiona: Roma. Me gusta pasear por los foros, el palatino, el coliseo, el Panteón, la piazza Navona, la plaza de San Pedro, la basílica, el Vaticano, las catacumbas, la via del corso, la de los foros imperiales, la fontana de trevi, la via de la conciliación, san pietro in vinculis, santa María la Mayor, San Pablo extramuros, la escalera santa, el trastévere, el castillo de Sant Angelo, la isla tiberina, el museo capitolino...

Y sin más, paso a lanzárselo a cuatro personas (que como dice Maripuchi, ocho son excesivos, y además casi no conozco tantos blogueros). A Viajero del Tiempo, para animarle a que siga adelante con su nuevo blog. A Dardo, para cambiar por un día el chip por algo más mundano. A Blanca, nuestra abuela moderna y peleona. Y a Garib, nuestro hombre del sable (¿le gustará el universo de Star Wars?).

Aquí lo dejo!

martes, 3 de julio de 2007

Lectura: “Amalur, del Átomo a la Mente”

Ya va siendo hora de que reserve un pequeño rincón para la lectura, así que ahí dejo la primera referencia, en este caso, como no podía ser de otra manera para empezar, de temática científica. Más bien de humanismo científico, que es lo que realmente me apasiona. Amalur es el nombre con el que los antiguos vascos denominaban a la madre tierra, la divinidad que dio origen al universo, creadora del sol, las estrellas y todos los seres vivos que pueblan nuestro planeta. Le tengo también especial cariño a este libro por el hecho de tenerlo dedicado del puño y letra de sus dos autores, Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martinez.

Este primer libro que voy a recomendar es renacentismo del siglo XXI. Un precioso intento de abarcar todo el camino andado por la materia para formar una mente. ¿Cómo puede la materia inanimada formar una conciencia, unos sentimientos? La ciencia nunca lo ha explicado, y posiblemente nunca lo hará. Es una pregunta cuya respuesta hay que buscarla en la religión, en la fe o en la falta de ella, pues sinceramente creo que nunca una mente podrá comprender su propio funcionamiento. Como dice una famosa cita, no recuerdo de quién “si nuestro cerebro fuera lo suficientemente simple como para que pudiéramos entenderlo, entonces seríamos demasiado tontos como para entenderlo”.

Aunque el subtítulo del libro se antoje a primera vista excesivamente pretencioso, el viaje en el que nos embarcamos al abrirlo es ciertamente apasionante, un viaje desde la base de la materia hasta la formación de una mente. Todo desde un punto de vista científico, con sus logros y sus lagunas. No se encuentran en este libro pretensiones religiosas, únicamente científicas, simplemente explicar de un modo lo más sencillo posible la maravilla que supone que un conjunto de materia compuesta por simples átomos pueda agruparse para formar una conciencia. Para ello explica de forma muy amena el camino que ha recorrido la vida desde que las primeras células, antiquísimos antepasados directos nuestros, aparecieran sobre la tierra.

Autores:

Juan Luís Arsuaga (Madrid, 1954) es sin duda el paleontólogo español más reconocido. Autor de numerosos libros antropológicos como “La Especia Elegida”. Conocido internacionalmente por sus trabajos en los yacimientos pleistocenos de la sierra de Atapuerca, y, sobre todo, por su gran capacidad divulgativa y su pasión por el pasado de la humanidad, nuestro pasado. En 1992, el hallazgo en la Sima de los Huesos de dos cráneos muy completos, además de otros restos, causó gran impacto en la comunidad científica internacional, y el hallazgo, dos años después, del Homo antecessor marcó un hito, porque según Arsuaga se trata del hombre que colonizó Europa hace unos 800.000 años.

Ignacio Martínez es profesor de ciencias Naturales en el Instituto de enseñanza Secundaria Satafi, colaborador del departamento de Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense y miembro, desde 1984, del Equipo de Investigaciones de los Yacimientos Pleistocenos de la sierra de Atapuerca. Asimismo, es autor de numerosos artículos en las más importantes revistas científicas del mundo.

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