"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

martes, 30 de octubre de 2007

Esperanza de vida

La vida es sorprendente hasta límites insospechados. Leo hoy que se ha encontrado un animal que tiene la friolera de 410 años de vida. Se estima, con mucha precisión, que nació en 1.597. Coetáneo de William Shakespeare o de mi tocayo Miguel de Cervantes. Lo que puede ser más sorprendente de esta noticia es que ese ser vivo es ¡una almeja! El día que hemos conocido que la esperanza de vida en España supera por primera vez los 80 años nos enteramos de que algunos de esos bichillos que nos comemos alegremente tan a menudo superan esa edad en cientos de años. Podemos conocer con exactitud su edad de un modo parecido a como sabemos la edad de los árboles, por las capas que cada cambio estacional crea en su concha. Solo tenemos que contarlas.

También llama poderosamente la atención que la esperanza de vida en España, como por otra parte era de esperar, es mayor en las comunidades más desarrolladas y menor en las menos desarrolladas. Así, el hecho de vivir en Andalucía hace que muramos tres años antes que si vivimos en Madrid. Era de esperar, pero no por ello deja de ser triste constatarlo.

Con respecto a la longevidad de esta almeja, conviene recordar que todo lo que podemos registrar es un pequeño pellizco en la biosfera, no son más que unos pocos especimenes de un mundo rebosante de vida. Así, es de esperar que el record de longevidad supere ampliamente el de esta almeja tetracentenaria. Eso sí, imaginar los 410 años de vida de este molusco puede ser realmente aburrido.

Hace poco más de un año ya causó sorpresa la muerte de la tortuga Harriet a sus 176 años de edad. Sorpresa por su edad y por ser una de las tortugas que Charles Darwin estudió en su viaje a bordo del Beagle. La vida nunca dejará de sorprendernos.

lunes, 29 de octubre de 2007

Cita. El ser humano

"Es posible que el Cosmos esté poblado con seres inteligentes. Pero la lección darwiniana es clara: no habrá humanos en otros lugares. Solamente aquí. Sólo en este pequeño planeta. Somos no sólo una especie en peligro sino una especie rara. En la perspectiva cósmica cada uno de nosotros es precioso. Si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias." Carl Sagan

Síndrome de abstinencia


No lo he tenido nunca, pero conocer su ausencia ya me crea un enorme síndrome de abstinencia, sudores, irritabilidad, nerviosismo. Esta es una llamada de auxilio a la blogosfera. Necesito este libro, como sea. “El mundo sin nosotros”, una visión rigurosamente científica de cómo sería el mundo tras una súbita desaparición de la especie humana. Cómo la naturaleza retomaría su evolución y asimilaría los cambios en la composición atmosférica provocados por el hombre, cómo acabaría la deforestación, qué especies estarían destinadas a la extinción sin nuestra presencia y cuales florecerían. Aun no está editado en España, ni traducido al castellano. Pero lo necesito ya.

viernes, 26 de octubre de 2007

La (posiblemente) peor expedición científica de la historia

Posiblemente ésta sea la expedición científica más desgraciada de toda la historia. O por lo menos una de ellas. Corría el año 1.735 cuando la Real Academia de Ciencias Francesa organizó y financió una expedición científica a Perú con el objetivo de medir la longitud de un grado de meridiano, para con ello determinar con exactitud el tamaño de la Tierra. Esta expedición fue encabezada por el hidrólogo francés Pierre Bouguer y el matemático, también francés, Charles Marie de La Condamine, e intentaron medir ese grado en una línea recta que iba desde Quito hasta Cuenca, Ecuador, a lo largo de 320 kilómetros a través de los Andes y de la selva.

Os preguntaréis porqué se embarcaron en esa peligrosa expedición cuando podían haberlo medido sin salir de Francia, ¿no? Pues hoy en día nos lo seguimos preguntando. Lo cierto es que los científicos del siglo XVIII no solían hacer las cosas de modo sencillo si había disponible una alternativa complicada. La excusa era poder medir la excentricidad de la Tierra, pero en primer lugar no había tecnología lo suficientemente precisa para medirla y en segundo hacen falta dos medidas en latitudes diferentes. Podían haber empezado por la medida en Francia...

Las cosas empezaron a ir mal prácticamente desde el principio de la expedición. A los pocos días de llegar a Quito tuvieron que salir precipitadamente de la ciudad precediendo a una turba alborotada que pretendía lincharlos. Aun hoy desconocemos el motivo. Y unos días después la expedición se quedó sin médico. Fue asesinado, al parecer por un malentendido por una mujer.

Pero esto no era más que el principio. El tercero de a bordo tras los dos directores se fugó a los pocos meses con una muchacha de trece años y nunca más se supo de él. Tuvieron que atravesar los andes cargados con un pesado equipo científico y muy mal equipados para el frío. Hubo muchas muertes causadas por diversas enfermedades y caídas. El botánico se volvió loco en mitad de la expedición, que además debió ser paralizada durante ocho meses por un problema burocrático. En mitad de la expedición, los miembros españoles que la vigilaban al tratarse de suelo español tuvieron que acudir a sofocar una rebelión, paralizándose de nuevo las tareas.





Al término de la aventura, nueve años después, en 1.744, los directores no se hablaban entre sí y el equipo se había dividido en dos. Pero finalmente no todo fueron fatalidades. Después de nueve años la expedición pudo traerse consigo algunos avances científicos significativos. Se consiguió una medida de un grado de meridiano con la que se definió la unidad de longitud del metro, que se popularizó desde entonces, usándose el sistema métrico de forma universal. Pero para los protagonistas de la expedición, sin duda esta aventura les cambió la vida.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Carl Sagan y el origen de Google

¿Nunca os habéis preguntado por el extraño nombre de Google? Pues aquí Carl Sagan nos explica de donde procede, en un video anterior a la creación del famoso buscador.



Efectivamente, proviene del mayor número con nombre propio. Googol, 10 elevado a 100. Un número realmente gigantesco, más que el número de átomos de todo el universo. Lo cierto es que hay un número con nombre propio aun mayor, aunque éste deriva de googol, el googolplex, un 10 elevado a la googolésima potencia... Si lo escribiéramos sin emplear la notación científica, el papel empleado no cabría en el universo.

Los creadores de la empresa querían así expresar el volumen del material sobre el que se realizaban las búsquedas. El nombre final del buscador no es un juego de palabras, la pequeña modificación en su terminación se debe simplemente a un error ortográfico al crear la empresa. Ya sabéis, eso de deletrear en inglés a veces es algo complicado...

martes, 23 de octubre de 2007

Meme: como ser un blogger y no morir en el intento

Me manda Animal Político un nuevo meme. En esta ocasión se trata de dar algún consejo sobre cómo mejorar tu blog y contar cómo has llegado a esto.

Pues bien, un buen día, leyendo una noticia en elpais.com encontré un comentario de un lector que me indignó. Indicaba su blog, por lo que entré a leerle. Para mi sorpresa tuvimos una conversación respetuosa y empecé a visitar su página regularmente (hoy este blog está abandonado), y a través de ésta conocí diversas bitácoras en las que desde entonces compartimos razonamientos día a día. Pronto descubrí que en casa ajena no se pueden exponer tus pensamientos con total libertad, y, sobre todo, que casi nunca hablan del tema que a ti más te interesa, por lo que finalmente decidí abrir mi propio blog, “a ver que pasaba”. Y aquí estoy desde entonces.

No obstante, llevo aun poco tiempo en la blogosfera y mi blog tampoco es que sea demasiado leído, así que no creo que sea el más indicado para dar consejos sobre cómo conseguir una gran bitácora. Pero bueno, comentaré alguna cosilla que me parece importante para disfrutar con tu blog:

- Libertad de escritura. En mi opinión lo más importante de un blog no son los lectores, sino el autor. Escribe para ti mismo, sobre lo que te inquiete, sobre lo que estés dando vueltas, sobre tus divagaciones diarias. Es un buen ejercicio. Es aconsejable no darle importancia a la temática, escribe sobre lo que te apetezca en cada momento. Si no estás disfrutando con la escritura de una entrada, déjala para otra ocasión.

- Documentación. Para mí es importante documentarme antes de escribir una entrada. Pero no para evitar errores en la exposición del post, sino para aprender. Cada día aprendo algo nuevo en cada una de las entradas que escribo. Llevo muchos años leyendo ávidamente ensayos y revistas sobre ciencia, además de mi formación académica, con lo que la base y las ideas para las entradas científicas ya las tengo. Pero una vez decidida una entrada que a mí me interesa, busco información sobre el tema, para poder exponer mejor la entrada y, sobre todo, para aprender más. Los que me leéis ya sabéis que busco siempre analogías y comparaciones en las entradas científicas para hacer más fácil la comprensión. Las ideas de estas analogías las he ido obteniendo a lo largo de los años de distintas lecturas de ensayos de divulgación, como el que ya comenté de “Una Breve Historia de Casi Todo”, o de un gran número de blogs de temática científica. Luego queda desarrollar la entrada, que es lo más entretenido y satisfactorio.

- Escribe en frío. Aunque en alguna ocasión no me he aplicado el cuento, creo que es mejor dejar reposar un poquito la idea y no publicarla en caliente, sobre todo con temas políticos o de actualidad. Si publicara una entrada justo después de leer El País o Público o escuchar La Ser mi blog sería una batalla diaria, y no quiero eso. Prefiero que sea un lugar de tranquilidad y relax. Para crispación ya están los medios de comunicación, que poco transmiten de la vida real. Aun así, de vez en cuando es sano desahogarse. Hay que encontrar un equilibrio entre la salud mental y la úlcera.

lunes, 22 de octubre de 2007

Kelvin y las leyes de la termodinámica

Se dice de William Thomson, nombre real de Lord Kelvin, que fue una de las mentes más sorprendentemente lúcidas de la historia de la humanidad. Nacido en 1.824 en Belfast, se trasladó unos años después a Glasgow, donde fue admitido en la universidad a la edad de diez años. Con solo 20 años se había licenciado también en Cambridge de forma algo sorprendente, obteniendo los máximos niveles en matemáticas, en remo y fundando una asociación musical en la universidad. Había publicado ya una docena de artículos en inglés y francés sobre matemáticas puras y aplicadas. Publicó dichos artículos de forma anónima por miedo a poner a sus superiores en evidencia, debido a la deslumbrante originalidad de los artículos.

Durante su vida tocó casi todas las ramas de la física, y consiguió la riqueza gracias a 69 patentes que le proporcionaron enormes ingresos. Por ejemplo, fundó las bases de la refrigeración (¿alguien recuerda los kelvinator?) Llevó la lógica a la medida de la temperatura al instaurar una escala absoluta con valores únicamente positivos y grados de amplitud igual a los centígrados, basados en la congelación y ebullición del agua. Ésta escala es, por supuesto, la escala de los grados kelvin. Impulsó con sus inventos la telegrafía intercontinental, la brújula marina o las sondas de exploración marítima. Su gran error fue fijar la edad de la Tierra en entre 20 y 400 millones de años, aceptando finalmente la edad de 24 millones. Pero estamos hablando de una época en la que estaba firmemente aceptado por la comunidad científica que la edad del universo (fijada por físicos y astrónomos) era menor que la de la Tierra (fijada por geólogos y biólogos). Y ninguno daba su brazo a torcer.

Su gran éxito, por supuesto, fue la segunda ley de la termodinámica. P. W. Atkins definió muy bien estas leyes de la termodinámica cuando dijo: “Hay cuatro leyes. La tercera de ellas, la segunda ley, fue la que primero se identificó. La primera, la ley cero, fue la última que se formuló. La primera ley, fue la segunda; la tercera ley podría no ser una ley en el mismo sentido que las otras”. Y en cambio, se trata del conjunto de leyes, para muchos, más elegantes y absolutas de las que haya formulado el hombre. Dennis Overbye las describe irónicamente de la siguiente manera:
1.- No puedes ganar.
2.- No puedes empatar.
3.- No puedes abandonar el juego.

En fin, mucho debemos a este genio del siglo XIX, que cambió para siempre la historia de la ciencia.

viernes, 19 de octubre de 2007

Cita: los micropost

“He redactado esta carta más extensa de lo usual porque carezco de tiempo para escribirla más breve” Blaise Pascal (1623-1661)

Después de la conversación de ayer en el blog de Animal Político, esta entrada está dedicada a Garib, para que no me denuncie a la SGAE y para que vea que apreciamos sus esfuerzos por sintetizar una idea.

La energía de tu cuerpo

Una de las conclusiones de la ley de la relatividad general de Einstein es que todos tenemos energía suficiente en nuestro cuerpo como para reventar toda una ciudad. Para eso y para mucho más, por supuesto.

No hay más que aplicar su famosa ecuación, e=mc^2, donde “c” es la velocidad de la luz, 300 millones de metros por segundo, y “m” la masa. Por tanto, para una persona de 80 kilos obtenemos un valor de 7,2*10^18 julios. Es decir, 7.200.000.000.000.000.000 julios. La energía que desatarían 30 bombas de hidrógeno grandes, las más destructoras que ha creado la humanidad. O energía suficiente como para mandar una nave del tamaño del Titanic a Marte ida y vuelta. Varias veces. Poseemos mucha energía.

El problema es que no sabemos cómo obtenerla. Nos bastaría con reciclar las uñas o el pelo que nos cortamos para saciar todas nuestras necesidades energéticas de por vida. Pero también bastaría con una cucaracha para reducir a cenizas toda una gran ciudad. El método más eficiente que hemos encontrado los humanos para desatar la energía encerrada en la materia es, desgraciadamente, la bomba atómica, cuya eficiencia además no llega al 1%. Y ya conocemos todos la devastación que provoca. Hay mucha, muchísima energía encerrada en la materia.

jueves, 18 de octubre de 2007

El olor de los recuerdos

Es sorprendente lo evocador que resultan los olores. No hay ningún sentido como éste para traernos a la memoria recuerdos entrañables, lugares de nuestra infancia, vivencias enterradas en el tiempo. Quizá lo insustancial de los olores los convierten en más evocadores de nuestros también insustanciales recuerdos.

A menudo vamos por la calle y un determinado olor nos retrotrae a algún lugar olvidado hace tiempo. Decimos cosas como que “huele a Pontevedra”, como si una ciudad poseyera en exclusiva un olor determinado. Pero para nosotros es así, es lo que nuestras vivencias han marcado a fuego por siempre en nuestra conciencia. Así, para uno el romero será siempre el olor de Granada y para otros el de Oviedo.

Hay olores que nos devuelven a nuestra niñez, olores que nos hacen sonreír al recordarnos tiempos felices. Es curioso que el sentido menos desarrollado en el ser humano sea el que tenga más fuerza evocativa, apareciendo en el límite de nuestra conciencia, en los suburbios de nuestra mente, para hacernos revivir momentos lejanos que nos estaban abandonando por siempre. Para mí el olor del mar, ese olor salado, fresco, el olor que te envuelve en cuanto se abren las puertas del tren en Cádiz, hace que instantáneamente me sienta en casa, me acoge entrañablemente, me da la bienvenida a mi tierra. Lo aspiro profundamente para llevar esa sensación a cada rincón, para recordarle que de nuevo estoy en casa. Huele a verde mar, como Galicia me huele al verde del musgo y a la sal de las rocas. Cádiz a arena húmeda y Bayona a piedra oscura golpeada por el mar. Cada uno tiene los suyos, y el olor de la infancia siempre será placentero.

Siempre agradable, pues nos devuelven vivencias que nunca volverán. Nunca volverán pues nunca han podido irse. Son esos sentimientos intangibles, esos insustanciales recuerdos que pueblan nuestra rutina, aparcados en un rincón de la conciencia hasta que despiertan a gritos nuestra humanidad, los que nos hacen como somos. Siempre nos acompañan, con esa melancolía que arrastra el tiempo, pues realmente somos nuestros recuerdos.

martes, 16 de octubre de 2007

El origen del sistema solar

Para que aparezca la vida en un planeta, es necesario en primer lugar que se encuentren los materiales necesarios. Como decía Carl Sagan, “Si quieres hacer un pastel de manzana desde el principio, primero debes crear el Universo”... En una nube interestelar de hidrógeno es imposible que se forme vida. Son necesarios el resto de los elementos químicos. Y para que se formen todos los elementos químicos que nos constituyen, es absolutamente necesario que antes nazca, viva y muera una estrella.

Durante la vida de esa primera estrella se van generando en su interior diferentes elementos químicos a partir del hidrógeno original. Hasta llegar al hierro, último de los elementos generados en el horno de fusión nuclear del centro de una estrella. Una vez llegado a este punto, la estrella colapsará al no poder compensar la enorme fuerza de la gravedad con la energía obtenida de la fusión nuclear. Pero durante la enorme explosión termonuclear que pone fin a la vida de esa estrella ya se dan las condiciones necesarias para la formación de todos los elementos de la tabla periódica. Se forma entonces, tras la supernova, una gigantesca nube de gas interestelar compuesta por hidrógeno, helio y una gran variedad de elementos más pesados. Ya tenemos la materia prima que formará todo el sistema solar, incluida la Tierra y, por supuesto, nosotros. Por ese motivo decía Carl Sagan que somos polvo de estrellas. Literalmente.

Hace unos 4.600 millones de años, estos materiales comenzaron lentamente a agruparse, primero gracias a las fuerzas electrostáticas y luego a la acción de la gravedad. El 99,9% de toda esta gigantesca nube se fue uniendo en un punto central, hasta que la presión en el centro de esta enorme esfera fue tan elevada que los átomos de hidrógeno que había en ella se empezaron a fundir entre ellos creando helio. Y generando cantidades ingentes de energía en forma de luz, calor y radiación. Había nacido el Sol.

El 0,1% de materia restante se fue lentamente condensando en órbita a esta joven estrella para formar los diferentes planetas, asteroides y cometas existentes en nuestro sistema solar. Todo esto sucedió con una rapidez extraordinaria. Se estima que la Tierra se formó en solo unos 200 millones de años, tal vez menos.

Entonces, hace unos 4.400 millones de años tuvo lugar un espectacular suceso astronómico que cambió de repente la faz de la joven Tierra y la dotó de un enorme y cercano satélite: la Luna. Pero de esa historia ya hablaremos en otra ocasión. Por ahora, el sistema solar ya se ha formado.

lunes, 15 de octubre de 2007

Pierre y Marie Curie

Pocas mujeres hay en la historia de la ciencia que hayan destacado tanto como Marie Curie, por lo menos hasta mediados del siglo XX.

Licenciada en física en 1.893 y en matemáticas un año más tarde, se casa con un profesor de física en 1.895, Pierre Curie. Un año antes empiezan a trabajar juntos en el laboratorio sobre unos materiales con unas características muy peculiares. En 1.895 se descubren los rayos X, y en 1.896 la radioactividad natural, lo que anima a Marie a realizar la tesis doctoral sobre los materiales radioactivos.

Descubren dos nuevos elementos, el polonio (bautizado así por el país natal de Marie) y el radio (por su intensa radiación). En 1.902 presentan sus resultados en público, obteniendo fama mundial de modo casi inmediato. Un año más tarde obtienen el premio Nóbel de física junto con Henri Becquerel “en reconocimiento de los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubierta por Henri Becquerel”. Pierre Curie presentaba ya graves síntomas de una excesiva exposición a la radioactividad. Murió antes de que su enfermedad fuera a más, al ser atropellado en la calle por un carruaje de seis toneladas.

Marie Curie continuó sus estudios, obteniendo en 1.911 su segundo premio Nóbel, en esta ocasión de química, por “el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento”.

Curie murió como tenía que morir, de leucemia. La ignorancia sobre los materiales que estudiaba hizo que trabajara con altísimos niveles de radiación sin ningún tipo de protección. Hasta tal punto llegó la radiación a la que se expuso que sus documentos y ropas de las décadas de 1.890 y 1.900, se guardan en la actualidad en cajas de plomo, y quienes los estudian deben ponerse ropa protectora especial, pues son demasiado peligrosos por su nivel de radiactividad. Incluyendo sus objetos personales que ni siquiera entraban en el laboratorio, como sus libros de cocina. Ella emitía ya radiactividad. Durante décadas se pensó que la radiactividad era tan beneficiosa que se incluyó en dentífricos, alimentos, laxantes. Incluso se daban baños de radiactividad para mejorar la salud.

Su muerte llegó en 1.935, un año antes de que su hija, Irène Joliot-Curie, obtuviera también el premio Nóbel de química “por sus trabajos en la síntesis de nuevos elementos radiactivos”. Como no podía ser de otra manera, Irène murió también de leucemia, en 1.956.

jueves, 11 de octubre de 2007

Hallazgo sobre el bipedismo

Estos días se ha producido una noticia que está levantando mucha expectación entre paleontólogos de todo el mundo.

Se han encontrado indicios de la aparición temprana del bipedismo. Hasta ahora estaba bastante aceptada la teoría de que los primeros primates bípedos aparecieron en la sabana africana hace unos seis millones de años. Este nuevo descubrimiento anticipa su aparición 15 millones de años, es decir, hasta hace 21 millones de años.

La polémica surge, una vez más, ante la posición de los medios de comunicación, que ya lo presentan como certeza de un bipedismo temprano en la rama que conduciría al ser humano. Simplemente quería remarcar, a los que leyeran estos días la noticia, que no se trata más que de una hipótesis enormemente criticada por la mayor parte de los expertos, pero que los medios dan ya por verdadera. Los hallazgos hacen casi indiscutible que hace 21.000.000 años existió en la entonces selva africana un mamífero bípedo, pero su relación con el ser humano y el resto de primates es enormemente lejana. La hipótesis más aceptada en estos momentos es que esta especie surgió por una mutación genética, pero que no soportó la presión del entorno y se extinguió sin continuar su línea evolutiva. En el clima de entonces el bipedismo no suponía absolutamente ninguna ventaja adaptativa al entorno, y las líneas evolutivas siguen mostrando una división entre humanos y chimpancés de entre hace 6 y 4 millones de años. Si las conclusiones de este hallazgo fueran las que estamos escuchando estos días, la rama hominoidea nunca habría existido. Y de existir, los chimpancés y otros primates serían bípedos.

Aclaro esta noticia porque me irrita profundamente que los medios de comunicación den por ciertas hipótesis científicas en función de su impacto mediático, no de su aceptación por los realmente expertos en el campo tratado. Yo no soy uno de ellos, pero el espíritu escéptico es esencial en el marco científico, y uno debe informarse antes de dar credibilidad a un descubrimiento y, sobre todo, a sus interpretaciones. Imagino que los medios de comunicación tienen asesores científicos (o así debería ser), aunque a veces uno lo duda. Por poner un ejemplo típico, estoy acostumbrado a que den noticias como “descubierta una galaxia a 13 billones de años luz”, mucho más allá de los límites del universo, por una simple mala traducción entre el billón inglés y el español.

miércoles, 10 de octubre de 2007

La Cruz del Sur

Cuenta una vieja leyenda andina que el ñandú, intentando escapar de los cazadores, cruzó un zigzaguenate río bajo la atenta mirada del viejo y la vieja. Justo en el momento en el que el animal tropezaba con un agujero del camino, cerca de su nido, los dioses, viendo el sufrimiento del ñandú, decidieron inmortalizar la escena y colocarla por siempre en la bóveda celeste. Según este visión, el zigzagueante río sería la Vía Láctea, el ñandú la cruz del sur, el viejo y la vieja corresponderían con la Gran y la Pequeña Nubes de Magallanes, el agujero con la Nebulosa del Saco de Carbón y el nido del ave con las Pléyades (también llamadas Siete Hermanas por otra vieja leyenda...). Una monumental escena de caza inmortalizada por siempre en el cielo austral. Pero hay multitud de leyendas sobre esta composición, una por cada cultura que sorprendida miraba a las estrellas.

La Cruz del Sur siempre ha sido una de las constelaciones más románticas del cielo. Conocida desde tiempos inmemoriales, nunca ha sido fácil de localizar para las civilizaciones occidentales. De hecho la precesión la mantuvo oculta bajo el horizonte boreal durante gran cantidad de siglos, desde tiempos de la Roma Clásica. Su existencia era, en Europa, más leyenda que conocimiento. Escribió Dante de ella, en “La Divina Comedia”, que marcaba el camino desde el Infierno hacia el Purgatorio.

En tiempos de la antigua Grecia o de los faraones egipcios, la precesión aun no había ocultado esta constelación bajo el horizonte, por lo que era conocida, pero como parte de la constelación del Centauro. Con su ocultación por debajo del horizonte desapareció de nuestros ojos y nuestra cultura. Hasta que la expedición de Americo Vespucci a Sudamérica en 1.501 la redescubrió. Pero fue Magallanes, en 1.505, quien la bautizó como la Cruz del Sur. Poniéndolas en referencia con las estrellas del centauro, unió las cuatro grandes estrellas en forma de cruz, creándose así la más pequeña de las 88 constelaciones modernas.

Su característica más importante es que es esencial para localizar el polo sur celeste, y por tanto, para la navegación marítima en todo el hemisferio sur. En el polo sur no hay una estrella notable como sucede con la polar en el norte, por lo que hay que recurrir a esta famosa constelación. Alargando su brazo mayor cuatro veces y media obtienes la posición del polo sur.

Entre los objetos más llamativos de esta pequeña constelación está la estrella alfa crucis una de las más brillantes de nuestro cielo. También destacan la cefeida (un tipo de estrella variable) beta crucis y la estrella doble gamma crucis. Del cielo profundo destaca la nebulosa del Saco de Carbón, una nebulosa oscura en la que el espacio parece haberse tragado las estrellas.

lunes, 8 de octubre de 2007

La probabilidad de vivir

Imaginemos que tenemos en un hangar un nuevo y flamante A380, el avión de pasajeros más grande del mundo. Pero lo tenemos completamente desmontado, pieza a pieza, tornillo a tornillo, cable a cable. Absolutamente todos los componentes más simples desperdigados aleatoriamente por todo el hangar. Un caos.

Ahora imaginemos que sobre el hangar pasa un gran y destructivo huracán de categoría 5 que lo zarandea todo durante unas horas. Al término de la tempestad nos asomamos al hangar y ¡sorpresa! Tenemos nuestro airbus A380 completamente montado, impecable, impoluto, brillante y perfectamente operativo.

Ciertamente es algo muy poco probable, podríamos decir que absolutamente imposible, ¿no? Así es. En cambio, la probabilidad de que eso suceda es mucho, muchísimo mayor que la probabilidad de que yo exista.

La secuencia de acontecimientos que se ha tenido que producir para desembocar en mi existencia es algo descomunal. Los factores que se han tenido que dar, absolutamente incontables. Por poner unos ejemplos... Un único espermatozoide de entre millones y millones tenía que ganar la carrera en el momento oportuno y con el óvulo oportuno. Pero esa misma carrera se tuvo que dar en absolutamente todos mis ascendentes. Y vimos ya en una entrada anterior que son realmente mucha gente... Si en uno solo de esos casos no hubiera ganado el espermatozoide adecuado, solo él, la cadena de la vida se habría desviado y no habría desembocado en mí. Todos mis ascendentes, desde el primer ser vivo que pisó la tierra, han tenido que ser muy afortunados. Todos superaron la niñez y fueron capaces de reproducirse. Todos, a lo largo de miles de millones de años. Esa cadena en ningún momento se rompió. Con millones de individuos. Ninguno tuvo la polio, ni fue devorado por ningún depredador, ni ninguna afección pulmonar, cardiaca o digestiva de importancia. Nada en la dificultad de la vida les impidió a ninguno continuar esa enorme cadena.

Y eso por no entrar en las probabilidades astronómicas, en los acontecimientos que se han tenido que producir en nuestro universo, nuestra galaxia, nuestro sol, nuestro planeta y nuestra luna para que en este diminuto punto aparezca la vida. O incluso para que exista nuestro pequeño punto. La probabilidad de que existamos es realmente pequeña, realmente despreciable, y en cambio aquí estamos. Es cierto que si esa cadena se hubiera desviado, no seríamos nosotros los que nos hiciéramos estas preguntas, pero otros las harían. Pero, en fin, principio antrópico, la imposibilidad ha desembocado en nosotros. En todos nosotros.

viernes, 5 de octubre de 2007

Todo empezó en Panamá

Hace unos pocos millones de años estaban sucediendo dos hechos que cambiaron el destino del mundo. Por un lado, la India, hasta entonces una gran isla en mitad del océano Índico, se incrustaba contra el continente euroasiático, empujando los bordes de ese lento impacto hacia arriba, levantando la cordillera del Himalaya. Esta monumental mole montañosa cambió el clima de todo el planeta, como era de esperar, sumiendo a una buena parte del norte de Asia en un invierno del que todavía no ha salido, al tiempo que le dio al sudeste asiático un clima cálido que propició la expansión posterior del homo erectus.

Pero el hecho más importante para nosotros se produjo hace unos seis millones de años, cuando América del Norte y América del Sur se unieron al elevarse todo el istmo de Panamá sobre el nivel del mar. Desde entonces, los océanos Atlántico y Pacífico han quedado separados. Esto provocó un cambio en el clima de todo el mundo. La desaparición de la corriente cálida producida por el bloqueo continental hizo descender bruscamente las temperaturas de América del Norte. Pero lo más importante para nosotros es que este hecho produjo en África una importante subida de temperaturas y disminución de las lluvias, pasando de tener un clima tropical a que predominara la sabana más o menos actual.

Ante este cambio climático, unos monos que habitaban el valle del Rift no tuvieron más remedio que evolucionar o morir, bajando de los árboles para ir a buscar su sustento en campo abierto. Como imagináis, estos monos, con el paso de las generaciones, se convirtieron en seres humanos. No es que nosotros abandonáramos los árboles, es que los árboles nos abandonaron a nosotros. Si no existiera Panamá, no existiríamos tampoco nosotros. Es un eslabón más en la ingente cadena de acontecimientos que se ha tenido que producir para que estemos ahora mismo leyendo blogs.

jueves, 4 de octubre de 2007

Bip, bip, bip, bip...

El 4 de octubre de 1957, hace hoy 50 años, la humanidad dio su primer tímido paso por escapar de la gravedad terrestre. La URSS ponía por primera vez en la historia un objeto humano en órbita terrestre, el pequeño satélite Sputnik. Lanzado desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán, por entonces república soviética, era una pequeña sonda esférica de 58 centímetros de diámetro y 83,6 kilos de peso. En su interior, relleno de nitrógeno líquido a 1,3 atmósferas, escondía dos radiotransmisores de un vatio de potencia, una sonda de medida de presión, otra de temperatura, un ventilador y tres baterías de plata y zinc. Además poseía cuatro largas antenas con las que transmitía su señal a todo el mundo.

El pequeño satélite orbitaba la tierra a una distancia de entre 938 y 215 kilómetros de altura, pasando en muchas ocasiones sobre los cielos de Europa y de los Estados Unidos. Desde todo el mundo se podía captar su señal con un simple equipo de radioaficionado. Una señal en la que se transmitían codificados los datos de los sensores de la sonda.

Fue un auténtico hito científico, y también propagandístico. «Gran victoria en la competencia mundial contra el capitalismo», titulaba el 'Pravda', mientras que Occidente seguía con la mosca en la oreja aquel rastro de «bip... bip... bip...» emitidos por el ingenio.

El “compañero de viaje”, significado de Sputnik en ruso, dio 1440 vueltas alrededor de la Tierra antes de desintegrarse en su regreso a la atmósfera, el 4 de enero de 1958, después de haber recorrido 70 millones de kilómetros en las proximidades de la Tierra. Pero lo más importante de este satélite es que abrió un camino que aun estamos recorriendo, la exploración del universo. Azuzó la imaginación de toda una generación que estudiaría con entusiasmo los secretos del espacio y que enviaría sondas a la Luna, a Marte, a Venus y casi a cada rincón del sistema solar.

Pero la intencionalidad real de esta temprana carrera espacial no era ni mucho menos científica. Estaba enmarcada dentro de otra carrera, la armamentística. La utilidad futura de los satélites empezaba a ser clara, aunque aun tenían muchos detractores que mantenían que no servían para nada, que no podían mandarse al espacio sistemas complejos. Pero la utilidad armamentística de esa carrera era clave. Para lanzar al espacio esa sonda se empleó el vehículo de lanzamiento R7, un misil balístico intercontinental. Tanto EEUU como la URSS estaban ensayando sus sistemas de misiles, perfeccionando una tecnología aun en pañales, con el fin último y claro de introducir cabezas nucleares en ellos y poder llegar a cualquier rincón del planeta sin salir de su territorio. Como finalmente sucedió. Una vez conseguidos los objetivos mediante los ensayos científicos, los lanzadores se empezaron a fabricar en masa y montar armamento nuclear en ellos.

«Nuestra misión no era crear un cohete para el Sputnik, sino diseñar un misil intercontinental capaz de llevar una carga termonuclear hasta EEUU», explica Chertok, responsable de establecer la conexión electrónica de los cohetes con las cargas nucleares. «Muchos pensábamos que aquella tarea no era seria, que era cosa de románticos y que no era necesario para nadie... Pero los colaboradores más cercanos de Koroliov sabíamos que él soñaba con el Sputnik». Gracias a estos “románticos”, hoy tenemos toda una flota de satélites que nos dan todo tipo de información meteorológica, biológica, de polución, predicción de desastres, seguimientos de incendios, de bancos de peces, de migraciones, seguimiento de la capa de ozono, de la desertización, de la deforestación, de las corrientes y mareas, etc, etc, etc... Además de todos los satélites de telecomunicaciones que nos proporcionan la instantaneidad de la aldea global, la transmisión de noticias desde cualquier lugar del globo, el seguimiento en misiones de rescate marítimo o terrestre, e infinidad de servicios que salvan literalmente miles de vidas cada año. Y todo empezó con este pequeño “compañero de viaje”, del que hoy se cumplen 50 años.

Si queréis escuchar el sonido que conmocionó al mundo, o simplemente saber más sobre este primer satélite artificial, pinchar aquí.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Cuerda a mi reloj

Salgo hacia la plaza. Me cruzo por el camino con decenas de completos desconocidos. ¿Ese no era el de la farmacia? Caramba, parece que fue ayer cuando se jubiló, y ya han pasado diez años. Ya ni existe la finca en la que trabajaba a diario. Me acerco a la plaza. Sigue llena de palomas, como cuando era pequeño y mataba las horas corriendo tras ellas, feliz. Cómo pasa el tiempo, cómo ha cambiado todo. En cambio ahí siguen las palomas, diríase que son las mismas a las que perseguía hace décadas, que siguen ignorando con paso acelerado las carreras de aquel niño, de todos los que han pasado por allí.

Ahí están, junto al banco de siempre. De siempre. No son los mismos, esos bancos han visto pasar a muchos, recuerdan cada momento pasado, cada conversación. Sobre todo recuerdan cada ausencia. Mira, este año somos dos más, a pesar de esas ausencias, dos más que correrán tras las mismas palomas, viendo pasar fugazmente su tiempo sin ser conscientes de que cada segundo que se escapa lo hace por siempre. Los niños siempre serán iguales, aunque pasen mil años. Seguirán jugando a ser mayores, ignorando que nunca jamás dejamos de ser niños.

Decidimos acercarnos a una cafetería atestada, donde nos pedimos unas tapas. Charlamos durante horas. Escucho las conversaciones de mis amigos, las de la mesa de al lado, las de los camareros. Historias de decepciones, alegrías, problemas, tristezas, ilusiones. Cada uno de su vida, su realidad subjetiva. Conversaciones flotando en el ambiente, mecidas por la voz quebrada de Sabina, a la que acompaño con mi tarareo... “no soy yo ni tú ni nadie, son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj”...

martes, 2 de octubre de 2007

Navegación y medida del tiempo

En alta mar no tenemos referencias que indiquen nuestra posición, no tenemos manera de saber dónde nos encontramos. Tenemos que echar mano de métodos diferentes a los empleados en tierra firme, al no disponer de referencias. Para conocer nuestra latitud, no tenemos más que mirar la estrella polar, medir la altura a la que se encuentra sobre el horizonte, y extrapolar así nuestra posición norte-sur en grados. Es un método sencillo y de bastante precisión.

Pero para medir nuestra longitud no nos sirven las estrellas. Entonces, ¿cómo lo hacemos? Los primeros que empezaron a intuir el modo de hacerlo fueron, como no podía ser de otra manera, los marinos. Pronto se dieron cuenta que a medida que se adentraban en el atlántico el sol iba saliendo más tarde, así que idearon un método para medir ese intervalo de tiempo. Tenían que llevar a bordo un reloj que marcara una hora de referencia, la de la costa. Y sabían a la hora a la que tenía que nacer el sol cada día del viaje, mediante sencillas tablas de efemérides astronómicas. A medida que pasaban los días e iban surcando el océano, anotaban la hora a la que salía el sol, y la comparaban con la hora a la que, ese mismo día, salía en España. Y esa diferencia de tiempo indicaba la diferencia de longitud con respecto a las costas españolas. Igual que se podía medir ese tiempo sobre el sol, se podía realizar la medida sobre la posición de una estrella en particular. En este caso, cuanto más alejada esté esa estrella de la polar, más precisa será la medida.

Y necesitaban un reloj lo más preciso posible. Tener a bordo un reloj preciso y fiable podía indicar la diferencia entre ganar o perder una batalla, llegar a la costa de La Española o a la de Florida. La circunferencia de la tierra mide, en el ecuador, unos 40.000Km, repartidos entre los 24 husos horarios. Mediante una sencilla regla de tres podemos ver que eso equivale a una desviación de 463 metros por cada segundo, o a 28Km por cada minuto. Y en esos tiempos no era fácil conseguir un reloj con esa precisión... Así podemos entender mejor porqué después de una travesía del Atlántico una embarcación llegara a Galicia en lugar de a Andalucía. Era fácil perderse sin las referencias de la costa.

Además tenían la dificultad de manejar una cartas náuticas muy rudimentarias, en las que una recta no se correspondía con su trayectoria loxodrómica sobre una esfera. Ni tan siquiera conocían con exactitud las dimensiones de esa esfera. De hecho no se conocieron con exactitud hasta bien entrado el siglo XX.

Por tanto, para conseguir la supremacía marítima, las naciones se embarcaron en una carrera para poseer el reloj más preciso posible. Se destinaron enormes fondos a esa tarea, y muchos científicos dedicaron toda su vida a ello. Aun hoy quedan recuerdos de aquella empresa, pues los mejores laboratorios de medida del tiempo y los relojes atómicos más precisos siguen vinculados a observatorios o institutos marítimos.

A muy grandes rasgos, estas son las bases de la navegación, pero es mucho más complejo de los que pueda parecer. A los datos de observación obtenidos hay que aplicarles correcciones para compensar fenómenos como la refracción atmosférica o el paralaje, para finalizar resolviendo un triángulo esférico mediante tablas trigonométricas. Por supuesto, hoy en día estos métodos han quedado obsoletos gracias a la navegación guiada por satélite, pero todo marino debe seguir familiarizado con ellos para situaciones de fallos en los sistemas de ayuda a la navegación. A pesar de todos los equipos, satélites y tecnología, tenemos que seguir sabiendo mirar las estrellas, pues ellas nunca van a fallar. Los sistemas humanos, sí.

lunes, 1 de octubre de 2007

1,61803398874989484820458...

Vamos a hacer una prueba. Coge tu DNI y mide sus dos lados. El DNI o cualquier tarjeta de crédito. Ahora coge una calculadora y divide el lado más largo entre el lado más corto. Obtendrás un número muy parecido al del título de esta entrada. Lo mismo sucede con multitud de libros, documentos, mesas. Hasta plazas, castillos y murallas se han diseñado siguiendo esta relación. El Partenón y las pirámides la esconden en sus proporciones, al igual que la Mona Lisa, por poner algunos ejemplos famosos.

Este número es especial, aunque no lo parezca. Este número encierra la belleza. Se le conoce como número áureo, proporción áurea, número dorado, razón de oro, proporción divina, o simplemente fi. ¿Qué tiene de especial este número para recibir tantas alabanzas y bendiciones? Empezaremos por definirlo.

Dividimos un segmento de forma que la razón entre la totalidad del segmento y la parte mayor sea igual a la razón entre la parte mayor y la parte menor. Ya tenemos ese mágico número. No parece gran cosa, un uno seguido de una cantidad infinita de cifras. Como cualquier número irracional. Pero este número es conocido desde los antiguos sumerios, fue estudiado por grandes sabios griegos como Fidias o Platón, empleado en el renacimiento por multitud de pintores y escultores.

El astrónomo Johannes Kepler (1571-1630), descubridor de la naturaleza elíptica de las órbitas de los planetas alrededor del Sol, mencionó también la divina proporción: “La geometría tiene dos grandes tesoros: uno es el teorema de Pitágoras; el otro, la división de una línea entre el extremo y su proporcional. El primero lo podemos comparar a una medida de oro; el segundo lo debemos denominar una joya preciosa”. Y, creyente como era dijo: "no cabe duda de que Dios es un gran matemático".


Detrás de este número se encuentra la belleza, la perfección. Vamos a ver algunos ejemplos naturales que esconden en sus proporciones el número aureo:

- La relación entre la cantidad de abejas macho y abejas hembra en un panal.
- La relación entre la distancia entre las espiras del interior espiralado de cualquier caracol.
- La relación entre los lados de un pentágono.
- La disposición de los pétalos de las flores.
- La distribución de las hojas en un tallo .
- La relación entre las nervaduras de las hojas de los árboles .
- La distancia entre las espirales de una piña.
- La relación entre la altura de un ser humano y la altura de su ombligo.
- La relación entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla.

La belleza que percibimos está relacionada con el número áureo. Así, una persona que cumpla las proporciones de fi nos parecerá más atractiva, mejor proporcionada. Y esto influye en la altura, la longitud de las piernas, la separación de los ojos, el tamaño de la cabeza, de los brazos, la forma de los hombros... en definitiva, la belleza. Y nadie como Pacioli describió nunca la belleza que encierra esta proporción:

(...) me parece que el título adecuado para este tratado debe ser Proporción Divina. Esto se debe a que hay un gran número de atributos similares que encontramos en nuestra proporción (todas ellas apropiadas para el mismo Dios) lo cual es objeto de nuestro utilísimo discurso. (...) al igual que Dios no puede ser definido completamente, ni puede entenderse con palabras, de igual manera esta proporción nuestra no puede ser designada por números inteligibles, ni se puede expresar por ninguna cantidad racional, sino que permanece siempre oculto y secreto, y es llamado irracional por los matemáticos.

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