"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

viernes, 9 de octubre de 2009

Gades, Gadir, Cádiz

Como no podía ser de otra manera, inicio mi andadura con la reposición de una de mis entradas favoritas. Ahora pasaré unos días en otra esquina de España, en las rías bajas gallegas. Hasta la semana que viene, que disfrutéis del puente.

Mientras los fenicios ponían la primera piedra de Gades, en la futura Inglaterra unas tribus de la edad de bronce ponían la última piedra de Stonehenge. Pasarían más de mil años antes de que Rómulo y Remo fundaran Roma, la ciudad eterna. Trimilenaria Cádiz, la ciudad más antigua de occidente.

Colonia fenicia en el, entonces, otro extremo de su mundo, con el fin de comerciar con el oro de los tartesios, pobladores del sur de la península, una cultura todavía envuelta en misterio. Llegarían los descendientes de Rómulo y Remo, más de 50 generaciones después, y la rebautizaron como Gadir.

Por tus orillas pasaron Trajano, Amilcar Barca y su hijo Anibal Barca. Bajo el manto romano se convirtió en una urbe del sur, con el mayor teatro de la península, del que solo se conserva una pequeña parte. Entonces completamente rodeada de agua, se convirtió en un punto estratégico para todas las civilizaciones que la han codiciado. Sus mármoles y baños dejaron paso a la argamasa y minaretes árabes, que durante siglos te impregnaron de su cultura. Finalmente unida a tierra firme por una pequeña lengua de tierra, convertida en necrópolis de, hasta ahora, cuatro culturas, y que libra a la península de la desdicha de estar separada de Cádiz.

Cristianizada tras la reconquista, con dos extrañas e imponentes catedrales. Maltratada por corsarios ingleses y derrotada en tus costas de Trafalgar. El oro de las Indias te convirtió en el puerto más importante de Europa y en ciudad famosa por su cultura y letras.

Más recientemente, fuiste cuna de la libertad en España, capital fortuita de los restos que dejaron los franceses, que no llegaron a pisar tus enrevesadas calles. Aquí nació la primera constitución española, de la que pronto se cumplirán 200 años. Cuna de la libertad, cuna de Alberti, Pemán o Falla. Qué difícil es resumir 3500 años de historia, casi 200 generaciones de gaditanos.

Cuna de mis recuerdos, que se entremezclan con tus calles y olores. La Caleta marinera, con sus brazos siempre abiertos a la mar. La Alameda y sus imponentes murallas, con las olas eternamente rompiendo a tus pies. Qué añoranza de tus plazas, Mina, las flores, Catedral, San Juan de Dios o Candelaria. Paseos por Canalejas, por la cuesta de las Calesas, por el barrio de la Viña y la barriada de Santa María. La magia de un atardecer en el campo del Sur, con un cielo malva, grana, sangrante de tu sol moribundo acostándose en tus aguas bravas.

Historias de carnavales, de barbacoas, historias de cargadores subiendo la cuesta Jabonería con el Perdón a hombros. Mañanas en la plaza de España, a la sombra de tus torres y del monumento a nuestra constitución, la Pepa. Tu muelle, que en Cádiz no hay puerto, antaño bosque de sogas, de maromas, de mástiles y velas, hoy torres de cruceros y contenedores. Las Puertas de Tierra, murallas de una ciudad siempre temerosa de sus enemigos, ahora dando la bienvenida a una ciudad acogedora y separando la historia de extramuros, la ciudad nueva, nacida de las cenizas que en 1947 dejó la explosión de los polvorines, explosión que dicen las crónicas se pudo oír en Sevilla, explosión que tiñó, una vez más, tu cielo de la sangre de cientos de gaditanos, en la que sigue siendo una de las mayores tragedias civiles de toda la historia de España. Historia sufrida curada con las sales de tu bahía.

Sufrida sigue siendo la historia de tus hijos, madre, diosa Gades. Miles somos los huidos ante tu incapacidad para alimentarnos. Con todo el dolor y la añoranza de mi lejanía de tu salada claridad, de tu luz voluptuosa. Diosa Gades, madre dolorosa de hijos hambrientos y sedientos de tu abrigo. Te escribo con puñales en mi corazón, como la Pasión, por esa orfandad infinita que me deja tu ausencia cada noche, cada mañana. Mis hijos nunca serán ya tuyos, aunque yo siempre lo seré, hasta que descanse en paz en tus arenas trimilenarias.

2 comentarios:

Viajero del Tiempo dijo...

Releyéndolo,... sencillamente muy bonito, una prosa llena de sentimiento y bordados de poésía.
Pasión Gadita, la que rebosa todo el texto, especialemente en frases como "y que libra a la península de la desdicha de estar separada de Cádiz".
Ya lo decía Machado, "Cádiz, salada claridad", y ya lo expresaba Tárrega con sus "Rumores de la Caleta".
Cádiz tiene algo especial, algo que enamora, algo que engancha.
Cádiz, tacita de plata siempre será, no tanto por el brillo de sus calles como por el brillo de sus gentes.
Te dejo una reseña de J.MªPemán en este enlace , de poca calidad estética, pero que... en fín, resume tu sentir (que comparto) por Cádiz.
Cádiz, siempre Cádiz.

Viajero del Tiempo dijo...

Quíse decir Albéniz y no Tárrega (me da por confundirlos de vez en cuando).

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