"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

martes, 20 de mayo de 2008

Vida, naturaleza y panspermia

La vida no se acaba con el hombre. Con nuestra visión antropocéntrica es difícil darse cuento del lugar que ocupamos en el infinito de la Creación, en ese vasto sembrado de vida que es el universo. La Tierra tiene unos 4.500.000.000 años (¡cuatro mil quinientos millones de años!), y durante casi toda su existencia ha rebosado vida, principalmente en los últimos 500.000.000 años, cuando aparecieron y proliferaron casi todas las ramas de la vida que conocemos. En todo ese tiempo, inconcebible para nuestra mente, han aparecido y desaparecido millones de especies, la mayoría de ellas sin dejar el más mínimo rastro de su paso por la historia de la vida. Se estima que se han extinguido más del 99,999% de las especies que alguna vez han habitado la Tierra. Luego desconocemos la práctica totalidad de la vida en este nuestro planeta. La Tierra ha conocido épocas mucho más extremas para la vida que ésta. Épocas en las que el oxígeno estaba ausente en la atmósfera, épocas con una temperatura media muy superior a la actual, y también épocas en las que era prácticamente una bola de nieve. Y entonces la vida también proliferó.

Ahora el futuro de la vida humana se encuentra amenazado por nuestras propias acciones. Hemos esquilmado los mares, arrasado los bosques, contaminado la atmósfera. Hemos roto ese delicado equilibrio de nuestra era en apenas siglo y medio. Los niveles de plomo en la atmósfera tardarán milenios en volver a los de la época preindustrial. Los niveles de CO y ozono superficial son los más altos de nuestra historia. El CO2 crece a un ritmo por el que en unos siglos llegará al nivel existente en el cretácico, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, una Tierra entonces con una atmósfera mucho más rica en oxígeno. La superficie cubierta por bosques, selvas, o pluviselvas tropicales es un débil reflejo del pasado. No hace mucho leí que hemos asfaltado ya el 1% de la superficie del planeta. Estamos destruyendo nuestro entorno natural a un ritmo desenfrenado.

Pero la vida sobre la Tierra no se encuentra, ni mucho menos, amenazada. Si algo define la vida es su capacidad para adaptarse, su capacidad para expandirse, para cruzar fronteras y saltar barreras. La vida se multiplica y adapta en condiciones que nos parecerían imposibles. No se le pueden poner barreras, pues la hemos visto ya infinidad de veces proliferar en ambientes terriblemente hostiles. La vida se abre camino. Es posible que nuestros desmanes terminen con nuestra existencia como especie, es posible que provoquemos extinciones masivas tan duras como las acaecidas cuando la Tierra era bastante más joven. Pero la vida seguirá floreciendo en esta mota de polvo. La vida nos dejará atrás, pasaremos a formar un capítulo cerrado de la interminable historia de materia mágicamente animada. Nos llevaremos muchas otras especies con nosotros, pero no tenemos capacidad para acabar con la vida. Aunque nos lo propusiéramos, seríamos incapaces de limitarla.

Aparecerán bacterias que se alimenten de los materiales radiactivos que estamos extrayendo y enriqueciendo, aparecerán nuevas plantas que resquebrajarán nuestro asfalto y hormigón, musgos que convertirán nuestras estatuas de cobre en polvo, microorganismos que descompondrán nuestros plásticos, animales adaptados al mundo que dejemos en nuestra ausencia. Formas de vida inimaginables que volverán a cubrir un planeta más cálido que el que habitamos actualmente.

Y la historia de la vida continuará durante miles de millones de años. Se ocultará bajo la superficie a medida que el sol vaya madurando y eleve la temperatura decenas de grados, quizá continúe existiendo cuando nuestra estrella se hinche y expanda, convirtiéndose en una gigante roja. Quizá entonces despedace la Tierra, y esparza nuestras cenizas por el universo, escondiendo en ellas aminoácidos y numerosa materia orgánica que tras cientos de años de viaje regará las estrellas cercanas, sembrará los planetas cercanos con nuestros restos, con las semillas para nuevas formas de vida, que evolucionarán y proliferarán bajo cielos extraños. Quizá así llegó la vida a nuestro planeta, procedente de las estrellas, de las cenizas de paraísos perdidos por siempre bajo la tiránica línea del tiempo. Este universo parece hecho expresamente para la vida, para la vida eterna.

5 comentarios:

Gonover dijo...

Lo cierto es que entiendo más bien poco del tema del cambio climático. Pero también es cierto es que me rechina algo de todo esto: tal y como expones, la Tierra tiene un huevo de edad, y ha habido cambios radicales, eso sí, que se han ido produciendo en siglos de evolución.

Me extraña enormemente que ahora estemos cambiando el clima en "sólo" decenas de años.

¿Es posible? No sé si me explico.

Adivagar dijo...

Bueno, la verdad es que no he hablado de cambio climático, sino de contaminación y deforestación, que son fenómenos diferentes, pero bueno.

En la historia de la Tierra ha habido grandes cambios climáticos, cambios realmente enormes. La Tierra ha sido mucho más cálida que ahora, mucho más fría, ha habido acontecimientos traumáticos que cambiaron el clima de forma radical, como el impacto meteorítico del final del cretácico, o la fisura de la corteza de final del devónico (ojo, son solo teorías). Fueron cambios cataclísmicos que extinguieron millones de especies. El cambio del que se habla ahora es de otro orden de magnitud, mucho más moderado. Pero lo suficientemente importante como para comprometer el futuro de la sociedad actual. No como para provocar lo que provocaron los anteriores, no como para un episodio de extinciones masivas mayores del 50% de las especies. Es decir, es un cambio climático a la escala del hombre, no de la naturaleza. La naturaleza en su conjunto continuará su curso sin ningún problema, pero el hombre sí que puede pasarlo mal. Desde luego, en ningún caso está "en peligro el planeta", como dicen algunos.

Gonover dijo...

No sé si me dejas más tranquilo o no...

Paco Rodríguez dijo...

A lo mejor la evolución de la vida en la tierra, prosigue tras la extinción del ser humano, quizas seamos tan tontos que hasta seremos culpable de nuestra propia inexistencia

mamapi dijo...

Me ha gustado tu reflexion sobre la inmunidad de nuestro planeta a la contaminacion, a las pruebas nucleares, a la desertizacion de los bosques, a la putrefaccion de nuestros mares y rios....Gracias por ello, por darnos un poco de esperanza para nuestros nietos, que no tienen ninguna culpa de nuestros desmanes.
besos

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