"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

lunes, 18 de junio de 2007

Las grandes degradaciones

La historia de la humanidad es una degradación constante. Desde que tenemos conciencia, nos hemos situado en el centro de la creación, como criaturas únicas en un universo creado para nosotros. Pero la realidad es tozuda, y la ciencia, poco a poco, nos ha ido situando en nuestro lugar.

Desde el inicio de los tiempos nos hemos situado en el centro del universo. Era algo evidente, pues todos los astros giraban a nuestro alrededor, y dominábamos a todas las criaturas de la tierra. Sin duda éramos seres especiales, dotados de alma. Ésta visión pitagórica del cosmos fue una verdad casi inamovible durante siglos, a pesar de la evidencias observaciones que la desmentía. Los objetos celestiales eran perfectos e inmutables. Todo lo que en el cielo existía era reflejo de la divinidad. Incomodaban a los observadores hechos como la aparición de nuevas estrellas (novas y supernovas), el paso de cometas (del griego kometes, cabellera) o los movimientos caprichosos de ciertas “estrellas” (planetas, del griego planetes, errante). ¿Cómo era esto posible en la perfección del cielo? Éstos hechos eran simplemente ignorados.

Finalmente la observación metódica de las estrellas hizo evidente que era la tierra la que giraba en torno al sol. Fue nuestra primera degradación. La copernicana. Pero aun éramos especiales. Girábamos en torno al centro del universo, que no podía ser otro que el sol, encarnación física de la divinidad para casi todas las culturas, fuente de vida y calor. Pero la investigación científica seguiría siendo tozuda. Pronto fue evidente que las órbitas de los planetas no eran esféricas. Eran elipses, con el sol situado en uno de los polos. La desazón aumentó, pues era evidente que el círculo era perfecto y la elipse una burda deformación de lo perfecto. Pero, ¿no era perfecta toda la creación?

Aunque parezca absurdo, esa obsesión por la perfección celeste nos persiguió hasta el mismo siglo XX. No cabía en la mente humana que la ciencia estaba dibujando un maravilloso mapa cósmico de una hermosura que jamás imaginaron esos primeros pensadores. Newton dio una de las primeras pinceladas, con unas leyes inmutables y universales, por las que se regían absolutamente todos los cuerpos del universo, planetas, seres humanos, animales y objetos inanimados. Y lo más sorprendente estaría por llegar. El sol no era más que una estrella entre miríadas de ellas. No había nada que la distinguiera de todas las que brillan en el cielo. Nada, más que la cercanía. Vivíamos en torno a un puntito luminoso como muchos otros. ¡Nosotros, los amos de la creación!

Después de las degradaciones que nos desplazaron del centro del universo y destrozaron nuestra visión de un cosmos perfecto e inalterable, llegó el siglo XX, el siglo de la ciencia. Y llegó Einstein. Éste genio es una muestra del poder de la razón y de los prejuicios. Posiblemente fuera el mayor científico de la historia. Cambió nuestra visión del mundo de forma irremediable, muy a pesar suyo. Sus descubrimientos iban en contra de sus creencias en un universo eterno e inmutable. Sus ecuaciones predecían la realidad, que el universo es un lugar vivo, en movimiento, convulso, violento y en evolución. Para evitar esto inventó una constante cosmológica que mantenía al universo en su perfección, inalterable por toda la eternidad. En el que según él, sería el mayor error de su vida. Ni él mismo se libró de sus inquietudes y prejuicios.

A partir de Einstein se continuarían las degradaciones en una cadena que aun hoy continua. Ya ni siquiera el tiempo es absoluto. ¿Pero en qué universo vivimos? ¿Cómo es posible que el tiempo corra de forma diferente para cada observador? ¡La creación es perfección, no relativismo!

Luego descubrimos que había muchos objetos lejanos, situados mucho más allá de los límites de la via láctea, nuestra galaxia. Descubrimos que nuestro universo local no es más que uno entre miles de millones. Sin nada especial. Miles de millones de galaxias, con miles de millones de estrellas, durante miles de millones de años, qué fácil decirlo y que difícil comprenderlo. ¿Existirán también miles de millones de universos?

Un punto sin nada especial. Sin nada especial. ¿Es esto cierto? En absoluto. Si algo nos enseña la ciencia es que las leyes que gobiernan el universo son de una belleza y una perfección absolutas, inimaginables. Estamos descubriendo la eternidad, la inmensidad, conceptos que no caben en el pequeño conjunto de materia que forma una conciencia. ¿Cómo va a comprender una pequeña parte al todo? El misterio y la magia nos acompañarán hasta que el último hombre desaparezca. Seguiremos maravillándonos al contemplar las estrellas, seguiremos palideciendo ante la inimaginable inmensidad del universo y la eternidad del tiempo. Nunca averiguaremos qué estamos haciendo aquí, y generación tras generación, seguiremos preguntándonos qué hay más allá. Mirando a las estrellas posiblemente estemos mirando miles de millones de civilizaciones, que también se preguntarán el fin último de su existencia, del universo, del tiempo, de todo. Quizá encontremos otros seres en nuestro camino, y seguiremos igual de solos preguntándonos qué es la vida, qué es la conciencia, quienes somos y porqué estamos aquí, perdidos en una mota de polvo en mitad de la inmensidad.

Ésa es la magia de las degradaciones. No somos el centro de un universo perfecto, pero formamos parte de algo mucho más hermoso que la perfección. Quizá sea cierto, y finalmente la vida sea el centro de la creación, un imperativo de las leyes físicas de quien creó el universo.

11 comentarios:

animalpolítico dijo...

Preciosa entrada. Y tocas un tema que es también debilidad para mí, aunque yo soy un pobre hombre de letras. Eso sí, la astronomía de los antiguos griegos es un tema que me ha interasado siempre. Y creo que habría que matizar que, ya en la Grecia antigua (Aristarco, pitagóricos) hubo voces que abogaron por la teoría de que era la Tierra la que giraba alrededor del sol.

Aunque se suele decir que Platón, como Sócrates, estaba más interesado en lo que podríamos llamar "filosofía moral", lo cierto es que su interés por la "filosofía natural", la ciencia, aunque la considere algo inferior, es suficiente como para mostrar un profundo conocimiento de los avances de su tiempo, entre los que cabe situar los conocimientos geográficos, tanto en su vertiente astronómica como en la más práctica.
Platón estaba muy interesado en las matemáticas por su predisposición a las abstracciones idealizadas y su alejamiento de todo lo meramente material. De hecho considera esencial para la formación del futuro líder filósofo el trabajo con conceptos astronómicos teóricos por su capacidad de inducción del pensamiento abstracto.
Así, de la división entre geografía teórica y geografía físico-descriptiva podría parecer que Sócrates abogaría por la primera, en el Fedón (99d-e):
"Después de esto, entonces, puesto que había renunciado a investigar lo que existe, decidí que debería tener cuidado de no sufrir la desgracia que acontece a quienes giran la vista al sol y lo observan durante un eclipse. Pues algunos echan a perder sus ojos a no ser que miren su imagen reflejada en agua o algo semejante. Pensé en ese peligro y temí que mi alma quedase ciega si observase las cosas con mis ojos y tratase de comprenderlas con cualquiera de mis sentidos. De modo que pensé que debo recurrir a los razonamientos y examinar en ellos la verdad de las cosas".

Platón, en lo que nos importa hoy, así pues, en línea con una actitud general en su obra, siente menos aprecio por lo que podemos averiguar por nuestros sentidos que por aquello que llegamos a conocer por medio del pensamiento abstracto. Es precisamente esa empresa tan suya de buscar lo perfecto subyacente en lo aparentemente imperfecto la que llevó a su mayor contribución en el campo de la astronomía: llegó a la conclusión de que la principal preocupación de ésta debería ser la explicación de los movimientos aparentemente irregulares de los planetas a partir de alguna combinación de movimientos perfectos, esto es, movimientos circulares . Con ello sentó las bases de una ciencia de la astronomía como algo opuesto a una mera descripción u observación de los cielos.
Todos los astrónomos griegos desde Eudoxo abordaron el problema: se trataba, básicamente (Cohen y Drabkin, A Source Book in Greek Science, Cambridge (Mass.), 1958, p. 98), de combinar varios movimientos circulares uniformes de manera que podamos deducir y predecir los movimientos observados de los planetas, con sus progresiones, retrocesos y reposos. Para tratar de responder a esto surgieron las teorías de las esferas concéntricas (a partir de Eudoxo), la elaboración del sistema de Calipo y la conversión de éste por Aristóteles de una estructura puramente geométrica a una mecánica, la teoría heliocéntrica de Aristarco, y las de los círculos excéntricos y de los epiciclos de Apolonio, Hiparco y Ptolomeo entre otros. En cierto modo, es el problema también que ha intentado resolver la ciencia moderna desde Copérnico, aunque haya habido cambios en las condiciones del problema (por ejemplo desde Kepler se abandona la obligación de que el movimiento sea circular). Un problema que puso por primera vez sobre el tapete Platón para la ciencia occidental, y así, Cohen y Drabkin (98), señalan:
"Without making substantive contributions to astronomy, Plato, by his influence on others, contributed to the development of the mathematical astronomy that was to be one of the crowning achievements of Greek science."

Saludos, Adivagar y enhorabuena por la entrada.

Maripuchi dijo...

Menuda lección de Historia entre los dos.
Enhorabuena a ambos.

Yo soy una aficionada. Miro al cielo siempre que puedo por placer. Me siento pequeña y grande a la vez y ésto me encanta.

Abrazos.

Adivagar dijo...

Efectivamente, animal, en la antigua Grecia alcanzaron un conocimiento del entorno que se perdió durante los siglos posteriores. Era mayoritariamente aceptado entre los sabios que la tierra era redonda, basado en hechos como que en alta mar lo primero que se ve de un barco lejano es la punta de los mástiles o que la sombra que proyecta la tierra en la luna era esférica. Incluso se calculó ingeniosamente el radio de la tierra y la distancia luna-tierra mediante las sombras proyectadas y el arte más genuinamente griego: la trigonometría.
La ciencia tiene su cuna en la filosofía, como todas las ramas del saber, y como tal bebe de fuentes griegas.

Ciertamente Platón era poco empírico, y basaba sus teorías en la razón, pero no era la práctica más común entre los griegos, en general grandes empirístas.

Los modelos astronómicos llegaron a una complejidad realmente sorprendente en su afan por explicar los movimientos de los planetas con órbitas geocéntricas combinando órbitas circulares, como muy bien señalas. Pero eran intentos realmente honorables de explicar la realidad observada. Aun equivocados, dieron grandes pasos para la ciencia, y efectivamente en muchos casos fueron precursores del heliocentrismo. Y sobre todo precursores de una inquietud por el conocimiento.

Posiblemente no se repitieron nunca unas generaciones de sabios con la cabeza tan bien amueblada como ellos...

El tema da para mucho más, y seguro que Dardo podría puntualizar muchas cosas, pero no quería extenderme más en la entrada. Al final todo se toca de puntillas.

Un saludo y enhorabuena por tu magnífico comentario. Veo que cuando hay interés se conoce tan bien la ciencia como las letras...

Adivagar dijo...

Saludos Maripuchi.

Esa sensación de pequeñez y grandeza es la que me metió a mí el gusanillo de la astronomía y la ciencia.

Es otra manera de intentar comprender porqué estamos aquí.

La lástima es que en media España hemos perdido el cielo nocturno. Las estrellas ya es dificil verlas y es una pena. Por cierto, forma parte de la carta de los derechos humanos.

Un abrazo.

Dardo dijo...

Adivagar; nos lo estás poniendo cada vez más difícil. Me parece que te gastas algo de perversa sorna con el título: "Las grandes degradaciones". ¿Cuáles?. ¿Las de nuestros blogs por comparación?.

Si Animal se autocalifica de pobre hombre de letras y luego hace una cita del Fedon oportuna y bella; yo no sé ni como calificarme; muy, pero que muy precario en este debate; pues él es de letras superiores pero yo soy de letras memorizadas (Derecho).

Eso sí. Te quiero señalar algo. Tu visión (cosmovisión) que pulveriza el antropocentrismo es propia del pensamiento científico-natural. Hoy estamos instalados en esta cosmovisión fenomenológica.

Pero la comprensión de la realidad no siempre ha sido así.

Mithos. Metafísica. Ciencia. Esta sería en grosera síntesis la tríada epistemológica.

Lo fenomenológico se reduce a lo aparente. Cree inútil preguntarse por la esencia del ser. El reto (para los que no nos resignamos a estas degradaciones) en nuestro contexto científico-natural es pensar lo impensado; mostrar "otra" orientación.

El ser es la verdad (metafísica). El hecho es la verdad dirían después (renunciamos a explicar el Cosmos). El hombre sólo puede conocer su propia obra. El mismo hombre se contempla asímismo como un hecho (ésta es una de esas degradaciones). Pero tampoco esto vale. Sólo vale lo que se puede repetir en un laboratorio (por eso entra en crisis el historicismo como estudio de los hechos históricos). Sólo vale el hecho científico-natural.

De lo eterno a lo histórico y de lo histórico a lo factible. No venimos del Logos (Dios) hoy somos Dioses (manipulación genética).

Pero quiero hacer un humilde apunte a propósito de las degradaciones. Efectivamente. El hombre, el ser humano, no sólo vive del pan del lo factible. Lo factible no le da "sentido". Y el "sentido" no viene de este tipo de saber. El "sentido" se recibe no se construye. El saber cientítifico-natural no aporta comprensión; sino estupefacción ante la inmensidad de lo real.

La Fe es otra manera de ver la realidad; mi apreciado conservador especial. Situa la hombre en el Centro. Lo digo aun a sabiendas de que es peligroso aventurarse en estos extremos. Pretende dar sentido. El mismo Einsteien como tú muy bien has citado, señaló que "en las leyes de la naturaleza se manifiesta una inteligencia tan superior, que frente a ella lo más significativo del pensar y del ordenar humanos es un destello completamente fútil" (religiosidad cósmica no antropomórfica, claro). Existe una matemática del cosmos; me explico: el carácter de ser pensado que tienen las cosas (diseño).

Lo científico natural no puede aprehender ni lo ético ni lo estético. (¿Hablabas mi querido amigo de degradaciones?). Me dirás que es que este saber renuncia a ello. Pero es indudable que en la matemática del cosmos se aprecia una fantasía creadora inaudita (¡¿?!).

Y todo ello porque puestos a dudar (algo tan científico-natural) yo dudo de todo: porque al experimentar, el observador se implica en el experimento ya que ésta es la única manera de experimentar algo físicamente. No habría así pura objetividad. El resultado y la respuesta dependerían de lo planteado.

En física (corrígeme si me equivoco) creo que se ha definido la estructura de la materia como "paquetes de ondas". Lo que conlleva mucho de "actual". ¿Esto no conllevaría a afirmar que estaríamos ante una falsa y aparente substancialidad puesto que sería el resultado de la estructura móvil de las ondas opuestas?.

Existe otro viaje infinito: el de lo microscópico. También fascinante y sugerente. Pero yo, amigo, me pierdo; no tengo capacidad para seguirte.

Adivagar dijo...

Amigo Dardo, has tocado unos temas apasionantes y los has expresado maravillosamente, yo no podría hacerlo mejor. Me voy a extender bastante, espero que no te moleste.

La ciencia nunca podrá entrar en la existencia de Dios, es algo que se escapa de su objeto de estudio. Nunca tendrá pruebas de su existencia o inexistencia. Muchos elegimos el camino de la ciencia para encontrar respuestas a esas preguntas que nos hacemos todos. Una vez dentro puedes ver en la perfección del cosmos una mano creadora, como hacía Einstein, o pensar que en un universo autocontenido no hay sitio para un creador, como hace Hawking. La clave no está en el conocimiento. Creo que estas degradaciones no nos afectan como ser. Por lo menos si no nos medimos en función de nuestro entorno. La pelea entre ciencia y religión siempre se me ha antojado absurda e irrelevante. Estudian campos diferentes. La inmensidad ante nuestra existencia no implica nuestra insignificancia. Si existe un creador, nos ha regalado un universo apasionante para que crezcamos como especie y como individuos. Surcando los mares descubriendo nuevas costas, o surcando el espacio descubriendo nuevas tierras. Esa inmensidad, en mi opinión, implica la existencia de innumerables mundos repletos de vida, pero eso no nos degrada. Carl Sagan decía que la vida es un imperativo de las leyes físicas (en una cosmovisión realmente hermosa), y que en el universo no había nada más bello y perfecto que la mente. Quizá todo esté regado de conciencia, y ésta es lo más valioso que esconde. Puede que sea un regalo de Dios o que éste no quepa, pero reconozco que no concibo la inexistencia de un principio para la existencia de todo lo que es.

Tu frase: “Lo científico natural no puede aprehender ni lo ético ni lo estético. (¿Hablabas mi querido amigo de degradaciones?). Me dirás que es que este saber renuncia a ello. Pero es indudable que en la matemática del cosmos se aprecia una fantasía creadora inaudita (¡¿?!)” la suscribo letra a letra, es realmente una gran cita para meditar.

Dudar de todo es uno de los principios de la ciencia, el escepticismo. Y efectivamente también se duda de los experimentos. Medir un parámetro físico implica siempre (sin excepción) interferir en lo medido. Pondré un ejemplo de lo más sencillo. Un termómetro sirve para medir la temperatura. Pero según la segunda ley de la termodinámica, al contacto con la piel empezarán a igualarse las temperaturas de ambos cuerpos, de manera que el mercurio (y el resto del termómetro) aumentará su temperatura y la piel la disminuirá, hasta alcanzar el equilibrio. Además el mercurio, al expandirse, absorbe energía, que toma de la propia piel. Para medir la temperatura hemos modificado esa misma temperatura. Esos mecanismos, que en este ejemplo son despreciables, a nivel cuántico son esenciales por la propia escala de lo medido. ¿Cómo medimos un electrón? Básicamente, no podemos medir nada de una escala inferior a la longitud de onda del impulso con el que lo medimos. Pero al disminuir la longitud de onda aumentamos la energía, con lo que alteramos más lo medido... Ese conocimiento se nos escapa, está detrás de un velo infranqueable, equivalente a la velocidad de la luz en lo macroscópico.

Has dado con una de las inquietudes científicas clave, la substancialidad, la esencia última de la materia. Cuanto más indagamos en ella, más aparente resulta curiosamente su insubstancialidad. La materia aparenta no existir, no ser más que una “condensación de la energía” interpretada por nuestros sentidos. Toda la materia está hueca, tanto el macrouniverso como el microuniverso parecen carecer de materialidad tangible.

Efectivamente, existe ese otro viaje infinito hacia lo microscópico, o casi diría picoscópico. Y también hay inquietudes existenciales escondidas en el entramado del espacio-tiempo. Ni más ni menos que el libre albedrío. La ciencia siempre ha sido determinista, pero en la física cuántica se encuentra con la probabilística, con la dualidad onda-corpúsculo y con el principio de incertidumbre. Se diría que las partículas primordiales (si es que existen) tienen voluntad. Lo apuntaré en la lista de futuras entradas, porque es un tema apasionante.

Dardo dijo...

Mi estimado Adivagar;"mi" frase no es "mía". Tengo que serte honrado. Es una cita casi literal (aunque comentada) de un teólogo controvertido pero muy profundo: Joseph Ratzinger, el actual Benedicto XVI.

Yo, amigo, no soy capaz de esas alturas. He utilizado su verbo profundo para que se haga más fácil lo que pienso.

Adivagar dijo...

Dardo, has demostrado ser capaz de grandes alturas. Realmente con Joseph Ratzinger se te compara con uno de los grandes pensadores actuales, un hombre absolutamente brillante. Sus disertaciones sobre el relativismo moral deberían estar en la mesilla de noche de mucha gente.
Injustamente denostado por sus enemigos, me parece uno de los grandes teólogos de la actualidad, un hombre íntegro y una mente preclara.

Adivagar dijo...

Por cierto, este comentario es una petición de auxilio a la blogosfera en general. Estoy intentando enlazar un video de youtube en mi blog y no lo consigo. Al editar la entrada pincho en edición HTML e introduzco el vínculo, pero no me funciona. ¡Ayuda, por favor!

garib dijo...

Si pegas el código que encontrarás a la derecha de la página del vídeo con el título "embed" tal cual en el modo "edición html", debería poder verse el vídeo directamente desde tu blog.

Si sólo quieres el enlace, no entres a "edición html", desde "redactar" escribe el texto que quieres que tenga el enlace, selecciónalo y pulsa el botón "vínculo", te saldrá un diálogo donde puedes incluir la URL del vídeo. La dirección quedará ligada al texto que seleccionaste.

Adivagar dijo...

Gracias por la ayuda, Garib. He hecho una prueba (un post de quita y pon)y ya sale bien.

Seguramente hoy lo estrene y ponga algo de carnavales, que hace falta un poquito de humor en la vida.

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