"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

lunes, 30 de julio de 2007

Lectura: “Una Breve Historia de Casi Todo”

Os presento hoy un libro que tiene fama de ser una auténtica joya de la divulgación científica. Llevo unos pocos días leyéndolo, pero solo por la introducción ya merece la pena comprarlo y perderse entre sus hojas y reflexiones. Me voy a tomar la libertad de dejaros aquí algunos párrafos, para ver si os entra el gusanillo y alguien más se engancha, porque son reflexiones realmente fascinantes. El autor, Bill Bryson, es economista, y se acercó a la ciencia por motivos periodísticos. Se expresa maravillosamente bien. El texto que os dejo es un poco largo, pero merece la pena leerlo.

Bienvenido. Y felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees.

En primer lugar, para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, trillones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos muchos años —tenemos esa esperanza—, estas pequeñas partículas participarán sin queja en todos los miles de millones de habilidosas tareas cooperativas necesarias para mantenerte intacto y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.

Por qué se tomaron esta molestia los átomos es todo un enigma. Ser tú no es una experiencia gratificante a nivel atómico. Pese a toda su devota atención, tus átomos no se preocupan en realidad por ti, de hecho ni siquiera saben que estás ahí. Ni siquiera saben que ellos están ahí. Son, después de todo, partículas ciegas, que además no están vivas. (Resulta un tanto fascinante pensar que si tú mismo te fueses deshaciendo con unas pinzas, átomo a átomo, lo que producirías sería un montón de fino polvo atómico, nada del cual habría estado nunca vivo pero todo él habría sido en otro tiempo tú.) Sin embargo, por la razón que sea, durante el periodo de tu existencia, tus átomos responderán a un único impulso riguroso: que tú sigas siendo tú.

De todos modos, debes alegrarte de que suceda. Hablando en términos generales, no es así en el universo, por lo que sabemos. Se trata de algo decididamente raro porque, los átomos que tan generosa y amablemente se agrupan para formar cosas vivas en la Tierra, son exactamente los mismos átomos que se niegan a hacerlo en otras partes. Pese a lo que pueda pasar en otras esferas, en el mundo de la química la vida es fantásticamente prosaica: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, un poco de calcio, una pizca de azufre, un leve espolvoreo de otros elementos muy corrientes (nada que no pudieses encontrar en cualquier farmacia normal), y eso es todo lo que hace falta. Lo único especial de los átomos que te componen es que te componen. Ése es, por supuesto, el milagro de la vida. (...)




Hagan o no los átomos vida en otros rincones del universo, hacen muchas otras cosas: nada menos que todo lo demás. Sin ellos, no habría agua ni aire ni rocas ni estrellas y planetas, ni nubes gaseosas lejanas ni nebulosas giratorias ni ninguna de todas las demás cosas que hacen el universo tan agradablemente material. Los átomos son tan numerosos y necesarios que pasamos con facilidad por alto el hecho de que, en realidad, no tienen por qué existir. No hay ninguna ley que exija que el universo se llene de pequeñas partículas de materia o que produzcan luz, gravedad y las otras propiedades de las que depende la existencia. En verdad, no necesita ser un universo. Durante mucho tiempo no lo fue. No había átomos ni universo para que flotaran en él. No había nada..., absolutamente nada en ningún sitio. (...)

No sólo has sido tan afortunado como para estar vinculado desde tiempo inmemorial a una línea evolutiva selecta, sino que has sido también muy afortunado —digamos que milagrosamente— en cuanto a tus ancestros personales. Considera que, durante 3.800 millones de años, un periodo de tiempo que nos lleva más allá del nacimiento de las montañas, los ríos y los mares de la Tierra, cada uno de tus antepasados por ambas ramas ha sido lo suficientemente atractivo para hallar una pareja, ha estado lo suficientemente sano para reproducirse y le han bendecido el destino y las circunstancias lo suficiente como para vivir el tiempo necesario para hacerlo. Ninguno de tus respectivos antepasados pereció aplastado, devorado, ahogado, de hambre, atascado, ni fue herido prematuramente ni desviado de otro modo de su objetivo vital: entregar una pequeña carga de material genético a la pareja adecuada en el momento oportuno para perpetuar la única secuencia posible de combinaciones hereditarias, que pudiese desembocar casual, asombrosa y demasiado brevemente en ti.

3 comentarios:

Scout Finch dijo...

Tengo ese libro pendiente en la estantería desde hace unos meses. No lo he cogido antes porque no es de bolsillo y pesa un montón para llevarlo todos los días en el bolso camino del trabajo, pero en cuanto empiece las vacaciones (¡este viernes es mi último día!) seguramente me ponga con él. Ya te contaré.

Un beso.

Adivagar dijo...

Caramba, scout, parece que coincidimos bastante con las lecturas, porque el primer libro que recomendé, Amalur, también te lo habías leído.

De este libro todavía he leído poco, pero la verdad es que me está encantando, me parece que el autor tiene una facilidad pasmosa para explicar la ciencia, a pesar de no ser científico. O quizá sea precisamente por eso. Por cierto, hay una versión de bolsillo mucho más manejable, pero no tiene las ilustraciones de la edición "ladrillo", que también están muy bien.

Un saludo.

Sigurd dijo...

Estimado Adivagar, veo que continua con su labor divulgativa (¿no para ni en verano? :)). Ciertamente son temas más amables que lo que nos toca vivir en otros ámbitos.

De este autor leí, hace tiempo, un par de sus libros sobre viajes, ciertamente graciosos, sobre todo cuando habla de su familia (si no recuerdo mal es americano pero vive en Inglaterra y su esposa es inglesa, lo que da mucho juego respecto a la diferencias de "carácter" y culturales entre el uno y el otro).

Tomo nota de la recomendación.

Un cordial saludo.

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