"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

jueves, 6 de septiembre de 2007

El lugar donde reside la mente

Nuestro cuerpo se regenera a una velocidad realmente sorprendente. Ya no somos quienes nacimos. Cada uno de los átomos que nos componen están con nosotros un tiempo determinado, pero nunca toda la vida. Hasta las neuronas, que no se regeneran y permanecen constantes a lo largo de nuestra existencia no creándose ninguna nueva desde el momento en el que nacemos, sí que renuevan el material del que están compuestas. Incluso el calcio de nuestros huesos se renueva constantemente. Diversos estudios concluyen que nuestro cuerpo regenera la práctica totalidad de sus átomos, de su materia, cada 7 ó 10 años. Esto quiere decir que ya no nos queda un solo gramo de la materia que nos formaba cuando éramos niños, y que la materia que nos forma ahora, cada músculo, cada gota de sangre, el corazón o los ojos, no es la misma que tendremos cuando lleguemos a la vejez.

En cambio tenemos la intuición de que somos la misma conciencia desde que, precisamente, tenemos conciencia. Entonces, si la mente no reside exactamente en la materia que nos compone, podríamos pensar que reside en una determinada estructura de la materia, sin importan qué átomo exacto la compone.

Si pudiéramos realizar una copia exacta de nosotros, recreándonos completamente átomo a átomo, molécula a molécula, una reproducción exacta hasta el último de los detalles, el último de nuestros átomos, la última de nuestras conexiones neuronales, nos encontraríamos con un nuevo ser humano. Con una nueva conciencia. Evidentemente no seríamos nosotros, sería una copia de nosotros, sería una conciencia diferente y diferenciada de nosotros, una nueva mente. Luego podemos concluir que la mente no reside en la estructura de la materia que nos compone. Tampoco puede residir en una combinación de ambas, pues se renueva a cada instante, tanto la materia como su organización. Pero la conciencia permanece, o esa impresión nos queda.

Entonces, si la mente, si la conciencia, no reside ni en la materia ni en la estructura, ¿dónde demonios está? ¿cómo somos conscientes de nuestra propia existencia? Claro que es difícil localizar algo que no somos capaces de definir satisfactoriamente. Nuestra conciencia puede ser un enorme algoritmo que necesita una entidad física para correr, pero no es la entidad física en sí. Somos mente, conciencia, alma. Somos capaces de conocer el interior de las estrellas pero no de definir nuestra existencia más íntima. Nuestra intuición nos dice qué es la vida pero nuestra inteligencia apenas es capaz de definirla. Que ligera y breve mente individual, la materia, el polvo, adquiriendo conciencia y preguntándose qué soy, qué somos, qué es todo este extraño y contingente mundo que nos rodea. Al fin y al cabo, no tiene porqué ser, pero es.

13 comentarios:

nonpraevalebunt dijo...

Descartes:"¡Ya está bien! Tengo una intuición y nada más: Yo pienso, yo existo...y punto. Además Dios tiene que existir ¿porqué? Porque sí".
Me he tomado esta la licencia de las comillas pero creo que, en el fondo, es lo que decía. El hombre ensoberbecido sólo y exclusivamente en la razón y/o experiencia al final está ciego.

Enhorabuena por al entrada. Es genial.

Adivagar dijo...

Gracias, nonpraevaebunt.

La verdad es que a la única conclusión a la que podemos llegar es esa: "yo pienso, yo existo... y punto". Pero el fin último, la causa última, de la existencia de todo el universo, nosotros y todo lo que nos rodea, de la infinidad del tiempo y del espacio, de la existencia de unas leyes físicas universales, eternas e inmutables, es algo que jamás llegaremos a comprender por ningún medio, ni la razón, ni la experiencia, ni el empirismo.

Nunca llegaremos a ese fin, por lo menos en vida.

nonpraevalebunt dijo...

¿Y la Fe?
Según Santo Tomás hay dos medios de conocimiento complementarios entre sí que son la razón y la fe.

Adivagar dijo...

La fe no me ayuda a entender las leyes físicas, ni la distancia a la que está la galaxia más lejana, ni la edad del universo. Yo quiero conocer el universo que me rodea, sus leyes, su pasado, su futuro, su funcionamiento.

La fe puede ayudar en cuestiones como porqué estamos aquí, pero no la responderá dentro de las leyes físicas.

Maripuchi dijo...

Lo de la fé ... es algo muyyyyy chungo de explicárselo al que no la tiene...

Adamantio dijo...

Me ha gustado tu cientificista blog. La verdad es que siendo una persona extremadamente racionalista y ateo... la ciencia siempre me ha llamado la atención, aunque sea un negado para la Física jeje

Gran blog. Saludos

Adivagar dijo...

Maripuchi, efectivamente la fe es algo muy dificil de explicar, yo diría que imposible, por lo que en ese terreno nunca quiero meterme y me quedo en el campo de la ciencia.

Adamantio, gracias por tu comentario. Nadie es negado para la ciencia, tendemos e asimilarla bien empleando simplemente el sentido común, al menos a un nivel más o menos básico. Lo que faltan son profesores o divulgadores que enseñen la ciencia de forma correcta, amena e interesante, como los blogs de "malaciencia" o "fisica en la ciencia ficcion".

Un saludo!

nonpraevalebunt dijo...

El problema planteado en esta entrada es el de la causalidad y finalidad. Es un problema tratado por los filosofos desde Tales de Mileto. El problema es el mismo de siempre. Nos preguntamos lo mismo que en el siglo VI.
Por otro lado estamos hablando del problema del conocimiento, incluido la finalidad y la causalidad, no sólo de ciencia física.
Estos filósofos clásicos dan sus respuestas y son perfectamente compatibles con la filosofía agustiniana o tomista.
Cuando el hombre se enrosca en sólo y exclusivamente lo que puede experimentar y deducir de lo conocido por la experiencia, le da la espalda al conocimiento que va más allá de la física (metafísica). En fin, habría mucho que decir.

Sigurd dijo...

Estimado Adivagar, ha empezado el curso con temas de lo más interesantes. ¿Ha leído algo de Pinker o de Punset? ¿Qué opinión le merecen estos estudiosos del cerebro?

Un cordial saludo.

Adivagar dijo...

Nonpraevalebunt, efectivamente nos dejamos mucho en el tintero si nos guiamos únicamente por la razón o por la física, pero es que las limitaciones de la mente humana están ahí. Yo no puedo saber qué hay más allá de la muerte, la causa de la existencia del universo y de nuestras vidas.

Es algo que se escapa completamente a nuestra comprensión y nunca les vamoa a dar respuestas. Y la fe siempre va a estar cubierta por un manto de incertidumbre imposible de traspasar. Podemos divagar sobre la metafísica, pero nunca podremos demostrar nada. Sí podemos creer que sabemos algo, como el significado de nuestro paso por aquí, el fin último de la vida, pero se quedará siempre en una intuición, no en una certeza.

Sigurd, he leido algo de Punset, y tengo un libro suyo, "La mente está en el cerebro" en la cola de libros por leer. Pero antes le toca el turno a "Jesús de Nazaret" de Benedicto XVI y "Optimismo vital" de Bernabé Tierno.

nonpraevalebunt dijo...

¿y Aristóteles y compañía?

Adivagar dijo...

Hombre, Aristóteles fue el padre de la investigación científica, pero en una época en la que el bagaje de conocimientos era aun muy escaso.

De todos modos para Aristóteles (que era un empirista neto) solo existía el mundo material, renegó del mundo de las Ideas de su maestro. De todos modos en su época no física y metafísica casi no se diferenciaban, ni ciencia de supersticiones.

nonpraevalebunt dijo...

Según Aristóteles hay un Acto Puro, perfecto, primer motor inmóvil que ha de ser Dios, es decir, un ser eterno, inmóvil y sin potencia.
Aristóteles no se cerraba a lo exclusivamente empírico. ¿Porqué tenemos que despreciar la metafísica?

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