"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

miércoles, 3 de octubre de 2007

Cuerda a mi reloj

Salgo hacia la plaza. Me cruzo por el camino con decenas de completos desconocidos. ¿Ese no era el de la farmacia? Caramba, parece que fue ayer cuando se jubiló, y ya han pasado diez años. Ya ni existe la finca en la que trabajaba a diario. Me acerco a la plaza. Sigue llena de palomas, como cuando era pequeño y mataba las horas corriendo tras ellas, feliz. Cómo pasa el tiempo, cómo ha cambiado todo. En cambio ahí siguen las palomas, diríase que son las mismas a las que perseguía hace décadas, que siguen ignorando con paso acelerado las carreras de aquel niño, de todos los que han pasado por allí.

Ahí están, junto al banco de siempre. De siempre. No son los mismos, esos bancos han visto pasar a muchos, recuerdan cada momento pasado, cada conversación. Sobre todo recuerdan cada ausencia. Mira, este año somos dos más, a pesar de esas ausencias, dos más que correrán tras las mismas palomas, viendo pasar fugazmente su tiempo sin ser conscientes de que cada segundo que se escapa lo hace por siempre. Los niños siempre serán iguales, aunque pasen mil años. Seguirán jugando a ser mayores, ignorando que nunca jamás dejamos de ser niños.

Decidimos acercarnos a una cafetería atestada, donde nos pedimos unas tapas. Charlamos durante horas. Escucho las conversaciones de mis amigos, las de la mesa de al lado, las de los camareros. Historias de decepciones, alegrías, problemas, tristezas, ilusiones. Cada uno de su vida, su realidad subjetiva. Conversaciones flotando en el ambiente, mecidas por la voz quebrada de Sabina, a la que acompaño con mi tarareo... “no soy yo ni tú ni nadie, son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj”...

5 comentarios:

Scout Finch dijo...

¡Qué bonito y que evocador! El tiempo pasa demasiado deprisa...

Besos.

Maripuchi dijo...

El tiempo pasa deprisa y cuando le "cedes" tu juventud a tus hijos, la máquina va ya sin control...

Martha Colmenares dijo...

Grato visitarte, con ganas de venir más a menudo, pero desde hace días cada vez se pone más lento el Internet que ahora está en manos del gorila. Abrir cada página es estarse una hora y el relojito dando y dando vueltas. Esto y entre cada cosa que pasa, ya uno vive enfurecido. ¡Que Karma! Es este hombre.
Un abrazo, Martha Colmenares
Que bueno haber leído tu post.

Ana dijo...

Me alegro de haber tenido hoy hueco para leerte.
Divagación poética ... muy propia de ti.

Las palomas de la plaza del Rey, supongo...


Besos

PD: ¿Para cuando una reflexión sobre la mente humana?

Adivagar dijo...

El tiempo pasa y a veces no nos damos ni cuenta. Y sí, son las palomas de la Plaza del Rey, por lo menos para mí, pero podrían ser las de cualquier rincón del mundo. Para otros serán las de la Plaza de España de Cádiz, supongo.

Lo de la reflexión sobre la mente humana puede dar para muchas entradas, quizá ponga una cuando me lea el libro de Punset... Besos.

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