"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

lunes, 8 de octubre de 2007

La probabilidad de vivir

Imaginemos que tenemos en un hangar un nuevo y flamante A380, el avión de pasajeros más grande del mundo. Pero lo tenemos completamente desmontado, pieza a pieza, tornillo a tornillo, cable a cable. Absolutamente todos los componentes más simples desperdigados aleatoriamente por todo el hangar. Un caos.

Ahora imaginemos que sobre el hangar pasa un gran y destructivo huracán de categoría 5 que lo zarandea todo durante unas horas. Al término de la tempestad nos asomamos al hangar y ¡sorpresa! Tenemos nuestro airbus A380 completamente montado, impecable, impoluto, brillante y perfectamente operativo.

Ciertamente es algo muy poco probable, podríamos decir que absolutamente imposible, ¿no? Así es. En cambio, la probabilidad de que eso suceda es mucho, muchísimo mayor que la probabilidad de que yo exista.

La secuencia de acontecimientos que se ha tenido que producir para desembocar en mi existencia es algo descomunal. Los factores que se han tenido que dar, absolutamente incontables. Por poner unos ejemplos... Un único espermatozoide de entre millones y millones tenía que ganar la carrera en el momento oportuno y con el óvulo oportuno. Pero esa misma carrera se tuvo que dar en absolutamente todos mis ascendentes. Y vimos ya en una entrada anterior que son realmente mucha gente... Si en uno solo de esos casos no hubiera ganado el espermatozoide adecuado, solo él, la cadena de la vida se habría desviado y no habría desembocado en mí. Todos mis ascendentes, desde el primer ser vivo que pisó la tierra, han tenido que ser muy afortunados. Todos superaron la niñez y fueron capaces de reproducirse. Todos, a lo largo de miles de millones de años. Esa cadena en ningún momento se rompió. Con millones de individuos. Ninguno tuvo la polio, ni fue devorado por ningún depredador, ni ninguna afección pulmonar, cardiaca o digestiva de importancia. Nada en la dificultad de la vida les impidió a ninguno continuar esa enorme cadena.

Y eso por no entrar en las probabilidades astronómicas, en los acontecimientos que se han tenido que producir en nuestro universo, nuestra galaxia, nuestro sol, nuestro planeta y nuestra luna para que en este diminuto punto aparezca la vida. O incluso para que exista nuestro pequeño punto. La probabilidad de que existamos es realmente pequeña, realmente despreciable, y en cambio aquí estamos. Es cierto que si esa cadena se hubiera desviado, no seríamos nosotros los que nos hiciéramos estas preguntas, pero otros las harían. Pero, en fin, principio antrópico, la imposibilidad ha desembocado en nosotros. En todos nosotros.

4 comentarios:

animalpolítico dijo...

La preciosa vida humana. Cada una de ellas.

Escribes que es un gusto.

Dardo dijo...

Lo mismo digo. Y además nos introduces en pensar lo impensable. Algo en el fondo más propio del quehacer teológico.

Butzer dijo...

Hay que ver lo afortunado que soy y yo sin saberlo...

Adivagar dijo...

Animal, Dardo, gracias por los halagos. Viniendo de vosotros es realmente un enorme cumplido, sabiendo lo bien que os expresáis ambos en vuestros blogs.

Butzer, somos mucho más afortunados de lo que imaginamos. Es tan inconcebible que miles de millones de átomos se hayan unido para formar una conciencia, mi conciencia, que racionalmente es difícil aceptar que esa ínfima posibilidad se haya producido.

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