"Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo." Arthur C. Clarke

martes, 2 de octubre de 2007

Navegación y medida del tiempo

En alta mar no tenemos referencias que indiquen nuestra posición, no tenemos manera de saber dónde nos encontramos. Tenemos que echar mano de métodos diferentes a los empleados en tierra firme, al no disponer de referencias. Para conocer nuestra latitud, no tenemos más que mirar la estrella polar, medir la altura a la que se encuentra sobre el horizonte, y extrapolar así nuestra posición norte-sur en grados. Es un método sencillo y de bastante precisión.

Pero para medir nuestra longitud no nos sirven las estrellas. Entonces, ¿cómo lo hacemos? Los primeros que empezaron a intuir el modo de hacerlo fueron, como no podía ser de otra manera, los marinos. Pronto se dieron cuenta que a medida que se adentraban en el atlántico el sol iba saliendo más tarde, así que idearon un método para medir ese intervalo de tiempo. Tenían que llevar a bordo un reloj que marcara una hora de referencia, la de la costa. Y sabían a la hora a la que tenía que nacer el sol cada día del viaje, mediante sencillas tablas de efemérides astronómicas. A medida que pasaban los días e iban surcando el océano, anotaban la hora a la que salía el sol, y la comparaban con la hora a la que, ese mismo día, salía en España. Y esa diferencia de tiempo indicaba la diferencia de longitud con respecto a las costas españolas. Igual que se podía medir ese tiempo sobre el sol, se podía realizar la medida sobre la posición de una estrella en particular. En este caso, cuanto más alejada esté esa estrella de la polar, más precisa será la medida.

Y necesitaban un reloj lo más preciso posible. Tener a bordo un reloj preciso y fiable podía indicar la diferencia entre ganar o perder una batalla, llegar a la costa de La Española o a la de Florida. La circunferencia de la tierra mide, en el ecuador, unos 40.000Km, repartidos entre los 24 husos horarios. Mediante una sencilla regla de tres podemos ver que eso equivale a una desviación de 463 metros por cada segundo, o a 28Km por cada minuto. Y en esos tiempos no era fácil conseguir un reloj con esa precisión... Así podemos entender mejor porqué después de una travesía del Atlántico una embarcación llegara a Galicia en lugar de a Andalucía. Era fácil perderse sin las referencias de la costa.

Además tenían la dificultad de manejar una cartas náuticas muy rudimentarias, en las que una recta no se correspondía con su trayectoria loxodrómica sobre una esfera. Ni tan siquiera conocían con exactitud las dimensiones de esa esfera. De hecho no se conocieron con exactitud hasta bien entrado el siglo XX.

Por tanto, para conseguir la supremacía marítima, las naciones se embarcaron en una carrera para poseer el reloj más preciso posible. Se destinaron enormes fondos a esa tarea, y muchos científicos dedicaron toda su vida a ello. Aun hoy quedan recuerdos de aquella empresa, pues los mejores laboratorios de medida del tiempo y los relojes atómicos más precisos siguen vinculados a observatorios o institutos marítimos.

A muy grandes rasgos, estas son las bases de la navegación, pero es mucho más complejo de los que pueda parecer. A los datos de observación obtenidos hay que aplicarles correcciones para compensar fenómenos como la refracción atmosférica o el paralaje, para finalizar resolviendo un triángulo esférico mediante tablas trigonométricas. Por supuesto, hoy en día estos métodos han quedado obsoletos gracias a la navegación guiada por satélite, pero todo marino debe seguir familiarizado con ellos para situaciones de fallos en los sistemas de ayuda a la navegación. A pesar de todos los equipos, satélites y tecnología, tenemos que seguir sabiendo mirar las estrellas, pues ellas nunca van a fallar. Los sistemas humanos, sí.

6 comentarios:

El Cerrajero dijo...

¿Y a nuestros políticos? ¿qué les damos para que se orienten?

Butzer dijo...

Realmente, en esos tiempos debería ser muy difícil orientarse...Y más cuando se pensaba que "al otro lado" había un gran vacio y monstruos por doquier...
Saludos.

Alberto Esteban dijo...

Me hace gracia tu conclusión, porque es totalmente verdad. Lo mismo pasa en medicina. Mucho avanzan las tecnologías pero la base de todo, gracias a Dios, sigue siendo la entrevista con el enfermo y la exploración.

Saludos

Dardo dijo...

Tú mira las estrellas; y yo miraré este blog. Hace tiempo que te dije que eres nuestro Pontifex científico.

nonpraevalebunt dijo...

Muy bueno cerrajero

Anónimo dijo...

No deja de maravillarme el viaje en altamar, como dijo un buen amigo mío:" la necesidad es la madre del ingenio", Pues que así sea, mientras más obsoleto, más útil.

Gracias por la información.

Cristóbal Alexei Villarroel Carrasco, Temuco, Chile

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